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El Tiburón del Gran Lago: 5 Secretos del Depredador que Desafió la Biología en Nicaragua


De Dioses a Monstruos: La Evolución del Mito del Tiburón de Nicaragua

Existe una regla biológica no escrita que nos brinda una profunda sensación de seguridad: la salinidad como muro de contención. En nuestra psique, los grandes depredadores marinos pertenecen exclusivamente al abismo oceánico. Mientras estemos tierra adentro, rodeados por el calor húmedo de la selva y las aguas mansas de un río, nos sentimos fuera de su jurisdicción. Esta barrera química ha sido, históricamente, el consuelo definitivo para nuestra especie.

Sin embargo, imagine que se encuentra flotando en el Lago Cocibolca, el Gran Lago de Nicaragua. El sol tropical calienta la superficie y el agua dulce acaricia su piel. De pronto, el silencio se rompe cuando una aleta dorsal, rígida y amenazante, corta el espejo de agua a escasos metros de usted. No es una alucinación ni un error de perspectiva; es el protagonista de una odisea evolutiva que ha transformado este paraíso tropical en el escenario de uno de los misterios naturales más fascinantes del planeta.

La Historia de Minguito en Managua: El Secreto de la Estatuilla que venció a un General


 

El general de madera y el santo de 12 centímetros: Cómo el fervor popular derrocó al poder oficial en Managua

1. Introducción: El insólito caso del General de Madera

Imagina que estamos en el año 1893. En una Managua convulsa, un presidente toma una decisión que desafía toda lógica institucional: ordena confeccionar un uniforme militar a medida. Pero no es para un héroe de guerra ni para un aliado político; es para una estatua de madera. El presidente José Santos Zelaya, tras su victoria en la Revolución Liberal, mandó a vestir a la imagen de Santiago Apóstol con casaca, botas, galones y una espada de General Supremo.

Esta escena, digna del realismo mágico, escondía un conflicto de identidad profundo. Por un lado, el "General de Madera", un imponente guerrero a caballo respaldado por el decreto real de 1819 y la artillería del Estado; por otro, "Minguito", una estatuilla rústica de apenas 12 centímetros hallada en el barro de las afueras. ¿Cómo es que un trozo diminuto de madera logró derrotar al guerrero armado que tenía todo el peso del Gobierno detrás? La respuesta no está en los cuarteles, sino en los laberintos del fervor popular.

El día que los españoles buscaron oro en la Boca del Infierno

 


El "Mar Dulce" y el Cacique Filósofo: Revelaciones Olvidadas de la Conquista de Nicaragua

1. El mapa que no existía

Para los exploradores españoles del siglo XVI, el horizonte no era una línea geográfica, sino un velo que ocultaba las tierras fabulosas del Gran Khan. Al zarpar de Andalucía, hombres como Cristóbal Colón no buscaban un nuevo continente, sino los ecos de Cipango y las especias de las Indias. Navegaban guiados por una cosmografía ptolemaica y una fe ciega en la astrología de posiciones planetarias para explicar el voluble temperamento de vientos y corrientes. Sin embargo, al tocar las costas de lo que hoy es Nicaragua, se toparon con una realidad que desafiaba sus mapas y su lógica.

Como Santo Domingo destronó a Santiago como santo patrono de Managua


¿Cómo un santo de 12 centímetros destronó a un general real? La fascinante evolución del patronazgo en Managua

1. El misterio del trono vacío

Managua vive una paradoja única en su geografía espiritual. Aunque un decreto real de 1819 otorgó el patronazgo oficial a Santiago Apóstol, la capital entera se paraliza cada agosto por una figura "extraoficial". Se trata de una pequeña imagen de madera de apenas 12 centímetros que ha logrado lo que ningún ejército pudo: desplazar al patrón de las élites.

Este fenómeno no es producto del azar, sino de una compleja red de tensiones políticas, conveniencias económicas y desastres fortuitos. El cambio de lealtad de una ciudad entera plantea una pregunta fascinante para la sociología urbana. ¿Cómo logró una diminuta estatuilla de madera desplazar al imponente y militarizado Santiago Apóstol del corazón de los managuas?

2. El "CEO" vs. el Líder del Pueblo: Un choque de identidades

El contraste entre ambas figuras es abismal desde su iconografía y propósito original. Santiago Apóstol se presentaba como un general español: montado a caballo, empuñando una espada y una cruz, en una postura de conquista y orden jerárquico. Esta imagen, diseñada para proyectar autoridad e intimidación, resonaba con las élites coloniales pero se sentía distante para la mayoría trabajadora.

Guardabarranco vs Torogoz: ¿Por qué esta ave prefiere morir antes que perder su libertad?

El contenido del video es una excelente pieza documental y cultural que contrasta la biología y el simbolismo del Guardabarranco (Nicaragua) y el Torogoz (El Salvador). https://www.youtube.com/watch?v=u9E07zAYMF8


Del Péndulo a la Libertad: 5 Secretos Fascinantes del Ave que Define a Dos Naciones

El Espejo de Plumas

Los seres humanos poseemos una tendencia innata a trazar fronteras y mapas, intentando domesticar el mundo a través de líneas imaginarias. Sin embargo, la naturaleza es ajena a la cartografía; ella utiliza su propia lógica, una que a menudo nos obliga a mirarnos en un espejo de plumas para entender quiénes somos. Un caso excepcional de este fenómeno es el de la especie Eumomota superciliosa.

Imaginemos por un momento a este pequeño habitante de la selva centroamericana: posee el tamaño del puño de un adulto y un peso de apenas 65 gramos —lo mismo que una batería tamaño D—. Su plumaje es una explosión cromática que desafía la discreción: un verde oliváceo intenso en el cuerpo que estalla en un tono rufo (canela brillante) en el abdomen, coronado por un rostro que parece pintado por un artista. Lleva una franja turquesa luminosa sobre los ojos, como una ceja eléctrica, que complementa un "antifaz de superhéroe" negro. Esta joya biológica ha logrado lo que pocos diplomáticos consiguen: ser el ave nacional de dos naciones, Nicaragua y El Salvador, representando valores que nacen de su propia biología pero que se ramifican en identidades culturales distintas.

Nicaragua: El Mosaico Infinito de su Identidad Nacional

 


La Resistencia de los Dioses Enmascarados: El Código Oculto en el ADN de Nicaragua

1. El Rompecabezas de la Nación

¿Qué es lo que define realmente la esencia de un pueblo? ¿Son sus raíces milenarias, los objetos que importa del extranjero o la fe que confiesa en sus templos? La identidad no es una pieza monolítica, sino un palimpsesto vivo: un rompecabezas de una complejidad fascinante donde la historia, el comercio y las creencias colisionan para fusionarse en formas inesperadas. Nicaragua emerge como un caso de estudio donde este mosaico de influencias revela que la cultura es, ante todo, un acto de resistencia y negociación constante.

2. El Mapa que Habla en Lenguas Olvidadas

Nuestra geografía suele funcionar como un registro de ADN cultural que se niega a ser borrado. En el mapa nicaragüense, esta herencia palpita con una vigencia asombrosa: de las 16 cabeceras departamentales, 11 conservan sus nombres originales derivados de lenguas ancestrales, como Managua, Matagalpa o Estelí. Este no es un simple dato estadístico, sino un eco del pasado que habita el presente; una prueba de que la raíz indígena está grabada en la tierra misma, hablando un idioma que el tiempo no ha logrado silenciar.

3. El "Caballo de Troya" Espiritual: Dioses bajo la Máscara

Frente a la imposición religiosa colonial, los pueblos originarios ejecutaron una maniobra de supervivencia intelectualmente brillante: el sincretismo. No borraron a sus dioses; los camuflaron bajo la iconografía católica. El dios perro Sholotl, adorado originalmente en las costas del lago que hoy llamamos Managua, encontró su refugio perfecto en la figura de Santo Domingo de Guzmán. El perro que acompaña al santo en las festividades no es un adorno, sino la representación viva de la deidad antigua operando a plena vista.

Del mismo modo, San Jerónimo se convirtió en el envoltorio sagrado de Cuacoatl, la diosa de los remedios. Esta jugada astuta permitió que los "monumentos vivos" de la fe ancestral caminaran entre la gente bajo otros nombres, asegurando una continuidad espiritual que las instituciones coloniales nunca lograron desmantelar del todo.

"La deidad antigua sigue ahí caminando entre la gente, nada más que con otro nombre. Los mitos y las fiestas no son curiosidades, son monumentos vivos que demuestran cómo una cultura encuentra siempre la forma de resistir."

4. La Gran Fractura: Cuando el Estatus se Importaba en Barco

A finales del siglo XIX, la identidad nacional sufrió un quiebre provocado por el consumo y la clase social. La élite nicaragüense, en su afán de modernidad, ejerció un "rechazo activo" hacia sus propias raíces, tildándolas de "atrasadas". Como observó el viajero francés Pablo Levi en 1870, las clases altas preferían importar muebles, telas y diseños de París, buscando en el espejo europeo una distinción que los alejara del resto de la población.

Mientras las élites representaban una identidad ajena, los sectores populares se refugiaron en la comida criolla y los productos de la tierra. La identidad se partió en dos: una Nicaragua que miraba al mar esperando el próximo barco con novedades de lujo, y otra que se aferraba a la tortilla y el maíz como último bastión de lo propio. El consumo no buscaba unir, sino marcar una distancia insalvable.

5. La Revolución Silenciosa: De la Institución a la Conciencia Individual

Tras décadas de intentar importar identidades, Nicaragua vive hoy una transformación espiritual interna sin precedentes. El peso de las instituciones ha cedido ante una vivencia de la fe mucho más personal y atomizada.

  • 1991: El 90% de la población se identificaba como católica.
  • 2019: La cifra se desplomó al 44.3%, marcando una de las transiciones más rápidas de la región.
  • Contradicción Doctrinaria: El 90% de los nicaragüenses, sin importar su credo, aprueba el uso de anticonceptivos.
  • Práctica Formal: Apenas el 10% de los católicos actuales participa en ritos centrales como la confesión o la comunión.

Lo fascinante es que, pese a este declive institucional, las fiestas patronales siguen siendo masivas. Esto revela una verdad profunda: la religiosidad popular ha trascendido la doctrina para convertirse en un pilar de identidad cultural. La gente puede cambiar de iglesia, pero no renuncia a los símbolos que la definen como colectivo.

6. El ADN en la Mesa y en el Habla Cotidiana

La herencia ancestral no está encerrada en vitrinas de museos; late en la cotidianidad más elemental de la calle:

  • Gastronomía: El maíz, el cacao, la yuca y los frijoles siguen siendo la base de la vida. Platos como el Nacatamal son, literalmente, historia saboreada.
  • Lenguaje: El habla diaria está impregnada de nahuatlismos. Palabras como chilillo, pepenar o mecate son puentes lingüísticos con el pasado.
  • Leyendas: El Cadejo, el perro mítico que cuida o asusta, es un eco directo de la creencia azteca en los perros como guías de las almas hacia el más allá. Es el folklore protegiendo una cosmogonía milenaria.

7. Conclusión: Una Historia que se sigue Escribiendo

La identidad nicaragüense es el resultado de una negociación fluida entre tres estratos: la resistencia ancestral, la aspiración extranjera de sus élites y la moderna soberanía de la conciencia individual. No es una estructura estática, sino un diálogo tenso y vibrante entre la tradición y la globalización.

Al observar nuestras propias costumbres, cabe preguntarnos: ¿Qué dioses ocultos o qué actos de resistencia silenciosa se esconden hoy detrás de nuestras propias tradiciones locales? Quizás, como en Nicaragua, la historia secreta de quiénes somos esté esperando a ser descifrada bajo el disfraz de lo cotidiano.

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5 Verdades Sorprendentes Sobre los Reinos Olvidados de Centroamérica

Más Allá de los Aztecas y los Mayas

Cuando pensamos en las grandes civilizaciones de la América precolombina, nuestra mente viaja casi de inmediato a los imponentes templos mayas, a la vastedad del imperio inca o a la mítica Tenochtitlan de los aztecas. Sin embargo, entre estos colosos de la historia, existió un "mundo perdido" de reinos complejos, una encrucijada de culturas que floreció en el territorio que hoy ocupan Nicaragua y Costa Rica. Esta región, conocida por los arqueólogos como la Gran Nicoya, fue el hogar de sociedades fascinantes que desafían las narrativas históricas tradicionales. ¿Qué verdades sorprendentes nos revela la arqueología sobre estas culturas que permanecieron casi invisibles durante siglos?

1. Un oráculo vivía dentro de un volcán en erupción

En el corazón de la Gran Nicoya, el imponente volcán Masaya no era solo una maravilla geológica, sino el hogar de una poderosa entidad divina. Las crónicas relatan que los pueblos de la región creían que en las entrañas del volcán habitaba una anciana, una especie de oráculo a quien consultaban los caciques y sacerdotes antes de tomar decisiones cruciales sobre la guerra o para conocer el futuro.
Para apaciguar su furia durante terremotos o tormentas, le ofrecían sacrificios. Según los cronistas, estas ofrendas incluían a veces niños y doncellas, arrojados a la lava para calmar a la deidad. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo recogió una vívida descripción de esta pitonisa volcánica directamente del cacique de Lenderi:
(...) arrugada, é las tetas hasta el ombligo, y el cabello poco é alçado háçia arriba, é los dientres luengos y agudos, como perro, é la color más oscura é negra que los indios, é los ojos hundidos y ençendidos (..)
Esta creencia no era una simple superstición, sino la manifestación de una profunda conexión espiritual con las fuerzas de la naturaleza. Para estas culturas, las montañas que escupían fuego no eran un desastre, sino un canal de comunicación directo con lo divino.


2. El dinero crecía literalmente en los árboles (y sí, también lo falsificaban)

CON SANDINO EN NICARAGUA LA HORA DE LA PAZ

Prólogo

Por grandes que sean las acciones que atribuyamos a los héroes que ha tenido la Historia, si pudiéramos desplazar los resultados prácticos de su vida, de su propia personalidad, nos quedarían por siempre con el hombre, con su carácter, con la lección de su propia humanidad.

Y es que al juzgar al héroe, no lo hacemos desde un punto utilitario, sino bajo los reflejos ele una luz moral, de un sentido dramático, cal contemplar las fuerzas puestas en juego por el personaje para luchar contra el vendaval de un destino adverso. Lo que admiramos más bien no es el éxito; sino la fuerza de la voluntad y del esfuerzo, la magnitud de un espíritu. Importa al hombre, más que la realidad de las ventajas obtenidas, mantener su fe en el mismo manantial espiritual de la vida, en la personalidad, en sus móviles, su idealismo, su capacidad de desinterés y de abnegación. Contra la vulgaridad y el materialismo de la vida corriente, contra el soplo del escepticismo que quiere ver el egoísmo y el sentido práctico en todas las acciones humanas, la vida y los ideales del gran hombre serán fuente eterna de inspiración humana, como una lección de idealismo y cono un consuelo contra la pequeñez cotidiana. El gran hombre nos hace saltar por encima de la frase mefistofélica: “No es el hombre digno de inmortalidad”, y tener fe en los destinos humanos. Por eso la eficacia de los resultados prácticos es secundaria. Con todo el éxito de sus conquistas, Napoleón no pasará de ser un vulgar aventurero cuya obra se desmorona como un castillo de naipes. En cambio, Guillermo Teil, Daoiz, Velarde, Morales, De Valera, Abd-el-Krim o Sandino quedarán en la Humanidad como símbolos del espíritu indómito de libertad y como un ejemplo de grandeza moral.

No cabe duda que si los americanos, en cualquier forma, hubiesen querido aplastar a Sandino, lo hubieran hecho en poco tiempo. Si en vez de los quince mil hombres que enviaron a Nicaragua hubieran desembarcado cincuenta o cien mil y unos cuantos cientos de aeroplanos, los rebeldes no hubieran podido resistir sino muy pocos meses. Sandino hubiera perecido y la fuerza bruta hubiera triunfado inmediatamente. Pero el gesto inmortal del guerrillero hubiera quedado, lanzando sus destellos sobre un futuro más propicio, y esto es lo que no hubiera podido anular la fuerza de los invasores. Con eso contaba Sandino.

Hoy, sin embargo, y aun pesando la táctica oportunista del imperialismo, la fuerza evocadora y la enseñanza del héroe nicaragüense no es menor que si hubiera sucumbido a la presión arrolladora de la máquina militar de aquel país. La grandeza de Sandino está, más que en los resultados, en su actitud; más que en sus éxitos de guerrillero, en su elevación moral. El caudillo se ha levantado solo, en un pueblo cuya clase política estaba moralmente degradada y donde un pueblo escéptico se disponía a sobrellevar con resignación el collar de sus dominadores. Sandino sabía perfectamente, al iniciar su rebelión, que no podía triunfar, que el éxito era imposible, que fatalmente tenía que perecer, y, sin embargo, inicia su lucha en la forma novelesca que se cuenta en estas páginas, poniendo su mira no en el poder de sus armas, sino en la fuerza de su ejemplo y de su sacrificio, en su fe en el triunfo lejano de la justicia.

Y cuida pinta tan bien, con perfiles tan puros, el carácter de Sandino como las siguientes líneas que, desde su campamento de El Chipote, dirige a un amigo; líneas que merecían aparecer, en todas las escuelas hispanoamericanas, cono un ejemplo magnífico del espíritu de libertad:

«Puede usted estar seguro —decía el caudillo— de que no depondré mi actitud hasta que no arroje de mi patria a los invasores... Mi aspiración es rechazar con dignidad y altivez toda imposición en mi país de los asesinos de los pueblos débiles... Nicaragua no debe ser patrimonio de imperialistas y traidores, y por ello lucharé mientras palpite mi corazón... Y si por azar del destino perdiera todo mi ejército, en mi arsenal de municiones conservo cien kilos de dinamita, que encenderé con mis propias manos. Sandino morirá sin permitir que manos criminales de traidores e invasores profanen sus despojos. Y sólo Dios omnipotente y los patriotas de corazón sabrán juzgar mi obra.»




Hacía mucho tiempo que el autor de estas páginas trató de ir al campamento de Sandino con el objeto de ver de cerca los motivos que inspiraron a este adalid de la libertad, poniéndome al efecto en comunicación con su representante. Pero los meses pasaban y no recibía las cartas necesarias para entrar en el abrupto refugio del caudillo.

Más tarde, un extraño y desgraciado incidente retrasó aún más mi viaje. Con motivo de una fiesta en una ciudad mexicana, en que nacionales y españoles convivíamos, como de costumbre, con la más grande familiaridad, un papelucho de escándalo lanzó una mísera calumnia, esparciendo la especie de haberse pronunciado frases ofensivas contra el país. Y la ridícula falsedad hubiera quedado en seguida patente sin la felonía de dos o tres españoles, de los de arriba, que, ausentes o ajenos a la ciudad y llevados de un odio malsano, dieron, sin embargo, pábulo a tal creencia.

Los hechos quedaron aclarados, pero pasaron unos meses, y el que esto suscribe había perdido un tiempo precioso. En viaje ya hacia Nicaragua, se iniciaban entretanto las negociaciones de paz. Todavía, sin embargo, cuando llegué al campamento, el aparato militar continuaba, y pude ver y tratar a Sandino en el mismo escenario de sus luchas, apreciando, en momentos en que muchos obstáculos se oponían a la paz y la Guardia Nacional atacaba a las columnas sandinistas, su espíritu elevado de patriota, decidido a no convertir la guerra de la libertad en una guerra civil.

Estas líneas tienden a reflejar lo que ha sido la guerra nicaragüense y, sobre todo, a dar a conocer la personalidad de Sandino, el hombre que, sin temperamento de guerrero nato, enemigo de la guerra por la guerra y apreciando sinceramente al pueblo americano, ha levantado su bandera contra todo el poder del imperialismo yanqui.

Las misas en latín y otras anécdotas de cuaresma

Las Misas en latín 

Hace mucho tiempo, yo chavala, alcancé la misa en latín. El Padre oficiaba de espaldas a la feligresía. Las Fiestas de Guardar eran de estricto cumplimiento así como los domingos y las fiestas patronales celebradas en cada ciudad. Era pecado faltar a esas misas. Estas fiestas eran verdaderas fiestas, por ejemplo en Diriamba el santo patrono era San Sebastián, ese templo se llenaba de luces con candelas encendidas pagándole promesa al santo por un favor recibido. La mayoría de mis vecinos cumplían con ese precepto de guardar las fiestas, respetado religiosamente. Para ese día se “paqueteaba” uno. Era costumbre ponerse lo mejorcito del ropero, esa costumbre de elegantearse el domingo, aún se conserva en el campo aunque no exista misa porque no tienen padre asignado. 

En mi familia era “de cajón” la misa pagada por mi Mamacita el día de nuestro cumpleaños para agradecerle a Dios por un año más de vida de nosotras, era de ineludible cumplimiento. Ese era el primer regalo que recibíamos las dos. Otra misa era la de los primeros viernes de cada mes. Era muy piadosa, eso si nunca fui “Hija de María”. 

Primera Comunión

Me gustaba enseñar el catecismo, todo el vecindario, cuando tenían un niño pendiente de dar su primera comunión me buscaba para enseñarle el catecismo. Esto se hacía en la iglesia de Jalteva. Ahí se les enseñaba toda la ceremonia desde el papel del ángel que acompañaba al que daba la Primera Comunión, todo para que el acto saliera perfecto. Las personas invitadas esperaban el cortejo que salía de la iglesia y caminando por la media calle llegaban a la casa, donde había desayuno para todo el mundo y piñata para los niños. Así se celebraba la Primera Comunión.

Se me olvidaba mencionar que desde la noche anterior no se tomaba ni agua. La lavada de los dientes era un asunto de estado, se tenía que escupir y escupir hasta que no quedara nada. Había que estar en ayunas totalmente, por eso los desmayos de la chavalada eran a cada rato durante la misa. Yo fui testigo y víctima de esa medida tan terrible.

La Confesión

I

Se usaba confesarse “de quita quiero pasar”. No solo porque está mandado, como deber cristiano, una vez al año por lo menos en tiempo de Cuaresma. También porque todo era pecado. Yo misma practicaba esa costumbre. Los confesionarios eran preciosos de pura madera labrada haciendo juego con el altar. El Padre designado para tal fin tenía su horario que cumplía religiosamente. La fila para confesarse era en su mayoría de señoras “pías”, alguna que otra “hija de María”, que muy modosita esperaba rezando entre dientes, ¿qué rezaba? Nadie sabía. Los hombres se confesaban frente a frente al Padre, hablándole bajito, murmuraban en la oreja del sacerdote. Era raro que hubiera fila para confesarse. Esa era más o menos la mecánica de la confesión.

II

Una persona muy especial para mí, era asidua a confesarse a cada rato, cada vez que podía hacerlo, porque todo era pecado, si se hablaba mal de alguien se santiguaba pidiendo perdón, aunque no fuera ella la del cuento. Suspiraba, me imagino aliviada porque ya tenía algo nuevo que confesar la siguiente vez. Divisó de largo sentado en el confesionario a su confesor (se me olvidaba contar, cada señora tenía a un confesor) como quien dice, alguien que le guiaba, le orientaba en algunos casos de conciencia. La amiga quería “reconciliarse” con Dios confesarse a propósito de esa tarde. 

La Ruta del Tránsito a través de Nicaragua

CAPITULO 1

Primeros viajes a través del Istmo

Los primeros argonautas

"¡oro, oro, oro, en el Río Americano!" tronaba la voz de Sam Brannan que a fines de Mayo de 1848 corría hacia la plaza de San Francisco. Circulaban ese tipo de rumores desde cierto día de Marzo en que el periódico California publicó una gacetilla diciendo que un hombre había encontrado un montón de oro en las inmediaciones del aserradero de un tal Sutter. La noticia no había podido convencer a los escépticos pobladores, pero la duda se disipó de sus mentes cuando Sam Brannan, tenido como uno de los principales comerciantes, irrumpió en la plaza con su negro sombrero aludo en una mano y un frasco de rutilantes granos en la otra. Una fiebre de excitación inundó San Francisco mientras los hombres se apresuraban a dejar todos sus asuntos domésticos en orden. Ni burlas ni discusiones pudieron impedir su salida. Dejaron desierta la ciudad al escuchar el reclamo del oro en el Río Americano.

Al otro lado del continente el New York Herald publicó la noticia tres meses después, pero eso no sacó de su escepticismo a la mayoría de la gente del Este. No fue sino hasta cuando el famoso tarro de ostras lleno de oro en polvo del Teniente Loeser llegó a la Secretaría de Guerra, y cuando el Presidente Polk confirmó el hallazgo en su mensaje al Congreso del 5 de Diciembre, que el delirio se apoderó del país. Su anuncio puso en marcha los días de la fiebre del oro en 1849, y hacia el Oeste se desplazó entonces un gran torrente humano.

Desde que en 1846 se solucionó la cuestión de los límites de Oregón con Gran Bretaña, el interés de los americanos por el Oeste subió de punto. En su mensaje al Congreso en Agosto de 1846 el presidente hablaba de la necesidad de establecer más estrechas relaciones con Oregón y el resto del país. En Abril de 1847 el Congreso otorgó a la compañía de vapores United States Mail Steamship Company un contrato para llevar la correspondencia desde los estados de la costa atlántica estadounidense a California pasando por el istmo centroamericano. En Noviembre de ese mismo año el Congreso hizo arreglos análogos en la costa del Pacífico con la Pacific Mail Steamship Company. Estos contratos no estipulaban nada referente al servicio de pasajeros entre las costas del Este y del Oeste de Estados Unidos.

El California, primero de los vapores de la Pacific Mail, salió de Nueva York el 6 de Octubre de 1848 para ir a tomar su puesto en la compañía naviera del Pacífico y hacer la travesía de Panamá a Oregón. Cuando zarpó no llevaba a bordo a ningún buscador de oro, ya que los americanos de los estados del Atlántico seguían incrédulos. Pero en Diciembre, al llegar el Teniente Loeser al puerto de El Callao, en Perú, una multitud enloquecida por lo que él había contado del hallazgo de oro sorprendió al capitán del barco. Este tomó inmediatamente a bordo a setenta y cinco pasajeros y siguió rumbo a Panamá.

Entre tanto, el vapor Falcon, de la United States Mail Steamship Company, había salido de Nueva York el 1 de Diciembre de 1848 para Chagres (hoy Colón) cuatro días después del mensaje del presidente. Cuando llegó a Nueva Orleans llevaba a bordo a más de doscientos alucinados cazadores de fortuna; el Falcon llegó a Colón el 26 de Diciembre de aquel año. Gran desconsuelo de los viajeros fue el no encontrar allí muelle; muchos se tiraron al agua y llegaron a la orilla al nado, en tanto que otros desembarcaron montados sobre los hombros de robustos mocetones del país. Conocido ya como uno de los más insalubres lugares de la cristiandad, Colón era un poblacho de unos treinta ranchitos inmundos. Ei hecho de que la póliza de seguro de vida de los pasajeros estipulara que la permanencia de una sola noche en Colón entrañaba la cancelación de su seguro, es prueba evidente de cuán malsano y peligroso era ese remoto lugar para la vida de los viajeros.

En Colón tomaban un bongo sobre el río Chagres al pueblo de Gorgona, de donde continuaban a lomo de mula hasta Panamá, veintiocho millas adelante. De tres a siete días les llevaba remontar el río a punta de pértiga manejada por panameños. Antes de que salieran de Colón, cierto hotelero enseñó a unos conocidos suyos un frasco con cuatro onzas de oro en polvo. A la vista de aquello arreció el entusiasmo en todos y corrieron a conseguir bongos haciendo subir el precio del transporte hasta $60 dólares; en Gorgona se encontraron con que no había mulas para todos. En su desilusión y derrota algunos abandonaron su equipaje o lo dejaron a cargo de agentes que en la barahunda de esos días se lo dieron por perdido; los que no pudieron conseguir mulas siguieron a pie hasta Panamá.

Llegó el 5 de Enero sin que el California arribara. Muchos se impacientaron, y no queriendo esperar más se embarcaron en decrépitos veleros, y aún en bongos, ansiosos por llegar a los lavaderos de oro. El 17 de Enero de 1849 cuando el California entró al fin a Panamá, cinco barcos más habían desembarcado pasajeros en Colón, por lo cual tuvieron que quedarse allí más de mil quinientos argonautas sedientos de oro y deseosos de cruzar el istmo cuanto antes. El pequeño vapor con cupo para sólo 250 pasajeros no podía cargar con todos los que querían embarcarse. Y mientras los carpinteros se afanaban en construir camarotes en la cubierta, los boletos de tercera clase subían de $100 a $1.000 dólares, y hasta más. Muchos pedían sólo un rollo de cuerdas en lugar de cama. Y cuando el California zarpó el 31 de Enero para San Francisco llevaba enjaulados a más de cuatrocientos pasajeros; cierto sujeto dejó escrito que era difícil cruzar la cubierta superior sin tropezar con uno de aquellos cuerpos acurrucados en el piso.

El 28 de Febrero de 1849 la ciudad entera de San Francisco se volcó en el muelle para recibir al California. Los cañones de los barcos de guerra de la Flota del Pacífico rugieron dándoles la bienvenida. Veteranos buscadores de oro llegaban canaleteando su botecito hasta los costados del vapor y aturdían los oídos de los pasajeros confirmándoles el decir de la riqueza de los lavaderos. Antes que los recién llegados pudieran desembarcar, todos los oficiales y tripulantes, con excepción del Capitán Cleveland Forbes y un muchacho ayudante del cuarto de máquinas, habían desertado. Lo mismo hicieron los de otros vapores, de suerte que pronto la bahía de San Francisco se convirtió en un cementerio de barcos abandonados.

El 23 de Febrero de 1849, día en que el Oregón segundo de los vapores de la Pacific Mail entró a Panamá, más de 1.200 pasajeros iban cruzando de Colón a Panamá. Ese vapor salió de vuelta a San Francisco el 13 de Marzo con 250 pasajeros, dejando en el istmo a otros centenares que no pudo llevarse. Para cuando llegó el Panamá y zarpó en Mayo con 290 pasajeros, quedaban ya en tierra más de dos mil almas desesperadas.

Los tres vapores de la Pacific Mail no daban abasto para el gran número de pasajeros que querían ir de Panamá a San Francisco. Por fortuna llegaron inesperadamente a Panamá unos buques de vela, y además se mandó aviso a los puertos vecinos de que se necesitaban barcos. A la entrada de la primavera todo barco disponible se preparaba a zarpar. Cierta vez cincuenta y dos hombres ,compraron en $5.000 dólares una goleta peruana, toda carcomida, maltratada por las tormentas y sin quilla; pues en ella se embarcaron el 21 de Marzo de 1849. En otra ocasión el ballenero Equator vendió en Panamá el aceite que llevaba y tomó a 130 pasajeros. Por su parte, otro ballenero, el Niantic, se llevó en Abril a trescientos.

El Humboldt, de quinientas toneladas, fondeó un día en la bahía de Panamá como barco carbonero bajo consignación de $10.000 dólares. Por enfermedad y otras calamidades el fiador prefirió perder su fianza y envió el barco a San Francisco. Tenía cupo para 400 pasajeros solamente; cada uno pagó $ 200 dólares por el pasaje y por la comida que a bordo se podía cocinar una sola vez al día en un caldero de hierro de cincuenta galones. Los carpinteros despejaron la bodega y construyeron a lo largo de sus costados cubículos de tablas puestos en hileras; cada uno tenía seis pies de alto por otro tanto de ancho y lo mismo de fondo; en él se alojaban nueve personas. Como esos cubículos resultaran insuficientes, el resto de los pasajeros se resignó a dormir sobre cubierta y en los botes salvavidas que colgaban de los pescantes. Al subir a bordo el que hacía de líder halló que la cubierta estaba tan atestada de gente desde la proa a la popa, que apenas si se podía caminar. "Muchos enfermos yacían postrados", escribió, "y todo el día se pasaba esa gente sudando, revolviéndose en sus lechos, riñendo y renegando. Faltó la comida, y entonces el hambre y la sed abrieron la puerta a las desenfrenadas pasiones de esa chusma".

Estas condiciones de hacinamiento permanecieron relativamente estáticas en todo el año de 1849. Los pasajeros norteamericanos de los estados del Atlántico llegaban al istmo más de prisa y en mayor número de cómo podían ser transportados a San Francisco, de manera que todo vapor que salía de Panamá dejaba en tierra un mayor número de pasajeros que el que se llevaba. Todavía en Noviembre el Oregón dejó en Panamá a 400 buscadores de fortuna; y eso que en ese viaje se llevó a 444, número no igualado por ningún vapor ese año. Hombres de toda edad y toda laya —médicos, abogados, clérigos, maestros, mecánicos, granjeros, jornaleros, ladrones, tahures, y hasta asesinos— se empujaban unos a otros para conseguir pasaje a la tierra del oro. El precio de los boletos entre Panamá y San Francisco fluctuaba con caprichosa rapidez; en los barcos de vela se pagaba de $100 a $300 dólares, en tanto que los boletos de tercera clase en los vapores de la Pacific Mail que comenzaron vendiéndose a $100 dólares llegaron a costar $1.000.

La gran mayoría de los barcos de vela que salieron de Panamá nunca hicieron un segundo viaje. Una vez que pasajeros y tripulantes pisaban tierra en San Francisco corrían a los lavaderos de oro. Para mediados de Noviembre, más de seiscientos barcos habían entrado en la bahía; más de quinientos seguían fondeados allí mismo. Muchos se pudrían en el agua; los comerciantes vararon en la playa unos cuantos para convertirlos en bodegas o en casas de huéspedes. En Marzo de 1848 la melancólica aldea mejicana de San Francisco tenía 812 habitantes. Para fines de 1849 unos cien mil busca-fortuna hormigueaban en las serranías californianas. Más de treinta y ocho mil de estos nuevos pobladores llegaron por agua. Aquellos desdichados que habían gastado su último dólar en el viaje al Oeste se encontraron con los precios de los víveres por las nubes. La libra de papas pequeñitas costaba $1.50, los huevos $ 12 dólares la docena, y mil pies de madera valían $ 450 dólares. Los viejos habitantes de San Francisco, de regreso de las minas se encontraban con que su propiedad había subido de cinco a diez veces de valor; esto era para muchos una fortuna aún mayor que la sacada de las minas.

La demanda de boletos para California siguió aumentando en 1850. De seis vapores que comenzaron haciendo el tráfico de Panamá fueron luego veintiuno y el número de viajes saltó de catorce a cuarenta y uno. Con una sola excepción, todos los veintiún vapores llevaron en cada viaje pasajeros a San Francisco, variando su número de 22 a 495, y así vemos que el total para el año de 1850 fue de 7.718 contra 3.959 en 1849. Además de este considerable aumento de tráfico vaporino, el uso de barcos de vela siguió igual. El vapor California, en su último viaje de ese año observó que en Panamá había cuarenta y cinco embarcaciones listas para salir a San Francisco.

La ruta de Nicaragua


Aun cuando la gran mayoría de los pasajeros que en 1849 - 50 llegaron a California fue por la vía de Panamá o doblando el Cabo de Hornos, hubo otros que, deseando ahorrarse dinero y tiempo, tomaban una ruta diferente de las varias que había más al Norte. Y los más de estos últimos se decidieron por la de Nicaragua que en su trayecto tenía un río y un lago. Desde San Juan del Norte, en el Atlántico, los viajeros remontaban las 122 millas del Río San Juan hasta el puertecito de San Carlos en el Lago de Nicaragua, y allí tomaban el derrotero de Granada que eran 120 millas. De esa ciudad partían por tierra hasta el puerto de El Realejo, en el Pacífico, agregando al viaje 134 millas más.

La línea naviera Gordon's Passenger Line, de Nueva York, fue una de las primeras que probó esa ruta. Costaba $ 130 dólares el boleto de Nueva York a San Juan del Norte a bordo del bergantín Mary. La compañía garantizaba un reembolso de $ 75 dólares y comestibles para sesenta días en caso de que no pudiera el viajero conseguir pasaje en uno de los vapores de la Pacific Mail desde El Realejo a San Francisco.

El Mary zarpó de Nueva York el 20 de Febrero de 1849 con 130 pasajeros. Veinte días después desembarcaron en San Juan del Norte, en la desembocadura del Río San Juan. El abrupto cambio del invernal Nueva York al tórrido puerto nicaragüense, inspiró estas líneas a Roger S. Baldwin, Jr.: "La pequeña bahía tenía tres o cuatro islitas bordeadas por hermosas playas, más allá rebullía la rompiente mientras que adentro todo era sosiego; casas de caña y palma de empinada techumbre se apiñaban arriba pudiendo verse desde allí la densa jungla; y los opacos perfiles de las lejanas montañas de Nicaragua fueron para mí, junto con todo, uno de los más bellos paisajes que jamás había contemplado".

Inmediatamente dieron comienzo a la tarea de armar un vaporcito llevado previamente allá para remontar el río. Al cabo de tres semanas llegaron al convencimiento de que caldera y máquina eran inservibles; entonces empezaron a remontar el río la mitad de ellos en bongos y los otros en el casco del vapor canaleteado por nicaragüenses. Apenas entrados al río la lujuriante belleza del paisaje tropical fue un sedativo para la tensión nerviosa causada por el reciente atraso. Baldwin describe el San Juan como "un río majestuoso con abundancia de peces, constelado de isletas y orladas sus riberas de florestas cuyo esplendor ningún pincel ni pluma podrían pintar o describir. El verde profundo del follaje, las innúmeras y brillantes flores, las airosas guirnaldas que forman las trepadoras y los musgos entrelazados en caprichosos giros, fue algo que nunca nos cansamos de admirar". Por las noches estos primeros busca-fortuna acampaban en alguno de los muchos claros arenosos de la orilla y se pasaban una o dos horas pescando o buscando huevos de iguana o de tortuga; lo que bien cocinado y acompañado de café constituía un excelente sustento. Después de ocho maravillosos días en el río y de batallar un poco en el paso de los raudales, el grupo llegó a San Carlos. Allí habrían de cambiar a una embarcación más grande para cruzar el lago y dos días después salieron para Granada, a donde fondearon el 13 de Abril. Baldwin y otros decidieron quedarse por un tiempo conociendo la ciudad, mientras los más impacientes continuaban el viaje en mula hasta El Real*. Algunos pudieron tomar allí un barco para San Francisco en los primeros días de Junio, pero el resto se vio obligado a quedarse en el puerto hasta que al fin apareció el Laura Ann. que se los llevó el 20 de Julio. Los últimos del grupo no llegaron a San Francisco sino hasta el 4 de Octubre de 1849, o sea a los siete meses y catorce. días de haber salido de Nueva York.

Debido a los limitados medios de transporte para cruzar Nicaragua, a su larga duración y a la incertidumbre de encontrar barco en El Realejo para irse a San Francisco, pocos fueron los viajeros que en todo el año de 1849 y principios del 50 utilizaron la ruta creada por Gordon para cruzar el país. En Mayo de 1849, el nuevo Encargado de Negocios de Estados Unidos en la América Central se embarcó en Nueva York a bordo del bergantín Francis, en cuya cubierta, dejó escrito, "se amontonaban puercos y aves de corral, cuerdas y encerados; y ni qué decir de barriles de agua dulce y de alquitrán, impidiendo todo ello de antemano a los seres tambaleantes de tierra firme toda peregrinación que fuese más allá del puente de mando". Sólo dos avisos de salida de barcos para San Juan del Norte aparecieron en el New York Herald antes de Junio de 1851. El bergantín Enterprise anunció su salida en Julio de 1850, y el nuevo vapor Prometheus, de Cornelius Vanderbilt, zarpó el 27 de Diciembre de 1850 en su viaje inicial a Nicaragua.

Aunque los barcos que salían de Nueva York preferían las rutas de Panamá y Cabo de Hornos, en la primavera de 1850 aparecieron avisos en los periódicos de Nueva Orleans y San Francisco recalcando la excelencia del clima, la abundancia de comestibles, y el viaje más barato por la vía de Nicaragua. El periódico El Correo del Istmo, de León, hizo propaganda a esa ruta diciendo que lo que en Panamá costaba un dólar, en Nicaragua se conseguía por sólo veinticinco centavos, y que un grupo de cuarenta personas podía pasar de un océano al otro por tan sólo $ 9 u $ 11 dólares por cabeza.

Las compañías navieras Howard and Sons y Law and Company, ambas del Pacífico, promovieron la conveniencia de utilizar la vía de Nicaragua. A principios de Julio de 1850 anunciaron que tenían el proyecto de hacer de El Realejo su principal lugar de abastecimiento de carbón y demás provisiones para sus vapores que hacían la travesía Panamá-San Francisco y viceversa. Con tan prometedores planes para el viaje de El Realejo a San Francisco, los barcos de Nueva Orleans se dispusieron a explotar la ruta de tránsito a través de Nicaragua.

El 31 de Julio de 1850 el veloz buque de vela Thom anunció que el primero de Septiembre partiría de Nueva Orleans para San Juan del Norte. Decía el aviso que de San Juan del Norte, en el Atlántico, a El Realejo, en el Pacífico, la ruta seguiría el curso del Río San Juan, después sobre el Lago de Nicaragua, y luego serían sólo doce millas sobre camino de carruaje. Sin duda que el capitán del barco dudaba poder atraer pasajeros diciendo la verdad, puesto. que los mismos nicaragüenses decían que la distancia entre Granada y El Realejo era de 134 millas. Pronto tuvo otros desvelos, ya que el 22 de Agosto el navío Major Eastland anunció que saldría en breve, y en Octubre tres barcos más anunciaron su salida de Nueva Orleans para San Juan del Norte.

Al son de la historia: El Viejo municipio de Chinandega

EL VIEJO: DE VILLA A CIUDAD


El Viejo, ciudad histórica, aborigen y colonial, sede del Cacique Tezoatega, una de las más antiguas de Nicaragua, que se levantó desde sus ancestros con antiguos nombres derivados de palabras “Nagrandanas” o “Chorotegas” Huehueteyte que quiere decir “Cacique Viejo” y Teyte “Viejo”. De ahí se origina el nombre de la ciudad de El Viejo, también conocida como, Villa de La Concepción, Chamulpa, Chamulpán, Chamulapan. “Provincia Náhuatl o Serpiente de piedra, lugar donde domino Agateyte”. También llamada por nuestros antepasados como “Sucursal del Cielo”. Tierra bendecida por Dios, bordeada por ríos y mar, que va desde nuestras costas en la isla de Aserradores hasta el Golfo de “Chorotega” o Golfo de Fonseca, así como su flamante volcán Cosigüina y sus Farallones, donde tantas veces según la historia hizo gala en montar su caballo, nuestro General Cabuya.

El Viejo, la ciudad hija mayor de la Metrópolis del Algodón. Tierra fértil llena de verdes, espesas y abundantes llanuras de donde se derivaron y derivan diferentes cultivos, como: la caña de azúcar, arroz, banano, maíz e inmensos plantíos de algodonales que en su momento nos mostraban el verde natural de su planta y el blanco de su mota que era símbolo del comercio, así como su abundante fauna silvestre, admirada por su derroche de virtudes, de parte de pueblerinos nativos y visitantes de otras naciones, bella tanto por su idiosincrasia social, como por su componente infraestructural y la manera de vivir de sus personalidades.

¿Quién fue Yarrinze?

 

YARRINZE (nombre registrado en la Auditoria Militar de 1785, en Guatemala) o YARRINSEN (en otros documentos anteriores a esta Auditoria), es un personaje popular de Chontales del Siglo XVIII, oscurecido por la falta de información en Nicaragua, la que abunda en mayor cantidad en el Archivo General de Centro América en Ciudad Guatemala.

En mi más reciente visita al Archivo General de Centro América, siempre con la inapreciable atención de su Director Licenciado Julio Galicia Díaz, tuve acceso a las fuentes documentales primarias para el estudio de este héroe Caribe del Siglo XVIII.

En este Archivo, se cuentan por lo menos 15 fuentes documentales sobre el Indio Capitán de Conquista de la Nación Caribe, Carlos Mathias Josef Antonio YARRINZE.

Suficientes documentos para esbozar su importancia en la etapa histórica que le tocó vivir en relación con las infructuosas pretensiones españolas de conquistar el

Caribe de Nicaragua, dominado por los ingleses en alianza con los Misquitos y Mosquitos-Zambos.

Gracias a estos documentos conservados por Guatemala, sabemos que Yarrinze, fue un indio Caribe, quien se bautizó en la Parroquia de Granada, en 1779, asumiendo el nombre cristiano de Carlos Mathias Josef Antonio y conservando su propio nombre caribe Yarrinze. Este hecho es certificado por el Teniente de Capitán General de la Provincia de Nicaragua, Ignacio Maestre El año anterior a su Bautismo en Granada, Yarrinze estaba de servicio a la Corona Española en el Puerto de Aloma (1778), en Chontales, y pidió se le diera testimonio de la confirmación de la patente de Capitán de Conquista de la Nación Caribe, la cual le había sido otorgada, como consta también en las fuentes documentales.

Yarrinze recibió la patente de Capitán y Gobernador de Indios Caribes situados en la frontera del norte cerca de Acoyapa en la Provincia de Nicaragua y se documentan también los Autos referidos a ciertas pláticas del indio Caribe Yarrinze con el Inglés Abraham Yococoston, en los cuales el indio Yarrinze se reconoce como dependiente de la Monarquía Española.

Colorea Historia de Nicaragua para niños y niñas

En esta edición para colorear, se presenta una primera parte de la historia de Nicaragua, tanto de la zona del Pacífico como del Atlántico; desde los primeros pobladores, hasta el asesinato del General Augusto C. Sandino, retomando las primeras páginas del libro con ilustraciones a colores que el autor Karlos Navarro hiciera ya hace algunos años y que si desea descargar el PDF puede darnos su aporte AQUÍ.


Es difícil escribir una historia para niños cuando esa historia está plagada de guerras, traiciones, asesinatos, política, corrupción, etc. pero por lo menos, en esta versión, se logra presentar un lenguaje claro y sobre todo que en cada página, además del párrafo de texto, se presente una ilustración muy bien elaborada por un gran dibujante, como lo es Luis Gonzáles Sevilla, amante de los comics, y en la versión a colores se logran ver mucho mejor estos dibujo.

En esta versión para colorear, los dibujos están escaneado directamente de los dibujos originales que el artista hiciera y que habían permanecido engavetados desde el año 2001, que fue cuando se imprimieron miles de estos libros a colores (puede descargar el PDF) y que en Casa del libro, Managua, aún puede adquirir a precio súper económico, es más, esta empresa acaba de iniciar "una promoción del 15 de enero al 15 de febrero de este año que comienza, 2001: por la compra de uno de esos libros a colores "Historia de Nicaragua para niños y niñas" de 116 páginas, con un precio de tan solo 200 córdobas (que es equivalente aproximadamente a 5 dólares americanos), se puede llevar gratis uno de estos libros para colorear de 90 páginas, así los infantes podrán tener referencia de cómo colorear y pasarán un rato ameno haciendo lo que le gusta y de paso leyendo la historia de Nicaragua, que en la versión a colores llega hasta la presidencia de Arnoldo Alemán.

A continuación el índice y un ejemplo de las primeras páginas del libro que es para colorear.

Contenido del libro de 90 páginas:

Dios mi copiloto: Nunca dejé morir el “comando 315”

(...)

Llegamos a la base de la FAN en Managua y nos bajamos de la avioneta, el Tte. PA-FAN Julio Pereira “chocorrón”, ordena a los técnicos de armamento de la FAN, que instalen de nuevo más cohetes. Yo voy a hacerle una inspección al Cessna 337-O2A, FAN-315, que es en la que volábamos, para ver si no nos habían impactados algunas balas. Haciendo la inspección de 360 grados, le encuentro un impacto de bala, en el elevador, se lo dejo saber al Tte. PA FAN, Julio Pereira y me dice que “si tengo miedo, que eso no es nada” y le digo que no, y me dice: “vamos”, “pues vamos” le digo. Los técnicos de armamento se tomaron unos 10 minutos en poner los 12 cohetes, le dicen al piloto que ya esta listo, el piloto me dice: “vámonos” enciende los motores y se comunica con la torre de control; “315 a torre las Mercedes, destino misión” mientras taxeábamos a la cabecera de la pista, la torre de control le dice; “autorizado para despegar”, despegamos y en unos 40 minutos, llegamos a Rivas, eran más o menos las 5 pm, pero cuando íbamos llegando a la ciudad vimos que venía saliendo el Cessna 185 FAN-1009, que también estaba artillada con un par de lanzadores de cohetes de 70 mm o 68 mm franceses, esta venía pilotada por el desertor Capitán PA-FAN, Armengol Lara, lo vemos pasar unos 500 pies más abajo de nosotros, me di cuenta que era él porque el Teniente Julio Pereira, se comunica con el desertor Capitán Armengol Lara, después el piloto FAN, Julio Pereira, se vuelve a comunicar con las patrullas de la infantería GN, que estaban combatiendo a los sandinistas, que intentaban tomar la ciudad de Rivas.
 

El Naturalista en Nicaragua - Capítulo 6

Topografía de Santo Domingo. — Erosión de los valles. — Geología del distrito. — Descomposición de las rocas. — Minería del oro. — Venas de cuarzo aurífero. — Modo de presentación del oro. — Filones más ricos en la superficie que en las profundidades. — Excavación y reducción del mi­neral. — Extracción del oro. — Mantos. — Origen de las venas minerales. — Su relación con las intrusiones plutónicas.

Difícilmente se encuentra tierra plana alrededor de Santo Do­mingo, sino una sucesión de cerros y valles en todas direcciones. Los cerros no están aislados, ya que forman serranías irregulares con dirección este-oeste predominante y con muchas alteraciones en dicho rumbo. Los principales valles dan origen a otros secun­darios, que cortan en profundidad a las serranías y se bifurcan una y otra vez, como las ramas de un árbol, originando cauces que drenan gran cantidad de corrientes que proceden de las lluviosas selvas vecinas. Los valles ramificados, que se abren paso hacia los principales y éstos, que forman cauces a los ríos, han sido ero­sionados por agentes subaéreos y casi principalmente por la ac­ción de las aguas fluviales. Es evidente que esta orografía es la que afecta el drenaje de la región, y que a su vez ha sido alterada por ese mismo drenaje.

El Naturalista en Nicaragua. Capítulo 5 - Thomas Belt

 Posición geográfica de Santo Domingo. — Su geografía física. — Los ha­bitantes. — Mezcla de razas. — Comparación entre negros e indios. —Mujeres. — Establecimiento de la Chontales Gold Mining Company. —Mi casa y el jardín. — Frutas. — Plátanos y bananos. — Probablemente no autóctonos de América. — Propagación por retoños. — Semillas in­capaces de germinar. — Higos, granadillas y papayas. — Legumbres. —Las flores que dependen de los insectos para su polinización. — Plaga de insectos. — Zompopos. — Sus métodos de defoliación. — Sus hormigue­ros. — Arboles respetados por las hormigas. — Sensibilidad de los árboles extranjeros a su ataque. — Métodos para destruir las hormigas. — Migra­ción de las hormigas desde un nido atacado. — El sublimado corrosivo les causa una especie de locura. — Plan indígena para prevenir su ascenso a los árboles recién plantados. — Los zompopos cultivan hongos y se ali­mentan de ellos. — Sagacidad de las hormigas.

La villa minera de Santo Domingo está situada en la provincia de Chontales, Nicaragua, a 12° 16' de latitud norte y 84° 59' de longitud oeste, a mitad de la distancia entre el Atlántico y el Pacífico, donde Centro América se ensancha hacia el norte, a par­tir del estrecho istmo de Panamá y Costa Rica. La villa se en­cuentra en medio de una gran floresta que cubre la mayor parte de la vertiente atlántica de Centro América y que se continúa sin interrupción desde El Pital, por donde ingresamos, hacia el este, hasta el Atlántico. Su límite por el oeste es un sinuoso borde, a unas siete millas del pueblo, más allá del cuál se extienden pla­nicies y sabañas zacatosas y con escasos árboles, hasta el lago de Nicaragua.

El Naturalista en Nicaragua. Capítulo 3

 Continuación del viaje. — Jabalíes y jaguar. — Bongos. — Llegada a Machuca. — El Castillo. — Captura del fuerte por Nelson. — Comercio del hule. — Huleros. — Procesamiento del hule. — Monos congos. — Lapas. —El río Sábalos. — Resistencia de los boteros. — San Carlos. — El Canal Interoceánico. — Ventajas de la ruta nicaragüense. — El río Frío. — Relatos sobre los indios salvajes. — Niños indígenas capturados. — Expediciones por el río Frío. — Vapores americanos.

Después de desayunar, continuamos nuestro viaje río arriba y pasamos la confluencia del San Carlos, otro gran río que baja del interior de Costa Rica. Al poco tiempo oímos algunos jabalíes, Dicoteles tajacu, o "guaris"[1] como los llaman los nativos, rechi­nando sus dientes entre la selva. Un botero saltó a tierra y pronto disparó contra uno; lo trajo a bordo después de cortarle una glán­dula en el lomo, que emite un olor almizclado; después lo cocinó para la cena. Estos "guaris" viajan en manadas de 50 a 100 in­dividuos. Se dice que se auxilian entre ellos cuando los ataca el jaguar, que es demasiado astuto. El tigre se posa quietamente sobre la rama de un árbol en espera del paso de los "guaris"; en­tonces salta sobre uno de ellos y lo mata quebrándole el cuello; sube de nuevo al árbol y espera que la horda desaparezca, para regresar por su víctima y devorarla con calma.

El naturalista en Nicaragua capítulo 2

Capítulo 2

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Comienza el viaje río arriba. — Palmas y cañaverales silvestres. — Plantíos. — El río Colorado. — Proyecto para mejorar el río. — Avance del delta. —Mosquitos. — Noche desagradable. — Hermosa mañana. — Vegetación de las riberas. — El río Sarapiquí. — Momótidos. — Hormigas guerreado­ras. — Sus métodos de caza. — Pájaros hormigueros. — Ataque a los nidos de otras hormigas. — Defensa de los nidos de los pájaros. — Capacidad de razonamiento en las hormigas. — Paralelismo entre mamíferos e himenóp­teros. — Utopía.

Encontré en Greytown el bote de correo de la Chontales Gold Mining Company, que baja mensualmente a cargo del capitán Anderson, un inglés que ha viajado por casi todo el mundo. La tripulación consistía de cuatro zambos, célebres en estas costas por su destreza como boteros. Aparte de nosotros, enrolamos otros tres negros con destino a las minas, con lo que quedé más bien incómodo con mi equipaje, ya que el viaje sería largo. El bote era de cedro, Cedrela odorata, excavado en un solo tronco, los lados levantados y reforzados con entabladuras. Esto le confería fortaleza, ubicando la fuerza y el grosor hacia el fondo, donde más se requerían para resistir los porrazos contra las rocas de los raudales. En una ocasión, bajando un peligroso raudal sobre el río Gurupi, al norte de Brasil, fuimos lanzados por la fuerza de la bullente corriente contra una roca, con tal vigor, que poco faltó para que fuésemos expulsados; pero la fuerte canoa no se dañó, aunque ningún bote hubiese resistido tal impacto.

El naturalista en Nicaragua capítulo 1




Arribo a Greytown. — El río San Juan. — La barra del puerto. — Cruzando la barra. — Vidas perdidas. — Tiburones. — Cristóbal Colón. — Aspecto del pueblo. — Comercio. — Salubridad del pueblo y su probable causa. — Comparación entre Greytown, Pernambuco y Maceio. — Frutas silvestres. — Plantas. — Loros, tucanes y tanágridos. — Mariposas y escarabajos. — Formas miméticas. — Lagartos. — Muchacho ahogado por un lagarto en Bluefields. — Sus métodos para cazar saínos.

Thomas Belt

A mediodía del 15 de febrero de 1868, el Solent, navío de Su Majestad Británica, anclaba en Greytown o San Juan del Norte, puerto atlántico de Nicaragua, Centro América. A una milla del litoral, contemplábamos una costa baja y plana, extendida ante nosotros. Era el delta del río San Juan, al cual confluyen las aguas de gran parte de Nicaragua y Costa Rica y que da salida al Gran Lago de Nicaragua. Su cuenca alcanza hasta pocas millas del Pacífico, pero aquí en el istmo de Centro América, como en los grandes continentes al norte y al sur, la mayor parte del drenaje fluvial corre hacia el Atlántico. 

Durante la estación de las lluvias, el río San Juan es majestuo­so; y aún durante la época seca, entre marzo y junio, el agua pro­cedente del Lago sería suficiente para mantener abierto un buen puerto, si, a unas veinte millas dé su desembocadura, no comen­zara a perder fuerza al enviar un ramal, el río Colorado, y a dividir la mayor parte de su caudal en canales laterales. Hace veinte años la corriente principal pasaba por Greytown, que entonces era un puerto magnífico al cual arribaban grandes embarcaciones; pero en los últimos años el ramal del Colorado le ha ido robando poco a pocos sus aguas. En consecuencia, el puerto se ha embanca­do; ahora los barcos tienen que anclar afuera y luego hay que sal­var en bote una barra poco profunda, peligrosa en mal tiempo. 

La aviación en Nicaragua Reseña Histórica 1922-1979

El autor Don Ricardo Boza, con esta tercera edición de su libro sobre la aviación en Nicaragua, se extiende con sus investigaciones, esta vez llegando hasta la Revolución Popular Sandinista.

El contenido del libro es el siguiente:

1. Antecedentes histórico: Enrique Massi (1922) y Humberto Pasos Díaz (1924).
2. Aviadores pilares de la aviación en Nicaragua.
3. Primeros esfuerzos.
4. Compra de aviones.
5. Inauguración, pilotos fundadores e instalaciones.
6. Comandancia del Coronel Guillermo Rivas Cuadra (alias medio beso).
7. Los aviones costarricenses.
8. Los aviones venezolanos.
9. Comandancia del Corinel Carlos Eddy Monterrey (Alias chichicaste de río) 
10. Carlos Vanegas Avilés (alias Tribilín).
11. Otras actividades.
12. Compra de aviones Mustang en el Reino de Suecia.
13. Pilotos graduados en tiempos de Vanegas.
14. El derrocamiento de Arbenz en Guatemala.
15. Sub-Comandancia del Coronel Róger bermúdez (Alias aviador miedor). 
16. Conflicto de Morocón.
17. Graduados en tiempos de Róger Bermúdez. 
18. La rebelión de Rivas Gómez.
19. La fallida acción de Lepaguare.
20. Subcomandancia del Coronel Enrique Calderón (alias Popeye).