25.11.18

Villancicos navideños populares

Navidad, dulce Navidad



Navidad, Navidad,
dulce Navidad
la alegría de este día hay que celebrar.


…se repite….





Los peces en el río



La Virgen está bañando
y tendiendo en el romero,
los pajarillos cantando,
y el romero floreciendo.


Pero mira cómo beben
los peces en el río,
pero mira cómo beben
por ver al Dios nacido.

Beben y beben y vuelven a beber,
los peces en el río
por ver a Dios nacer.

La Virgen se está peinando
entre cortina y cortina,
sus cabellos son de oro,
el peine de plata fina.

Pero mira cómo beben
los peces en el río,
pero mira cómo beben
por ver al Dios nacido.

Beben y beben y vuelven a beber,
los peces en el río
por ver a Dios nacer.



Campana sobre campana


Campana sobre campana
y sobre campana una
asómate a la ventana
verás a un niño en la cuna

Belén, campanas de Belén
que los ángeles tocan
que nueva nos traen,

Belén, campanas de Belén
que los ángeles cantan
que nueva nos traen.

Campana sobre campana
y sobre campana dos
asómate a la ventana
verás al niño Dios.

Belén, campanas de Belén
que los ángeles tocan
que nueva nos traen,

Belén, campanas de Belén
que los ángeles cantan
que nueva nos traen.

Campana sobre campana
y sobre campana tres
en una cuna a esta hora

El Niño va a nacer.
Recogido su rebaño
a dónde vas pastorcito
voy a llevar al portal
requesón, manteca y vino.

Belén, campanas de Belén…




Mi Burrito Sabanero


Con mi burrito sabanero voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
El lucerito mañanero ilumina mi sendero
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Con mi cuatrico voy cantando, mi burrito va trotando
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén

Tuqui tuqui tuqui tuqui, tuqui tuqui tu quita
Apúrate mi burrito que ya vamos a llegar
Tuqui tuqui tuqui tuqui, tuqui tuqui tu quita
Apúrate mi burrito, vamos a ver Jesús

Con mi burrito sabanero voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
El lucerito mañanero ilumina mi sendero
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Con mi cuatrico voy cantando, mi burrito va trotando
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén

Tuqui tuqui tuqui tuqui, tuqui tuqui tuquita
Apurate mi burrito que ya vamos a llegar
Tuqui tuqui tuqui tuqui, tuqui tuqui tuquitu
Apurate mi burrito, vamos a ver Jesús

Con mi burrito sabanero voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén
Si me ven, si me ven, voy camino de Belén




Arre, borriquito


En la puerta de mi casa
voy a poner un petardo
para reírme del que venga
a pedir el aguinaldo

Pues si voy a dar a todo el que pide en noche buena,
yo sí que voy a tener que pedir de puerta en puerta.

Arre, borriquito,
arre burro, arre,
anda más deprisa
que llegamos tarde;
arre, borriquito,
vamos a Belén,
que mañana es fiesta
y al otro también.

En el cielo hay una estrella
que a los Reyes Magos guía
hacia Belén, para ver
a Dios hijo de María.

Cuando pasan los monarcas
sale la gente al camino
y alegres se van con ellos
para ver nacer a un niño.

Arre, borriquito,
arre burro, arre,
anda más deprisa
que llegamos tarde;
arre, borriquito,
vamos a Belén,
que mañana es fiesta
y al otro también.

En la puerta de mi casa
voy a poner un petardo
para reírme del que venga
a pedir el aguinaldo

Pues si voy a dar a todo el que pide en noche buena,
yo sí que voy a tener que pedir de puerta en puerta.

Arre, borriquito,
arre burro, arre,
anda más deprisa
que llegamos tarde;
arre, borriquito,
vamos a Belén,
que mañana es fiesta
y al otro también.


Noche de Paz


Noche de paz, noche de amor
claro sol, brilla ya
y los ángeles cantando están
gloria a dios, gloria al rey celestial
duerme el niño Jesús
duerme el niño Jesús


Noche de paz, noche de amor
Todo duerme alrededor
Entre los astros que esparcen su luz
Bella anunciando al niñito Jesús
Brilla la estrella de paz
Brilla la estrella de paz

Noche de paz, noche de amor
claro sol, brilla ya
y los ángeles cantando están
gloria a dios, gloria al rey celestial
duerme el niño Jesús
duerme el niño Jesús



El Tamborilero


El camino que lleva a Belén
baja hasta el valle que la nieve cubrió.

Los pastorcillos quieren ver a su Rey,
le traen regalos en su humilde zurrón

(rom pom pom pom, rom pom pom pom)

Ha nacido en un portal de Belén
el niño Dios.

Yo quisiera poner a tu pies
algún presente que te agrade Señor,
mas tú ya sabes que soy pobre también,
y no poseo más que un viejo tambor.

(Rom pom pom pom, rom pom pom pom)

¡En tu honor frente al portal tocaré
con mi tambor!
El camino que lleva a Belén
yo voy marcando con mi viejo tambor,
nada mejor que yo pueda ofrecer,
su ronco acento es un canto de amor

(rom pom pom pom, rom pom pom pom)

Cuando Dios me vio tocando ante él me sonrió. 



Blanca Navidad


Oh, blanca Navidad, sueño,
y con la nieve alrededor,
blanca es mi quimera,
y es mensajera de paz
y de puro amor.

Oh, blanca Navidad, nieve,
un blanco sueño y un cantar.

Recordar tu infancia podrás,
al llegar la blanca Navidad.

Oh, blanca Navidad, sueño,
y con la nieve alrededor,
blanca es mi quimera,
y es mensajera de paz
y de puro amor.

Oh, blanca Navidad, nieve,
un blanco sueño y un cantar.
Recordar tu infancia podrás,

al llegar la blanca Navidad.

Oh, blanca Navidad, sueño,
y con la nieve alrededor,
blanca es mi quimera,
y es mensajera de paz
y de puro amor.

Oh, blanca Navidad, nieve,
un blanco sueño y un cantar.

Recordar tu infancia podrás,
al llegar la blanca Navidad.
al llegar la blanca Navidad.




La Marimorena


Ande, ande, ande La Marimorena
Ande, ande que es la Nochebuena

En el portal de Belén hay estrellas, sol y luna
la Virgen y San José, y el Niño que está en la cuna
Y si quieres comprar pan más blanco que la azucena
en el portal de Belén la Virgen es panadera

Ande, ande, ande La Marimorena
Ande, ande que es la Nochebuena

Un pastor comiendo sopas en el aire divisó
un ángel que le decía ha nacido el Redentor
De Oriente salen tres Reyes para adorar al Dios Niño
una estrella les guiaba para seguir el camino.

Ande, ande, ande La Marimorena
Ande, ande que es la Nochebuena

A esta puerta hemos llegado
cuatrocientos en cuadrilla
si quieres que nos sentemos
saca cuatrocientas sillas

Ande, ande, ande La Marimorena
Ande, ande que es la Nochebuena

Saca una para mí
y otra "pa" mi compañero
y los que vengan detrás
que se sienten en el suelo

Ande, ande, ande La Marimorena
Ande, ande que es la Nochebuena

En el portal de Belén
han entrado los ratones
y al bueno de San José
le han roído los calzones

Ande, ande, ande La Marimorena
Ande, ande que es la Nochebuena

En la puerta de mi casa
voy a poner un petardo
para reírme del que venga
a pedir el aguinaldo
pues si voy a dar a todo
el que pide en Nochebuena
yo si que voy a tener
que pedir de puerta en puerta




19.11.18

Poesía dispersa de Rubén Darío (1908 -1916)

1908 

• Enero 10. Entrevista de los presidentes de Nicaragua y Costa Rica en lafrontera de ambos países. Darío en la comitiva de Zelaya. 
• Enero 18. Su cumpleaños es celebrado en Managua. 
• Enero 24. Iniciado aprendiz masón en la Logia Progreso N.° 16, de Managua. 
• Febrero 2. Gran velada en la Escuela Normal de Señoritas, de Managua, en su honor. 
• Marzo. Semana Santa en la Isla del Cardón, Corinto, pasada con las familias Debayle, Castro, etc. Escribe varios poemas. 
• Abril 3. Se embarca en Corinto para Europa vía Panamá. 
• Abril 18. Llega a Nueva York. Mayo ¿2? Llega a París. 
• Mayo 18. Llega a Madrid. 
• Junio 2. Presenta credenciales de Ministro de Nicaragua a Alfonso XIII, rey de España. La Legación queda instalada días después en la Calle Serrano 27, y empieza la lucha dolorosa por el pago de sueldos. 
• Junio 21. Llega Santiago Argüello a Madrid y Darío lo hospeda en la Legación.
• Julio 22. “El viaje a Nicaragua”, envía a La Nación, el primer artículo de esa serie.
• Agosto. Veranea en San Esteban de Pravia, Asturias.




Y cuando en el abismo de mi alma…


Y cuando en el abismo de mi alma me despeño
–Prometeo de mi alma y buitre de un sueño–
muriendo de mi vida, viviendo de mis días.

¿1908?


Trébol Lírico

En honor de la Sra. del Presidente de Costa Rica, 
don Cleto González Víquez.

Trébol lírico decora
esta página, Señora,
que le explica
cómo vemos astro y rosa
en la Dama de la hermosa
Costa Rica.

(Gunacaste, C. R., hacienda de Bruamónd, 
enero, 1908)


Reflexión

Es acaso, el sufrimiento 
destino inflexible del hombre? 
o podrá un amor sublime 
revertir tal pensamiento? 
No vea, en tal pensamiento, 
una vaga, rara idea 
sino la ley de la vida 
que se escurre lentamente.

(Nicaragua, febrero, 1908)


En la corona fúnebre de Doña Salvadora Pallais de Debayle Al Dr. Debayle.

Columna trunca, antiguo frontispicio,
donde labrar una bella inscripción
que diga al par el beso gentilicio
y lo que perlas de nuestra alma son.

   Toda palabra y toda melodía
sería ahora poca para dar
la suma enorme de la ofrenda mía,
de quien es viejo y triste de pensar.

   Yo recuerdo a tu madre cuando un día
vio en mi mirada algo de inmensidad,
y fue gentil para la vida mía
ungiendo mi alma en óleo de bondad.

   Siento que son, estos ritmos escritos,
acaso escasos para mi canción.
¡Alguien dirá que son bouquets marchitos,
mas los revivo con mi corazón!


Mater Pulchra* 

Al Gral. José Santos Zelaya, 
en la muerte de su madre

Es Grecia, es Roma. Clámides
y togas. Es el tiempo maravilloso. Es
el Partenón, el templo de Apolo, las Pirámides,
las glorias hechas ruinas que volverán después.

   Es el águila enorme que levanta su vuelo
bañada en la luz sacra de vasta poesía.
Y con todo, la herida de su materno duelo
hace exclamar a César, inundado de cielo:
–¡Oh madre! ¡Oh madre! ¡Oh madre! ¡Oh dulce madre mía!

*Doña Juana López, madre del presidente Zelaya, murió el 10 de marzo de 1908.


A Salvadorita Debayle

En esta vida de ansia infinita,
todos buscamos la salvación;
¡ay, Salvadora, Salvadorita,
salva primero tu corazón!

   Ten muy presente que en este mundo
sin Dios no hay vida, ni existe ser;
y que Dios vive, vivo y profundo,
entre los ojos de la mujer.

   Cuando resuene la hora suprema,
cuando te llegue la hora de amor,
no pongas hieles en tu poema,
no martirices tu ruiseñor.

   Ya viene el príncipe para tus sueños;
¿es rey del oro o es del amar?...
Incienso puro y olientes leños,
vienen tus sueños a perfumar.

   La perla nueva, la frase escrita,
por la celeste luz infinita,
darán un día su resplandor;
¡ay, Salvadora, Salvadorita,
no mates nunca tu ruiseñor!


 A Mariíta Debayle

Mariíta, ¿hay quien te cante,
Diamante?
¿Y quién sueñe con tu falda,
Esmeralda?
¿Y quién te juzgue preciosa
Rosa?

   Tú, siendo tan primorosa,
deberías de poner
en pulsera de mujer:
Diamante, Esmeralda, Rosa.

(21 de marzo, 1908)


Cantares de «El Cardón»

Una diadema florida
Te brinda un Emperador 
Emperatriz de mí vida, 
Emperatriz de mi amor.

¿Por qué tanto pensar 
Si en esta cosa tan pura 
Saboreamos la amargura 
La amargura de la mar?

Los cabellos son de oro 
Y la faz de rosa té. 
Ella le dijo: Te adoro. 
Y él: jamás te olvidaré.

No me repitas que existe 
El remedio del amar. 
La princesa estaba triste, 
No se pudo consolar.

La paloma está dormida 
¿Qué te dijo su canción? 
Canta sólo en esta vida 
Una vez el corazón.

Vida mía, vida mía,
Qué divina está la mar
¿Cómo no supe aquel día
Que me habías de olvidar?

Muy cerca está el milano
y muy cerca la canción. 
Vámonos mano en la mano, 
Corazón con corazón.

Estoy llorando con mengua 
Y sufriendo sin razón,
Puesto que he hecho de mi lengua
carne de mi corazón.

Muy linda contestación 
Una mañana de Mayo 
¿Cómo te llamas, canción? 
¿Yo? Margarita Lacayo.

Está ardiendo mi incensario 
En una copa de Ofir. 
Navegar es necesario 
Y es necesario vivir:

Me dan los vientos su aliento 
Y sopla mi voluntad, 
Sé tú propicio ¡oh viento, 
A la barca de Simbad!

Me dijo la onda del río:
Es meterse a santo o fraile 
Llamarse Rubén Darío 
o llamarse Luis Debayle.

Mi nombre miré en la arena 
Y no lo quise borrar 
Para dejarle mi pena
A las espumas del mar.

¿De dónde vienes mi vida? 
Vida mía, ¿dónde vas? 
Voy a curarme esta herida 
Que no cierra jamás.

Hay cosas que no entiendo 
En este triste vivir.
Me estoy muriendo, muriendo 
Y no acabo de morir.

Desde que aspiré tu esencia 
He perdido la razón. 
Ya no tengo ni conciencia 
Ni vida, ni corazón.

Estas cosas dolorosas 
Que pasan entre los dos...
¡Oh Dios, arregla estas cosas 
¡O no voy a creer en Dios!

Una estrella está cantando
Y otra estrella le responde,
Y la una dice ¿Cuándo?
Y la otra contesta, ¿en dónde?

(Isla de El Cardón, Nicaragua, 1908)


A Carrasquilla-Mallarino

Por olas intranquilas y por soplos amargos
iba el bajel de Grecia con rumbo a la ilusión;
Febo daba su oro para la nave Argos,
y Júpiter sabía del sueño de Jasón.

   Espera infamias duras y aguarda vientos largos,
tú, que tienes por nave tu propio corazón;
que si tienes cuidados y multiplicas cargos,
a la cuenta de tu alma, lírica y dulce, son.

   Y a la cuenta de tu alma te pondrán tus locuras,
tus conquistas fugaces y tus cosas impuras...
El ángel de la guarda, exacto y puro es.

   Así que peques mucho o así que peques poco,
te salvarás por santo, por poeta o por loco,
y las cuentas finales te arreglarán después.

(Corinto, Nic., 1908)


A mi joven amigo Carrasquilla-Mallarino

¡Ora, amigo! Al dolor acerbo
pon tu puntal;
y, como dice Amado Nervo,
ten tu puñal.

   Pon siempre a refrescar tu mente
con lirio y rosa.
como vuela divinamente
la mariposa.

   Ten la alma lista a lo improviso,
y rosa y lis
y ten tu Nueva York preciso,
o tu París.

   Viaja con tu alma en tu maleta
y un cheque, con
tus facultades de poeta
y tu ilusión.

   El que te dice estas palabras
hace obra propia;
puesto que sabe que tú labras
tu cornucopia.

   una cornucopia que tiene
profunda ciencia,
cuya prez antigua le viene
de noble herencia.

    Mis versos ahora florecen 
entre las brumas 
y cual las gaviotas se mecen 
en las espumas.

   Y ya comprendiendo su vuelo 
van a soñar
sabiendo que hay arriba el cielo 
y abajo el mar.

   Peregrina y sublime nota 
de amor y paz 
que sólo saben la gaviota 
y el alcatraz.

   Alcatraz que cantó 
el divino y dulce ser
a quien el nombre dio el destino 
de Baudelaire.

   Poetas que fuisteis alguna 
vez sobre la mar 
y que os pusisteis a la luna 
a suspirar:

   mientras el sol lanza al abismo 
líricos potros,
vosotros vibráis en mí mismo; 
yo soy vosotros.

   Si no trajese yo la aurora 
fanal del día;
si no fuese vuestra alma ahora 
yo moriría.

   Si a Pan en sus siete cañas 
no oyese hervir 
no sentiría en mis entrañas 
el porvenir.

(Océano Atlántico, 1908)


En las Constelaciones

En las constelaciones Pitágoras leía,
yo en las constelaciones pitagóricas leo;
pero se han confundido dentro del alma mía
el alma de Pitágoras con el alma de Orfeo.

   Sé que soy, desde el tiempo del Paraíso, reo;
sé que he robado el fuego y robé la armonía;
que es abismo mi alma y huracán mi deseo;
que sorbo el infinito y quiero todavía...

   Pero ¿qué voy a hacer, si estoy atado al potro
en que, ganado el premio, siempre quiero ser otro,
y en que, dos en mí mismo triunfa uno de los dos?

  En la arena me enseña la tortuga de oro
hacia dónde conduce de las musas el coro
y en dónde triunfa, augusta, la voluntad de Dios.

(Nueva York, abril, 1908)


Copla

Corona de Zaragoza
es la Virgen del Pilar;
y Zaragoza, de España
es la corona mural.

(España, 1908)


Rosas y lirios

Para las angustias, para las tristezas, 
cuando nieva el tiempo sobre las cabezas 
y llueven congojas,
ese es el instante de las rosas rojas.

Para los momentos que traen ilusiones 
y dan azucenas a los corazones, 
y dulces delirios,
blancos, blancos lirios.

(Madrid, diciembre, 1908)


Tras los cuernos de Júpiter…

Tras los cuernos de Júpiter Europa sonreía
y dominaba con su mano de marfil
toda la luminosa y eterna gallardía
que existe en Primavera y domina en Abril.

   En lo alto del mástil una guitarra había
como en el viaje de D’Annunzzio y tal sutil-
mente cantaba amable esa cigarra mía
que olvidé del pasado, lo profano y lo vil.

   Montañas que quedasteis lejanas, lagos puros,
horizontes de fuego y rincones obscuros,
cafetales floridos, gentes amables, voz

   gentil que recordaste mi infancia y de mi infancia
luz, gesto, vida, voluntad y fragancia
y todas esas cosas que yo no olvido, adiós!

(Sem.-Arch. ¿1908?)


Roma erige sus arcos…

Roma erige sus arcos,
Venus sus clámides;
¿Dónde, Egipto, tus barcos
y tus pirámides?

   Llegué a mi tierra pálida
de sufrimientos;
para encontrarla cálida
de pensamientos.

   Y hallé afectos dolientes
de ser sensibles;
y con terribles gentes,
de ser terribles.

   Grandes brazos robustos
con testas fatuas
y prestigiosos bustos
por ser estatuas.

   Clarines para auroras,
dulces leones,
y esperando sus horas
napoleones.

   Jóvenes de quiénes son
garras y dientes:
tened eso y el corazón
para las gentes.

   Agarrad y morded de modo
que al agarrar
vaya algo del salitre y yodo
que da la mar:

   Poned al hierro del combate
hierro de guerra,
que ése es el divino acicate,
hierro de tierra.

   Mas sabed que de amor fragante
Venus es luz;
mas es un divino diamante
Cristo en la Cruz.

   Yo no sé en qué dulce horizonte
nunca he podido separar
a Cristo, en su Cruz en el monte,
y a mi Venus sobre la mar.

(Sem.-Arch. ¿1908?)


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SIN FECHA NI LUGAR PRECISO

Oblación 

Si tuviera dos corazones
yo mandara dos oraciones:
que serían en una, dos:
pues mi corazón, dulce y franco,
no confunde en su fondo blanco
a los dos dioses siendo un dios.


Respuesta al Doctor Debayle.

Nunca ha existido Doctor
crisostómico-parlante,
que aplicara semejante
medicina del amor.

   Y por
virtud tan linda y leal
de tal ciencia peregrina,
diamantina
la alondra alzará su vuelo,
pues le señalas abiertas
tú las puertas
de la esperanza y del cielo.

   ¡Ay, hermano,
soberano
que te vas por todas partes
de las ciencias y las artes,
el corazón en la mano!

   ¡Que en los dos
se cristalice un poema
hecho de aurora suprema
y de voluntad de Dios!

Inclinaba la lora su cabeza…

Inclinaba la lora su cabeza y dos cuentas 
amarillas y negras -sus ojos- iniciaban 
cosas antiguas y misteriosas, hablaban 
de historias anticoloniales y violentas.

Sus patas desgranaban mil chiles y pimientas 
cual las que los correos antiguos masticaban 
y sus pupilas áureas que profundizan lentas 
mirando en lo profundo del alma socavaban.

Alma mía que todas mis ilusiones labras: 
-libro de mi vida- apaciento mis cabras 
queriendo a las divinas y adorando a las feas

y como el gran Guillermo, florecido de ideas, 
como él dijo en su vida: son palabras, palabras, 
yo diré de mi vida: son ideas, ideas.

(Nicaragua, ¿1908?)


Esta mañana vi el lucero…

Esta mañana vi el lucero de la mañana. ¡Ay Dios!

(Nicaragua, ¿1908?)


Amo las carabelas de Cristóbal…

Amo las carabelas de Cristóbal 
porque iban sin rumbo sobre el mar; 
y porque desplegaban blancas velas 
sobre la inmensidad del mar azul.

Galleta dura y pescado podrido
para los héroes fue pan de ilusión; 
y era Catay la esencia de su esencia 
fundiendo en sol lo que era voluntad.

De agua profusa y cielos mentirosos 
hicieron su coraza de esperar; 
sueños de luz y páginas de Antillas

a su hogar dieron esperanza y sol.
El Santo Cristo que estaba a su puerta 
les dio la vida con fe de Dios.

(Océano Atlántico, 1908)


Para una Margarita

En el álbum de Margarita de Lacayo.

Desfile de las margaritas:
las del azul son infinitas
y brillan nocturnas y bellas.
Esas margaritas benditas
son las encantadas estrellas.

   Llenas de místico blancor
y acariciadas siempre por
dulces dedos de enamorados,
revelan la magia de amor
las margaritas de los prados.

   En el hechizo de su oriente,
sobre su nido opalescente,
también por la magia de amar,
sueñan como una flor viviente
las margaritas de la mar.

   Y tú, llena de brillo y fragancia,
mientras néctar Juvencia te escancia,
a tus blancas tocayas imitas;
como aquella princesa de Francia,
Margarita de las margaritas.


Berta

(Improvisación)

Una puerta estaba abierta
por un ángel que pasó.
Se volvió a abrir esa puerta
y fue Berta la que entró.

   Si en la vida hay una hada
que nos dice la verdad,
deja esa puerta cerrada
por toda la eternidad.

   Que vaya en el alba pura
aquella puerta a cerrar;
¡que olvide la cerradura
y eche la llave en el mar!

(El Cardón, 1908)


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ÁLBUMES Y ABANICOS

Madrigal en el abanico de doña Fidelina de Castro

Fidelina
diamantina,
dulce y fina,
mira la
hoja inquieta
que interpreta
al poeta que se va...

(León, 1908)


A María Castro

Eco, por segunda vez,
es
mensajera que adivina,
divina,
los que mi voz extasiada,
hada,
dejaría a tus, encantos
cantos.
    
   Pediría al picaflor
flor,
lo que por flor de mujeres
eres;
a la inglesa Rosalinda
linda,
su encanto en la selva rara,
para
que tu casi infancia encante,
cante,
y borde de primorosas
rosas
lo que la vida te amaga,
maga.
   
   Jasónidas de Jasón
son
los que somos sus marinos
y nos
vamos siempre al ideal,
al
ideal de la Harmonía,
y a
dar a ojos de universos
versos,
y a encantos alabastrinos
trinos.

   Por ti, ideal Odisea
sea,
si ya el amor te convida,
vida.

   Por ti, brillan las estrellas.
Ellas
de tu corazón sabrán,
y han
de darte, en luces, regalos;
y a los
esplendores de su llama, 
ama.

   Con tu cabeza risueña
sueña,
y ten por divisa un astro:
Castro.

(León, 1908)


Abanico de Lola Salazar

Con tu mirada enciendes en las almas
de intenso amor la misteriosa luz,
cual Dios al ver la inmensidad profunda
pobló de estrellas el sagrado azul...
¡Oh niña blanca y adorable y pura,
sois iguales, en esto, Dios y tú!


En el álbum de Victoria Mayorga de Marín

Victoria, el día está triste.
Del cielo brumoso baja
un soplo ardiente. Una rosa
mustia revive en mi alma.

   Flor de recuerdos. Es tuya,
es para tus manos blancas;
quiere un trono: tu corpiño;
quiere una luz: tu mirada.
Quiere ser fresca y purpúrea
la rosa pálida, pálida...

   Si ves que lleva rocío,
puede ser alguna lágrima,
o alguna gota del mar
que tanto surcó mi barca
y en donde mi corazón
echó a las ondas el ancla.


A la Srta. Piedad González

En una Postal.

Cuando nace el dulce
lucero del amor,
amanece el alba,
amanece Dios. 

Para Alice de Bolaños

I –En su abanico

Al dar aire a tu frente
esta ala de armonía
en que la poesía
por ti vibrar se siente,

   sentirás de repente
soplos de simpatía:
será el aura que envía
Centro-América ardiente.

   Serás como el perfume
cálido que resume
algo que en ti se fragua

   y que tu ser duplica:
¡lirio de Nicaragua,
rosa de Costa Rica!

II– En su álbum

Dulce flor,
flor de amor,
cuyo olor
melifica
a New York,
tienes por
Costa Rica
tu primor.

   Y un cantor
hoy publica,
con orgullo vencedor
¡que es un nica
quien se aplica esa tica
superior!

(Hotel Astor, N. Y., 27 de abril, 1908)


******************

1909

• Marzo 6. Cancela contrato con el propietario de la casa que ocupa la Legación, pero esta sigue en el mismo edificio por favor de Mariano Miguel de Val, que cede un cuarto de su apartamento.
Alfonso XIII. Biblioteca Ateneo. Madrid.
El viaje a Nicaragua e Intermezzo Tropical. Biblioteca de Autores Americanos. Madrid.

• Julio 29. Ha llegado a París y desde el museo Víctor Hugo envía una carta a Ricardo Contreras, que también firman Francisco Castro y Luis H. Debayle.

• Diciembre 21. Jóse Santos Zelaya dimite y entrega la presidencia de Nicaragua al Dr. José Madriz.


Vargas Vila en su librería

En su maravillosa vida trabaja quieto.
El reloj da su hora en su tranquilidad.
Pasa un soplo de biblioteca: ya es Bagdad
o Inspruck, o bien algo que habla de Paracleto.

   No sé si, a veces, su verbo ágil al conceto
en su enérgica forma, pasa la Humanidad
en un exceso de pasión o de verdad.
Yo sé que le conozco, le mido y le interpreto.

   Desconfía de los que se apropincuan al daño
de ese querer usual que cariños nos finge,
pues siendo bachiller le doctoró el engaño.

   Así, su amor no corta ni su afecto restringe,
sino cuando tritura muy cuerdamente, al paño,
la ración de miserias con que ayuda a la Esfinge.

(Madrid, 1909)



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1910

Enero. Llega José

Santos Zelaya a Madrid, donde Rubén Darío lo atiende y acompaña hasta París.
Aparece El Poema de Otoño y Otros Poemas. Biblioteca Ateneo de autores americanos. Madrid.
Febrero 25. Renuncia al cargo de Ministro de Nicaragua; pero no se le envían las cartas de retiro.
Peregrinaciones. Segunda edición. Librería de la viuda de Ch. Bouret. París.
Mayo 25. Canto a la Argentina, en La Nación, Buenos Aires.
Junio. El gobierno de Nicaragua lo nombra delegado a la celebración del Grito de Dolores en México.
Agosto 20. Toma el tren en la Estación Saint Lazare, de París para Saint Nazaire.
Agosto 21. Se embarca en el transatlántico La Champagne.
Agosto 23. Llega a La Coruña donde se informa que el Dr. Madriz ya no es presidente de Nicaragua.
Septiembre 2. Llega a La Habana, visita rápida a esa ciudad. Banquete en el Hotel de Inglaterra en su honor.
Sep. 5 La Champagne llega a Veracruz, México. Es invitado Darío a no continuar el viaje a ciudad México. Homenajes populares. Huésped del Hotel Diligencia
Sep. 7 En Jalapa, capital del Estado de Veracruz, es hospedado en el Hotel Juárez.
Sep. 8 Gira a la ciudad de Coatepec.
Sep. 9 Gira al pueblo de Teocelo de Díaz.
Sep. 12 Se embarca para La Habana en La Champagne.
Sep. 14 Desembarca en La Habana y es conducido al Hotel Sevilla.
Octubre 21. Visita la tumba de Julián del Casal con un grupo de intelectuales.
Noviembre.1 Se embarca en el vapor Ipiranga con rumbo a Europa.
Noviembre.2 A fines del mes llega a París.
Noviembre 4. Acuerdo del Secretario de Instrucción Pública de México, Justo Sierra, en favor de Rubén Darío para que estudie los métodos de enseñanza literaria en Francia con el estipendio de quinientos francos mensuales.

  Versos de Año Nuevo

               I

   En estos versos de Año Nuevo
a mis gentiles argentinos
mis viejos cariños renuevo.
¡Que Dios les dore sus destinos!

                 II

   Me pongo a pensar... ¡Era ayer!
Atravesaba el océano
Cónsul general colombiano.
¡Con un soñar!... ¡Y un suponer!

   Mi fámulo era un holandés
de una vida algo más que brava.
Por pirata fue preso en Java
y tenía el alma al revés.

   Se entendía en inglés conmigo;
y para irse de bar en bar,
era un formidable enemigo
de mi equipaje consular.

   Un día, ese escudero ofidio
huyó con mil pesos papel.
No he vuelto a saber más de él.
Debe estar en algún presidio.

   ¡Ah! Yo tenía oro que insufla
fuerza. Mi bolsa no era exigua.
(En asuntos de historia antigua,
Soiza Reilly es una pantufla.)

   Fuera del correr lisonjero
del Pactolo de mi misión,
ya hacía tiempo era minero
en la mina de La Nación.

   Y por una corta faena
crecía la moneda vil.
En Tribuna era yo Anchorena
gracias a un Juan Cancio –al Rothschild–.

   Después, cierto, vino la anemia.
¿Culpa de quién? De mi descuido.
Y obligado fui a hacer un nido
en la floresta de Bohemia.

                 III

   Recordemos. Primero el hado
propicio. Gravedad, cautela.
Mi amigo Rafael Obligado,
Soto y Calvo, Martinto, Oyuela...

   La ingenuidad de mi laurel
y la alegría de mi rito.
Mi confianza con Bartolito,
mis sueños con Julián Martel...

   Mi culto culinario que
hacía la vida más bella.
(¡Oh, tortilla de ostras, aquella
que me revelara Piquet!)

   Luego, un cambio. Duro entrecejo
la suerte me empieza a mostrar.
Y perdí el cargo consular
como cualquier romano viejo.

   Luego hay una tragicomedia,
un idilio. Y el vil metal
amenguaba. ¡Oh, el espectral
y temible señor de Vedia!

   Vivía en mundos irreales,
y para guerra a mis reposos
se imponían los peligrosos
paraísos artificiales.

   Dejé a mis austeros hermanos
en Apolo. Otros horizontes 
busqué... ¡Y allí no había Montes,
ni «Parónimos Castellanos»!

                  IV

   ¡Qué cambio, Dios de Dios! Payró
era mi guía, era mi heraldo.
El terrible efebo Ghiraldo
hecho un Luzbel apareció.

   Kants y Nietzsches y Schopenhauers
ebrios de cerveza y de azur,
iban, gracias al calembour,
a tomarse su chop en Auer’s.

   Yo era fiel al grupo nocturno;
y en honor a cada «amigaso»,
allí llevaba mi Pegaso,
y mi siringa, y mi coturno.

   Paréntesis. El Ateneo.
Vega Belgrano piensa. Ezcurra
discurre. Pedro despanzurra
a Juan. Surge el vocablo feo:

   «Decadente». ¡Qué horror! ¡Qué escándalo!
La peste se ha metido en casa.
¡Y yo soy el culpable, el vándalo!
Quesada ríe. Solar, pasa.

   ¡Yo soy el introductor
de esa literatura aftosa!
Mi verso exige un disector,
y un desinfectante mi prosa.

   Los artistas me gritan: ¡Bravo!,
cuando Groussac se muestra fino.
Y me ayuda a clavar el clavo
el pince-sans-rire Schiaffino.

   Monti, Luzio y Auer’s, son templos.
Allí se excluyen las políticas,
se muestran líricos ejemplos,
vuelan las odas y las críticas.

   Nuestro sabio barón tudesco
nos decía cosas profundas,
y en un lenguaje pintoresco
daba lauros y daba tundas.

   Aparecían por allí
Ambrosetti, y Correa Luna,
ambos poseídos por una
palingenesia calchaquí.

   Berisso, rosado y modesto,
mecenizaba en tal antaño,
sin humillarnos ese gesto,
ni su intimidad con Tamagno.

   Lugones llegó en ese instante,
y empezó a rugir. Escalada
era un gorrión muy elegante
junto a la calandria de Estrada.

   Ojeda era nuestro Beethoven
y su piano daba su cántico.
Y Jaimes Freyre era romántico,
y Leopoldo Díaz, ¡ay!, joven.

   Y en medio de aquella conquista
de un arte flamante notorio,
Ingenieros era anarquista
y José Pardo era tenorio.

   Y hubo un esotérico Américo,
y hubo un hidalgo rococó,
con un buen copain casi esférico:
¡flaco Leoncio, gordo Rouquaud!

   Y era bien nuestro Buenos Aires.
Lo teníamos todo, en fin.
–¿Médico? –Pues Reibel, Martín.
–¿Filósofo? –Pues Carlos Baires.

   El grupo noctámbulo y fiero
leía, en la cueva alemana,
versos góticos de Lutero
hasta el albor de la mañana.

   Se pensó en conquistar el mundo.
Tell nos dio un cisne en vez de un oso.
Se levantó el himno famoso:
«Soussens, hombre triste y profundo...»

   Y escribimos canciones bellas
de libertad y de lirismo,
y nos coronamos de estrellas
y nos salvamos del abismo.

   Y pasaron años. Y tales
se fueron a la muerte. Y otros
pensaron en ser inmortales.
¡Y siempre quedamos Nosotros!

   Y unos quedan extraordinarios,
y otros buenos burgueses son:
papás, doctores, funcionarios,
y otros prosiguen su canción.

   Nierenstein me enseñó el Talmud,
y es hoy un grave catedrático;
Díaz Romero sigue extático
templando su dulce laúd.

                   V

   Y yo ausente, estoy aquí solo;
y apenas miro mi jardín,
siendo esclavo del protocolo,
del galón y del espadín.

   Y bien recuerdo, melancólico,
mis primaveras argentinas,
y aquel existir hiperbólico,
y aquellas mujeres divinas.

   ¡Mi segunda patria de encanto,
en donde soñó el soñador,
en donde he sido triunfador
y en donde se me quiere tanto!

   «Juventud! ¡Divino tesoro!...» ,
canta a veces mi lengua grata,
cuando en ciertas tardes de oro
pienso en el Río de la Plata.

(1 de enero, 1910)


Toisón

Yo soy un semicentauro,
de semblante avieso y duro,
que remedo a Minotauro
y me copio de Epicuro.

   A mi frente agobia un lauro
que predice mi futuro,
y en la vida soy un Tauro
que derriba fuerte muro.

   Yo le canto a Proserpina,
la que quema corazones
en su cálida piscina.

   Soy Satán y soy un Cristo
que agoniza entre ladrones...
¡No comprendo dónde existo!

(París, 1910)


Lo que habla, en el silencio...

A Fabio Fiallo.

Lo que habla, en el silencio de mi vida,
de voz, canción, llamada, trino o queja
no lo oirá ya Desdémona dormida,
porque ya el ruiseñor no está en la reja.

   La esencia de la sangre de mi herida,
el misterio profundo de mi queja,
y lo que puso en mi panal la abeja
mientras parió la leona en su guarida;

   todo lo que hay en mí de complicado,
de pecador sutil o de perverso,
vino de amor o extracto de pecado,

   abarcando en mi afán el universo,
todo eso lo he exprimido y lo he brindado
en sacrificio, inspiración y verso.

(París, 1910)


De simpatía

Princesa, bella Princesa,
¿quién tan linda te crió?,
Quién ese rostro, que expresa
la candidez, buriló,
Princesa, bella Princesa?

   Tienen tus ojos, Divina,
la negrura del lomboy;
la blancura marfilina
del exquisito tampoy
tiene tu carne divina.

   Tu hermosura tropical
simula, bella Dalaga,
la de una flor sin igual;
es cual la tierna sampaga
tu hermosura tropical.

   Tus miradas de pasión
de fulgores encantados,
me hieren el corazón
como el kris de tus soldados:
tus miradas de pasión.

   El eco de tus suspiros
las libélulas dirán
en sus voluptuosos giros,
y mis selvas guardarán
el eco de tus suspiros.

   Copia tu rostro de diosa
la piedad de la oración;
de una dama pudorosa
la dulzura y distinción
copia tu rostro de diosa.

   Con tus gracias seductoras
pasas por sobre la vida,
y seduces y enamoras
y abres suavísima herida
con tus gracias seductoras.

   Cuando cruces tu camino,
que yo regaré de flores,
la lámpara de Aladino
ciñéndote de fulgores
alumbrará tu camino.

   Yo quiero beber tu aliento
y escuchar tu voz sonora,
porque el ritmo de tu acento
me conmueve y me enamora,
y me seduce tu aliento.

   Las delicias del presente
yo cambiara por tu abrazo;
yo cambiara, diligente,
por dormir en tu regazo
las delicias del presente.

   Y después, adormecido,
despertarme tus caricias,
sentir lo que no he sentido,
y gozar de horas propicias
después de haber padecido.

   Cuando te apartes de mí
para tornar a tus lares,
al son de mi kudyapí,
te evocaré en mis cantares,
cuando te apartes de mí.

   En tus labios, que son buenos,
frescos y tiernos y sabios,
como los chicos morenos
quisiera posar mis labios
en tus labios, que son buenos.

(¿1910?)




Apostrofe a México

México: de glorias suma,
de altas empresas dechado;
suelo imperial, fecundado
por sangre de Moctezuma;
jardín que riega de espuma
tu golfo azul y sonoro;
preciado y rico tesoro
que, con sangriento destello,
hirió la frente del bello
Príncipe Barba de Oro.

   Patria de héroes y de vates,
cenáculo de áureas liras;
bravo y terrible en tus iras,
victorioso en tus combates:
si contraria frente abates,
coronas gloriosa frente;
y te levantas potente
y orlado, a la luz del día,
¡como tu Águila bravía
devorando a la Serpiente!

(Septiembre, 1910)


Epigrama a Argüello

Argüello: tu lira «cruje»,
¡y en público, por desgracia!
Santiago: a lo que te truje;
¡menos versos; diplomacia!

(Veracruz, septiembre, 1910)


Clementina Batalla

En el álbum de la
gentil veracruzana,
que en plena primavera 
con la aurora se hermana, 
una rosa quisiera 
dejar, y alguna fina 
perla maravillosa.

Tú tienes en tu almita misteriosa 
una perla divina 
y una divina rosa, 
Clementina.

(Veracruz, México, septiembre, 1910)


A Ramos Martínez

La hora en que se arde París
y en que hay tan divinas vistas
de rosas, de flores de lis
y de cosas de los artistas;

   ese momento singular
para hacer azules empresas,
nos pusimos a contemplar
las estatuas de las princesas.

   El chorro de agua desleía
toda la dulzura del sol,
y en la voz de mi alma venía
lo que me queda de español.

   Era la luz tan blanca y pura
y era el sol tan flaco y tan fiel,
que me dio el alma del pincel
y el secreto de la pintura.

   Y como tu alma vaga y anda
donde el arte sublime asoma,
ya por los muscos de Roma
o pinacotecas de Holanda,

   yo quisiera tener la fe
de ser el vibrante cronista
que dijera esta alma de artista
como Saint-Victor o Gautier.

   Teníamos un sol sonoro,
el mar de un azul imperial:
la onda no tenía sal,
la Catedral era de oro.

   Y cuando la tarde moría,
en los ojos de este pintor
veía yo un nido de amor,
de sueños y melancolía;

   y tenía tanto que ver
y tenía tanto que amar,
fuera ya de ojos de mujer
o fuera de azules de mar,

   que yo no sabría decir,
siendo poeta o siendo amante,
si eran palabras de diamante
o cran palabras de zafir

   las que tenía que poner
en momentos de corazón:
si eran palabras de varón
o eran sollozos de mujer.

   Por vastas comprensiones viertes
lo que hondamente convidas
a los ponientes de las muertes
como a las albas de las vidas.

   Y diluyendo tu crayón
o tu lápiz o tu acuarela
todo lo que ama, lo que vuela,
¡pájaro, lira o corazón!,

   casi se podría decir
si interpretara tu pincel:
cítara, rosa, azul, laurel,
o bien veneno o elixir.

   Porque todos los que cantamos
o interpretamos y queremos
llevar siempre de amor los remos,
queremos entenderte, ¡oh Ramos!

(La Habana, 1910)


Aunque nunca te vi…

Aunque nunca te vi 
Por ti repetiré
¿Connais-tu le pays 
ou fleurit l’oranger?

(La Habana, septiembre, 1910)


La impresión que he tenido…

La impresión que he tenido 
al volver a la tierra cubana 
es la de un país de encanto,
cuya belleza realizan juntamente 
naturaleza y civilización.

(La Habana, 2 de septiembre)


En el álbum de Raquel Catalá

Hoy quiero contarte,
Raquel Catalá,
un cuento de cielo,
de tierra y de mar...
que pasó en Basora,
que pasó en Bagdad,
que pasó en un reino
que yo no sé ya.

   El caballo es negro,
el puente imperial;
las rejas de mármol,
¡y cuánto azahar!...

   Tiempo de cruzada;
tiempo de soñar...
que Hugo amaría
para fabricar,
como joya de oro,
alguna Oriental.

   Ruiseñor azul
se pone a cantar
cerca del orgullo
de un arco triunfal,
que de filigrana
ordenó elevar
Arún-al-Rashid
en gloria de Alá.

   Al próximo bosque
van a trabajar
abejas de oro
en oro y cristal.

   Aquí acaba el prólogo
de este singular
cuento que te cuento,
Raquel Catalá.

   La parte de tierra
va a simbolizar
el negro caballo
que pasa por las
violencias del viento
veloz y fatal,
con todo el impulso
que le supo dar
con su noble sangre
la yegua Al-Borak,
y que en su carrera
conduce a la más
bella niña que
puede uno soñar.

   La parte de cielo
clarificará
el vasto zafiro
de la inmensidad,
donde abre su cola
un pavo real.
Allá arriba hay gloria,
aquí abajo hay paz,
y al dulce cariño
del sol matinal
un alma amorosa
se pone a soñar.

   Y ahora te digo
la parte de mar,
amarga de pena,
de yodo y de sal,
más dulce de blancas
gaviotas que van
tan locas de vida,
de sueño y de azar,
y tan visionarias,
ligeras y tan
de espuma y de nube,
que serían las
lágrimas aladas
de la tempestad.
(Los barcos se fueron.
¡Qué lejos están!
El joven marino,
¿cuándo volverá?...)

   ¡Oh cuánto de pena,
de dicha o de afán,
en verso de oro
de perla y cristal,
cabría en un cuento,
Raquel Catalá!

(La Habana, 1910)


A Mercedes Borrero

Jamás mi alma se encariña
como con lo dulce y suave
que hay en el corazón del ave
y en la sonrisa de la niña.

   Amo en ti lo que ríe y finge
y que, aun siendo tan tierna y buena,
tiene atractivos de sirena,
tentaciones y faz de esfinge.

   Pues en tu sonrisa tan pura
y en las miradas de tus ojos
hay todo un misterio de abrojos
y una eternidad de amargura.

   Cuando te quieres sonreír,
tú das la muerte, amiga mía:
encarnas la Eva sombría
que compendia nuestro existir;

   porque en ti vibra lo que siente,
y los encantos de la hora
que nos da visiones de aurora
y besos de tierra caliente.

   No comprendes de amor las llamas,
pues no comprendes lo que sientes,
mezclando siempre lo que mientes
con lo que aspiras y lo que amas.

   Pero escúchame estos consejos
que escribo para tu alma terca,
porque yo te amo desde cerca
como te amaré desde lejos.

   Guarda como en un relicario
tus ilusiones del amor...
–Toda mujer nos da un Tabor
como también nos da un Calvario.

(La Habana, 1910)


A la hija del Conde Kostia

Cual poniendo un áureo broche,
levanto la copa mía
por el sol de mediodía
que va al sol de medianoche.

(La Habana, septiembre u octubre, 1910)


Bella Cubana

Cuando contemplas, cuando sonríes,
tú no haces nunca que obras preciosas;
cuando sonríes, los colibríes;
cuando contemplas, las mariposas.

   ¿Por qué fecundas y por qué brillas,
siendo la pálida, la misteriosa,
y siendo el lirio, siendo la rosa,
y siendo reina de las Antillas?


A la República Dominicana

                         I

Olor a nardos y olor a rosa,
lo que adivino, lo que distingo,
el sol, los pájaros, la mariposa.
Santo Domingo, Santo Domingo.

   Yo te adivino, yo te distingo
lo que algún día me puedas ser.
Santo Domingo, Santo Domingo,
¡que ya algún día te pueda ver!

   Dios permitiera que yo algún día
llegara a costas que bellas son,
por sus historias, su melodía,
sus entusiasmos y su Colón.

   ¡República Dominicana!
Tú que deberías estar
como una Virgen en su altar,
en toda patria americana!

   Tú, que eres la sublime hermana
que nos dio nuestro despertar,
mereces la voz soberana:
¡toda la tierra y todo el mar!

                          II

   ¡Brillantes, oros y rubíes,
República Dominicana!
Sé cómo orgullosa y ufana
te muestras por bella, y sonríes.

   Tienes para tus hombres fieros,
para tus mujeres huríes,
las palmas de los cocoteros,
las alas de los colibríes.

   Santo Domingo, vio una vela
allí, en la Academia, Platón,
y eso anunció la carabela
que llevó a tu tierra Colón.


A nosotros noche de tierra 

A María Amblard

María Amblard de Pichardo
tan cubana y española
que concentra en ella sola
sangre y verso de su Bardo

Quiera aceptar por su sol
y por lo que yo en ella piense
una flor nicaragüense
en un búcaro español.

(Madrid, marzo, 1910)


Pues que naciste bella…

Pues que naciste bella, carga tu cruz de flores,
Yérguete con la augusta soberbia de una diosa,
Sé vivaz, sé rosada, sé altiva y caprichosa,
Sufre, y pues morir tienes, muere de mal de amores.
Carga tu cruz y sufre de amorosos dolores,
En primavera cumple tu obligación de rosa,
Con la frente en el verso y los pies en la prosa,
Guarda en tu propio pecho las lágrimas que llores.
Sé avara de tu llanto pues las penas consumen.
Que las alegres brisas los labios te perfumen
Y los amargos duelos huyan lejos de ti.
No entregues tus abriles a los pesares tercos,
No eches tus margaritas al festín de los puercos,
Y en medio de tus triunfos acuérdate de mí.

(1910)


*******************************

1911

Marzo 20. Contrato con los hermanos Alfredo y Armando Guido para publicar las revistas mensuales Mundial y Elegancias.
Mayo 5 Circula el primer número de las revistas Mundial y Elegancias con el nombre de Rubén Darío como director literario.
Mayo Aparece Letras. Garnier Hnos. París.
Julio Muere el ministro de Nicaragua en Francia, Crisanto Medina.
Sept. ¿2? Viaje a Hamburgo, Alemania, invitado por Fabio Fiallo, poeta dominicano y cónsul en aquella ciudad.
Noviembre 21 Muere en León de Nicaragua doña Bernarda Sarmiento de Ramírez, quien hizo de madre de Rubén Darío.


Balada Laudatoria

A don Ramón María del Valle-Inclán

Del país del sueño, tinieblas, brillos,
donde crecen plantas, flores extrañas,
entre los escombros de los castillos,
junto a las laderas de las montañas;
donde los pastores en sus cabañas
rezan, cuando al fuego dormita el can,
y donde las sombras antiguas van
por cuevas de lobos y de raposas,
ha traído cosas muy misteriosas
Don Ramón María del Valle-Inclán.

   Cosas misteriosas, trágicas, raras,
de cuentos obscuros de los antaños,
de amores terribles, crímenes, daños,
como entre vapores de solfataras.
Caras sanguinarias, pálidas caras,
gritos ululantes, pena y afán,
infaustos hechizos, aves que van
bajo la amenaza del gerifalte,
dice en versos ricos de oro y esmalte
Don Ramón María del Valle-Inclán.

   Sus aprobaciones diera el gran Will
y sus alabanzas el gran Miguel
a quien ya nos cuenta cuentos de Abril
o poemas llenos de sangre y hiel.
para él la palma con el laurel
que en manos de España listos están,
pues mil nobles lenguas diciendo van
que han sido ganados en buena lid
por el otro manco que hay en Madrid:
Don Ramón María del Valle-Inclán.

                            ENVÍO
   
   Señor, que en Galicia tuviste cuna:
mis dos manos estas llores te dan
amadas de Apolo y de la Luna,
cuya sacra influencia siempre nos una,
Don Ramón María del Valle-Inclán.

(España, 1911)


Balada en loor del «Gilles» de Watteau

A La Señora Doña Juana de Lugones

Señora, en ese Louvre en donde
al Arte celebra su fiesta
al son de una invisible orquesta,
más de un misterio azul se esconde.
¿El supremo es el que responde
al nombre de la que pintó
en Florencia floral, quien dio
a Lisa fugada su encanto?
Pudiera ser; mas, entre tanto,
saludo al Gilles de Watteau.

   ¿En dónde le he visto? ¿Al confín
de un vergel de Francia? Lo creo.
Mas, todo blanco, errar le veo
al crepúsculo del jardín...
Un supraterrestre violín
en sueño terrestre encantó.
Y un ensueño he tenido yo,
pasado, bello, extraordinario:
en la grupa de un Sagitario,
raptado, el Gilles de Watteau.

   Lejos, en un país que adoro,
vi a Gil, a eco de serenata,
cortar margaritas de plata
en unas montañas de oro...
Tenía un divino tesoro
que en feliz instante encontró,
buscador de lo que buscó
en alguna mina muy honda...
Mas ¿fue Rosalinda, o Gioconda?
No, que era el Gilles de Watteau.

   Más espíritu que materia,
en su siglo azur, sangre y rosa,
albo en la corbeille primorosa
surgió este lirio de la feria.
Después, la testa de una Imperia
junto con su imperio cayó...
¿Lloraron sones de Rameau?
¿Quién del duelo vertió la urna?
En melancolía nocturna
pasaba el Gilles de Watteau.

                        ENVÍO

Reina de un rey por quien se inclina
el Olimpo en que oficio yo:
hay algo que el gran Louvre mina:
¡es la República Argentina
que tiene el Gilles de Watteau!

(París, 1911)


A Guicho

A mi hijo muy querido,
Rubén Darío Sánchez:
que guarde mi recuerdo
y agregue algo a mi nombre.

(París, 30 de abril, 1911)


Leyendo “Oro de Alquimia”*

Debe ser un antiguo monje que en el moderno 
siglo del aeroplano y la electricidad, 
descifra áureos problemas con un rigor eterno 
de fina contextura y voluptuosidad.

Evoca a Claudio Frollo, y vive en sempiterno 
sigilo sobre un viejo libro de cristiandad, 
y copia garabatos al margen de un infierno 
de lascivia, que tiene en su alforja de Abad.

Juzgo, que en el lejano tiempo se oirá este irónico 
cantor, que supo huirle al clavicondio afónico 
de las majaderías del frívolo Stambul;

Pasarán sus canciones como un rumor oceánico 
ante los ojos agrios donde hubo puesto pánico 
el aletear sonoro de su bandera azul.

15 de agosto, 1911.

*“Oro de Alquimia” fue escrito por A. Fernández García de Venezuela.


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ÁLBUMES Y ABANICOS

En el abanico de Atala Fiallo

¡Atala en flor! Ama a Fabio.
Amale profundamente:
con el lirio de tu frente,
con la rosa de tu labio.

   Ten para él, dulces e intactas,
fe y esperanza. Él te adora,
Tú eres lucero de aurora
y aun no ha aparecido Chactas...


Souvenir

A Atala Fiallo, en un pañuelilo de seda.

Atala douce fleur des blés, o douce fleur
d’adolescence, toute amour, toute douceur,
souviens-toi de ce vers que de mes lèvres tombe.
–Fais dans le bois de Dieu ton devoir de colombe!

(Hamburgo, 1911)


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1912

• Abril. Banquete en el Café Riche, ofrecido por Alfredo Guido, gerente de Mundial, a Rubén Darío, con motivo del viaje a España y América en propaganda de la revista.
Abril 27. “Se inicia el viaje de Mundial” van Rubén Darío, Alfredo Guido, Javier Bueno, cronista, y el fotógrafo Boyer.
Abril 28. En Barcelona. Caluroso recibimiento. En los días siguientes se ofrecen a Darío diversos homenajes.
Mayo. Llega a Madrid. Homenaje del Ateneo. Discursos de Jacinto Benavente y Joaquín López Barbadillo.
Mayo 20. Lisboa. Gran recepción en la Legación de Nicaragua.
Junio 4. En el transatlántico Hollandia llega a Río Janeiro. Entrevista con el presidente de la República, Mariscal Hermes de Fonseca. Homenaje de la Academia Brasileña.
Junio 17. Conferencia sobre Joaquín Nabuco.
Junio. Visita a la ciudad de San Pablo.
Junio 28. En el barco Frisia llega a Montevideo. Cálido recibimiento.
Julio 10. Visita al presidente de la República Oriental del Uruguay, José Battle Ordóñez.
Julio 11. Conferencia sobre Julio Herrera y Reissig.
Julio 17. Gran homenaje del Ateneo de Montevideo.
Julio 22. Gran homenaje en el Teatro Urquiza.
Julio 27. Segunda conferencia, en el Teatro Urquiza, sobre”De poesías y recuerdos”.
Julio 29. En San José, conferencia en el Teatro Macció.
Agosto 1º. En Salto, conferencia en el Teatro Larrañaga. Fue una lectura de poemas.
Agosto 3. En Paysandú.
Agosto 6. Conferencia en el Teatro Progreso, de Paysandú.
Agosto 7. Se embarca para Buenos Aires.
Agosto 8. Recibimiento en Buenos Aires por una muchedumbre entusiasta.
Agosto 17. Banquete ofrecido por Enrique García Velloso.
Agosto 27. Audiencia con el presidente de Argentina, Dr. Roque Sáenz Peña
Sep. 1º. Conferencia en el Teatro Odeón, sobre Mitre y las letras.
Sep.-Oct. Dicta La vida de Rubén Darío escrita por él mismo, para Caras y Caretas.
Octubre 5. Se embarca en el buque Zelandia para Europa.
Octubre 6. El Zelandia hace escala en Montevideo. Visita a Delmira Agustini y posible encuentro de José Enrique Rodó.
Octubre ¿20?. Llega a París.
Diciembre 20. Banquete de la intelectualidad francesa en el Café Voltaire.


Fioretti

Una dama sale de misa.
¿Es una devota?... Quizá...
Aunque se muestra, en su sonrisa,
con un poco de Monna Lisa
un mucho de Monná Delzá.

   Es una dama algo morena.
(¡Cuán lejos Manzana de Anís!)
Una parisiense agarena,
una mágica Hurí del Sena,
Scheherezada de París.

   La voy siguiendo, paso a paso,
desde la iglesia en que la vi,
repitiendo mi Garcilaso,
y con Musset soñando, acaso,
une Andalouse au sein bruni.
O con “Théo, el sibarita,
à Mademoiselle Maupin...
La fina mano al beso invita.
En la pila de agua bendita
quedó un relente de Lubin.

   Esa picante feligresa
¿qué le diría al confesor?
¡Cuál penitencia a la diablesa
en cuya alma de silfo pesa
pecadora carga de amor!

   El arrepentimiento vuela
con el deseo; y al volar,
no van a encender una vela
a Santiago de Compostela,
sino a Pau, Biarritz, o Dinard.

   Y la coqueta no se aflige
por homilía ni sermón;
y no piensa si se corrige,
mas si de Fouquières dirige
el esperado cotillón.

   Rezó su oración en voz queda
cuando la absolvió el confesor;
pero después, poco se veda...
Pecaditos de rosa y seda,
¿qué mal te van a hacer, Señor?

   A bailar, feligresa buena,
en el próximo cotillón;
y si el temor de errar te apena,
puedes rezar una novena
al gentil San Pascual Bailón.

(París, abril 1912)


Spes

En memoria de Mademoiselle Anne-Marie Heber García.

La niña de los ojos azules ha partido
al alba del amor;
como la rosa de Malherbe, ella ha vivido
la vida de una flor.

Dejó el fuego fugaz la dulce adolescencia
al influjo mortal,
¡y se fue hacia el azul, como se va la esencia
del pomo de cristal!

   Tal las almas se van sin oír nuestro grito
ni escuchar nuestro adiós,
y se echan a volar, buscando el infinito,
esas aves de Dios.

   Mas la esperanza muestra el sol de un nuevo día
de divina verdad;
¡y así, al morir aquí, la tierna Ana María
nace en la eternidad!

(París, 1912)


Tríptico de Nicaragua

       I.–Los Bufones

Recuerdo, allá en la casa familiar, dos enanos
como los de Velázquez. El uno, varón, era
llamado «el Capitán». Su vieja compañera
era su madre. Y ambos parecían hermanos.

   Tenían de peleles, de espectros, de gusanos;
él cojeaba, era bizco, ponía cara fiera;
fabricaba muñecos y figuras de cera
con sus chicas, horribles y regordetas manos.

   También fingía ser obispo y bendecía;
predicaba sermones de endemoniado enredo
y rezaba contrito páter y avemaría.

   Luego, enano y enana se retiraban quedo;
y en tanto que la gente hacendada reía,
yo, silencioso, en un rincón, tenía miedo.

                     II.–Eros

Es en mi juventud, mi juventud que juega
con versos e ilusiones, espada de oro al cinto;
hay en mi mente un sueño siempre vario y distinto,
y mi espíritu ágil al acaso se entrega...

   En cada mujer miro como una ninfa griega;
en poemas sonoros sus frescas gracias pinto;
y esto pasa al amor del puerto de Corinto,
o en la rica en naranjas de almíbar, Chinandega.

   ¡Tiempo lejano ya! Más aún veo azahares
en los naranjos verdes, impregnados de aromas:
o las viejas fragatas que llegan de los mares

   lejanos; o el icaco, o tupidos manglares;
o tú, rostro adorado en ese tiempo, asomas
con primeros amores y primeros pesares.

                         III.–Terremoto

Madrugada. En silencio reposa la gran villa
donde de niño supe de cuentos y consejas,
o asistí a serenatas de amor junto a las rejas
de alguna novia bella, timorata y sencilla.

   El cielo lleno de constelaciones brilla,
y su oriente disputan suaves luces bermejas.
De pronto, un terremoto mueve las casas viejas
y la gente en los patios y calles se arrodilla

   medio desnuda, y clama: «¡Santo Dios! ¡Santo fuerte!
¡Santo inmortal!» La tierra tiembla a cada momento.
¡Algo de apocalíptico mano invisible vierte!...

   La atmósfera es pesada como plomo. No hay viento.
Y se diría que ha pasado la Muerte
ante la impasibilidad del firmamento.

(1912)


A Lucía

Epitalamio a una hija de París que va a Nicaragua.

                              I

Brilla en tu alma una estrella nórdicamente pura
y en la blanca beldad de tu egregia escultura
una maravillosa virtud de amor se fragua
que ha encendido una chispa del sol de Nicaragua.

   Que bendecida sea la parisiense hermosa
que hechizará allá lejos, como una rubia hada,
al picaflor de fuego y a la garza de rosa
con el místico azul de su tierna mirada.

   Entre vivas fragancias tendrás a Pan sumiso;
por ti será más bello el lago de cristal,
la aurora de mi tierra, ave del paraíso,
y el poniente del trópico un gran pavo real.

   Entre vivas fragancias estará tu fragancia;
y para el hombre noble que por ti cruzó el mar
llevarás allá lejos, dulce niña de Francia,
tu corazón de rosa y tu alma de azahar.

                            II

Norte puro y belleza nórdicamente pura,
Sabiendo la beldad de tu egregia escultura
Y de la maravilla que en tus ojos se fragua,
Déjame saludarte, hija de Nicaragua.

Yo querría que fuera en francés mi saludo;
pero ya ante tus vates me reconcentro mudo.
Yo sé hablar en la lengua de mi voz familiar,
la que es pan, agua, sal y llama del hogar.

¿Sabes tú el corazón que te busca y prefiere?
En nuestra tierra, el beso, cuando se inicia, hiere.
No sería pedirte una cosa quimérica
juntar tu amor de Francia a nuestro amor de América.*

Tenemos frases, besos, y misterios y halagos,
que dicen nuestras dudas y palabras y afanes;
más que tienen el alma de nuestros dulces lagos
y el verso hecho de llamas que dan nuestros volcanes.

   Sí, gentil digna niña hija de Francia:
para el hombre que viene de más allá del mar…
cualquiera rosa lleva su fragancia
a donde tenga que aromar y amar.

(París, 1912)

*Esta estrofa no se incluye en otras ediciones posteriores
(Círculo de Lectores, Barcelona 2007).


Brindis a Rusiñol

Gloria al buen catalán que hizo a la luz sumisa
–jardinero de ideas, jardinero de sol–,
¡y al pincel, y a la pluma, y a la barba y la risa
con que nos hace alegre la vida Rusiñol!

(Barcelona, 1912)


Todo lo que enigmático destino...

Todo lo que enigmático destino
ponga de duro, o ponga de contrario
al paso del poeta peregrino:

   flecha de tenebroso sagitario,
insulto de sayón, o golpe rudo,
caída en el camino del Calvario,

   lo resiste quien lleva por escudo,
tranquilo y fuerte en la gloria del día
y con el sueño azul en la cabeza,
la devoción de la Alta Poesía
y de Nuestra Señora la Belleza.

(Madrid,Mayo 1912)


Montevideo

Montevideo, copa de plata,
llena de encantos y de primores.
Flor de ciudades, ciudad de flores,
de cielos mágicos y tierra grata.

   Tus bravos héroes la Historia acata.
Fervientes líricos dieron loores
a los centauros y a los pastores
cuyas proezas recuerda el Plata.

   Y ese tesoro de ritmo y gracia,
rosas del pueblo, o aristocracia
que en tus mujeres divinas veo,

   ¡son, con sus almas de poesía, 
de tu corona la pedrería,
maravillosa Montevideo!

(Estío, 1912)

Galantería

¿Las mujeres argentinas?
Son divinas.
Pero las del Uruguay,
...¡ay!

(Salto, Uruguay, 31de julio, 1912)


A María Magdalena

Se siempre, dulce y buena, María Magdalena, 
y evita toda pena
a aquél que llegue un día
a amarte Magdalena y a adorarte María.

(4 de agosto, 1912)


Concreción de un jardín de amores…

Concreción de un jardín de amores, 
Con tu faz de querubín serio, 
Cual si supieses el misterio 
De la humana flor de las flores;

Pronto entrarás en la estación 
En que tu intuición adivine
A Dios, cuando el pájaro trine, 
O palpite tu corazón.

Adivinando a Dios y al dios
Que en tu mente y en tus sentidos 
Por el dulce enigma de dos 
Te de el secreto de los nidos,

Seas emperatriz futura
Y un corazón sea tu imperio, 
Por la beldad de tu ternura 
Y el cetro de tu cautiverio.

(Buenos Aires, octubre, 1912)


Español

Yo siempre fui, por alma y por cabeza,
español de conciencia, obra y deseo,
y yo nada concibo y nada veo
sino español por mi naturaleza.

   Con la España que acaba y la que empieza,
canto y auguro, profetizo y creo,
pues Hércules allí fue como Orfeo.
Ser español es timbre de nobleza.

   Y español soy por la lengua divina,
por voluntad de mi sentir vibrante, 
alma de rosa en corazón de encina; 
quiero ser quien anuncia y adivina,

que viene de la pampa y la montaña: 
eco de raza, aliento que culmina,
con dos pueblos que dicen: ¡Viva España! 
y ¡Viva la República Argentina!

(Buenos Aires, noviembre, 1912)


Balada en elogio del poeta Eugenio Díaz Romero

Blasón de azul, rosas de plata,
rimas ricas, locuras bellas,
flauta que hace aires y querellas
como fuente que se desata.
Cosas de París y del Plata.
de trovador y caballero;
pensar sutil, decir sincero,
noble talante y alma pura:
expresaría esta figura
el poeta Díaz Romero.

   Cuando, la mejilla en la mano,
como un Alfredo de Musset,
se asemeja a aquel hombre que
«se parece como un hermano»,
se creería ligero y vano
Tenorio de talante fiero.
Él es suave Tenorio; pero
divagando en sus universos,
se pierde en musicales versos
el poeta Díaz Romero.

   Amigo de mil gratas horas,
sin falsías y sin reproches,
hemos soñado muchas noches
y vivido muchas auroras
Díaz Romero, que atesoras
alma clara, espíritu entero,
tan delicado como austero,
y, en el fondo, un alma de niño,
siempre serás en mi cariño
el poeta Díaz Romero.

                  ENVÍO

Amigo, ni esquivo ni austero
recibas esto que a tu fuero
dedico, pura y simplemente:
A mi antiguo amigo incipiente,
el poeta Díaz Romero.

(Buenos Aires, 1912)


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SIN LUGAR Y SIN FECHA PRESISA

Balada sobre la sencillez de las rosas perfectas

A la señorita Carmen de S. Concha.

Esta visión de sonrosado encanto,
floral ternura de mil gracias llena,
¿la he visto yo cubierta con el manto
que Dios conoce, en la mujer chilena?
¿En miniatura de historia agarena?
¿En medieval poema iluminado?
¿Bajo el azul, en una flor del prado,
o en una infanta de cortes fastuosas?
Yo no lo sé; pero en ella he encontrado
la sencillez de las perfectas rosas.

   Celebrad prestigiosas Scherezadas,
llenas de hechizos miliunanochescos;
dad vuestros versos a huríes y hadas
o a reinas de otros reinos pintorescos.
Noble visión hay en templos y frescos
para loor de mil divinas cosas
que se han vivido o se han imaginado;
mas nada que a esto sea comparado:
la sencillez de las perfectas rosas.

   Puede la orquídea, hecha sueño o delirio,
ser flor fatal que casi piensa y anda;
puede encantar con su blancor el lirio
y con su broche el tulipán de Holanda.
Ritmo latino, flor de Italia escanda;
copla española, el clavel encarnado;
y que en David la amada y el amado
sean un sueño a vírgenes y esposas:
todo ello encierra haber aquí cantado
la sencillez de las perfectas rosas.

                           ENVÍO

Carmen: el tiempo vuela apresurado;
mas se oiría algún pájaro encantado,
como en hagiografías deleitosas
donde hay un monje lírico extasiado,
cuando en tu rostro se haya contemplado
la sencillez de las perfectas rosas.

(¿1912?)


Balada en honor de Eugenio Garzón

Estos versos amables van
por quien América se tasa
noblemente en la noble casa
de Calmette y Villemessant.
Bella tarea y bello afán
por quien ha sido un gran señor
conservando nuestro esplendor
y haciéndonos la vida grata;
¡para el Mosquetero del Plata,
bien viene la Legión de Honor!

   ¿Quién ha podido así juntar
–ya acuarela, o línea, o estampa–
cosas de su divina Pampa
con cosas del río y del mar?
¿Juntar, obrar y divagar,
dando alegría y esplendor,
junto al amistoso calor
que nos hace la vida grata...?
¡Para el Mosquetero del Plata,
bien viene la Legión de Honor!

   Venga el día en que se presente
para mostrar su digno rango
algún minué que sea tango
que imponga nuestro Continente.
No habrá necesidad ingente
que nos escatime un favor.
Lutecia nos amará por
lo que nuestra alma se desata:
¡Para el Mosquetero del Plata,
bien viene la Legión de Honor!

   Hijo de aquel prócer de gesta
que le dejó, con su apellido,
mayor título que ha tenido
rey de fuerza o persona honesta,
merece que esté ahora, en esta
hora de claridad y amor,
quien le repita al triunfador
con rima que le sea grata:
¡Para el Mosquetero del Plata,
bien viene la Legión de Honor!

                    ENVÍO

Príncipe: ahora nos delata
un antiguo y sincero amor.
¡Para el Mosquetero del Plata,
bien viene la Legión de Honor!

A D’halmar

Como Píndaro tiende, hacia el viento que sopla,
la vela de su nave, que es una carabela
de Cortés, por audaz, y de Constantinopla,
de París y de la india. Su palabra que vuela

   sutilmente, recuerda la más cálida copla
de España. Su ascendencia un gran misterio vela.
¡Quién sabe cuál caballo dominó su manopla!
¡Quién sabe los encantos que su sonrisa anhela!

   Encaneció muy joven; vivió su hora intensa,
ebrio de hallar su vida, por tan humana, inmensa;
y, adolescente, supo de las iras del Mar.

   Por eso, cuando muera, dirá la Fama: ¡«Nunca
fue una vida tan bella, a pesar de ser trunca,
como esta del gran nómada, Don Augusto d’Halmar!»


A un poeta

Te recomiendo a ti, mi poeta amigo,
que comprendas mañana mi profundo cariño,
y que escuches mi voz en la voz de mi niño,
y que aceptes la hostia en la virtud del trigo.

   Sabe que, cuando muera, yo te escucho y te sigo:
que si haces bien, te aplaudo; que si haces mal, te riño;
si soy lira, te canto; si cíngulo, te ciño;
si en tu cerebro, seso, y si en tu vientre, ombligo.

   Y comprende que en el don de la pura vida,
que no se puede dar manca ni dividida
para los que creemos que hay algo supremo,

   yo me pongo a esperar a la esperanza ida,
y conduzco entre tanto la barca de mi vida;
Caronte es el piloto, mas yo dirijo el remo.


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1913

Abril 24 “La canción de los osos”, en Mundial, N° 24.
Julio 8 “José Martí, poeta”, en La Nación, Buenos Aires.
Octubre 23 Sale de París para Marsella.
Octubre 25 Se embarca en Marsella para Mallorca.
Octubre 27 En Valldemosa, Mallorca, huésped de la familia Sureda.
Nov. - Dic. Escribe “Oro de Mallorca”, “La Cartuja” y “Los motivos del lobo”.
Diciembre 26. Se embarca en el Jaime I, en viaje de Palma de Mallorca a Barcelona.


Babyhood

A Julia Beatriz Berisso

Concreción de un jardín de amores,
con tu faz de querubín serio,
cual si supieras el misterio
de la humana flor de las flores;

   pronto estarás en la estación
en que tu intuición adivine
a Dios, cuando el pájaro trine
o palpite tu corazón,

   adivinando a Dios, o al dios
que en tu mente y en tus sentidos,
por el dulce enigma de dos,
te dé el secreto de los nidos.

   Seas emperatriz futura
y un corazón sea tu imperio,
por la beldad de tu ternura
y el cetro de tu cautiverio.

   Y versos dulces sean dichos,
en donde trisquen halagüeños
los cervatillos de tus sueños
con las corazas de tus caprichos.

   Y huelle tu talón de rosa
la arena de oro perfumado
por los ungüentos de la Esposa
en los jardines del Amado.

(1913)


Por ti te brindo mi calor...

A Fernán Félix de Amador

Por ti te brindo mi calor
y por ti te brindo mi amor
cual el de Francisco de Asís;
mi flor de lis.

   Aquí se fabricó el primor
que era casi un grano de anís
cuando te confesaba el prior...
Estima esta flor de lis.

   ¡Maravilla de rubia esfera
en exhalación semejante!
Apreciaste lo del gigante,
y –aurora de tu cabellera–
apenas la antorcha que espera...

(París, ¿1913?)


Lirios

Lirio cárdeno,
lirio blanco,
lirio azul...
Llaga vívida,
llorar casto, 
santa luz...

(París, ¿1913?)


Los Olivos

 A Juan Sureda.

                                       I

Los olivos que tu Pilar pintó, son ciertos.
Son paganos, cristianos y modernos olivos,
que guardan los secretos deseos de los muertos
con gestos, voluntades y ademanes de vivos.

   Se han juntado a la tierra, porque es carne de tierra
su carne; y tienen brazos y tienen vientre y boca
que lucha por decir el enigma que encierra
su ademán vegetal o su querer de roca.

   En los Getsemaníes que en la Isla de Oro
fingen, en torturada pasividad eterna,
se ve una muchedumbre que haya escuchado un coro
o que acaba de hallar l’agua de una cisterna.

   Ni Gustavo Doré miró estas maravillas,
ni se puede pintar como Aurora Dupin
con incomodidad, con prosa y con rencillas,
lo que bien comprendía el divino Chopin...

   Los olivos que están aquí, son los olivos
que desde las prístinas estaciones están
y que vieron danzar los Faunos y los chivos
que seguían el movimiento que dio Pan.

   Los olivos que están aquí, los ejercicios
vieron de los que daban la muerte con las piedras.
y miraron pasar los cortejos fenicios
como nupcias romanas coronadas de hiedras.

   Mas sobre toda aquesa usual arqueología,
vosotros, cuyo tronco y cuyas ramas son
hechos de la sonora y divina armonía
que puso en vuestro torno Publio Ovidio Nasón.

   No hay religión o las hay todas por vosotros.
Las Américas rojas y las Asias distantes
llevan sus dioses en los tropeles de potros
o las rituales caminatas de elefantes.

   Que buscando lo angosto de la eterna Esperanza,
nos ofrece el naciente de una inmediata aurora,
con lo que todo quiere y lo que nada alcanza,
que es la fe y la esperanza y lo que nada implora.

(Valldemosa. Mallorca. Octubre, 1913)


Sueños

A Miguel Moya

El pinar está a mi lado.
¡Oh dulzura del pinar!
El pinar está a mi lado:
¡cuántas cosas me ha contado
que no puedo revelar!

   ¡Oh pinar suave y sombrío
que produces dulce son!
Son de espumas, son de río;
son amable al sueño mío;
son de sueño y corazón.

   He soñado historia y brillo,
armas, glorias y poder;
fui señor de horca y cuchillo
al amparo del castillo,
del castillo de Bellver.

   Y las hojas de los pinos
daban sombra a mi soñar;
pinos llenos de los trinos
de los pájaros divinos
que encantaban el pinar.

   Luz antigua. Velas rojas.
Velas blancas. Bruma. Sol.
¿Qué murmuran estas hojas
del pinar en español?

   Van marcados los destinos,
siempre siglo, norma o fin.
Tú recibe de los pinos
Do de pur pi, en mallorquín.


Estrofas de Mallorca

      I.– A Micaela Moner

   Ama lo que en la vida
es la vida de dos:
una luz encendida
por la mano de Dios.

          II.–A Tona Moya

   Donde naciera Raimundo
Lulio, apareció una flor
que dio perfume y color
a los jardines del mundo.

III.–A Antonia Quintana

   No valen los antojos
y toda frase es vana
delante de tus ojos,
Antoñita Quintana.

(Valldemosa, 1913)


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1914

Enero. Encuentro con su hijo Rubén Darío Contreras en el Hotel Colón, de Barcelona.
¿Febrero? Se traslada a París para solucionar las diferencias con los editoresde Mundial.
Mayo Vuelve a Barcelona y se instala en la Calle Tiziano, 16.
Mayo Aparece Canto a la Argentina y Otros Poemas.
Junio Empieza a publicar la Biblioteca Corona, la serie Muy Siglo Dieciocho, Muy antiguo y muy moderno y Una sed de ilusiones infinita.
Mayo 22 Su familla llega de París.
Julio Llega a Barcelona Alejandro Bermúdez y visita a Darío.
Octubre 25 Se embarca en el Antonio López con Alejandro Bermúdez y Juan Huertas Hervás.
Octubre 29 En Cádiz.
Noviembre 12 Llega a Nueva York.



A Rubencito* 

                     I

Puesto que crees en Dios, hijo mío, retiene
lo que hay en la profunda voluntad de infinito, 
que el dolor o el amor nos explica en el grito, 
que en el suspiro espera o que en el llanto viene.

   No aguardes que el inmenso clarín de oro truene; 
a las nupcias del cielo con mis versos te invito, 
no oigas a la faunesa que te lanza su grito, 
ni al fauno extraordinario que su siringa suene.

   Pero marcha, hijo mío, con tu flauta y tu lira 
a donde Dios te llame y tu flauta te lleve, 
lo que el Amor te dé y la Vida te inspira.

   Haz tus versos de noche, haz, tus versos de nieve; 
tú tienes el poder de la lengua y la lira 
con el dáctilo dúctil y con la danza leve...

                          II

   Vive, vibra, fuerte y suave, 
todo conciencia y corazón; 
te aconsejo ser un león, 
pero con tus alas de ave.

   De tal modo que sin reproche 
y lleno de tu poesía, 
tengas tu estrella blanca al día 
y constelaciones de noche.

   Y que por mente y corazón, 
encuentres al amanecer 
la estrella de Lucifer, 
otra estrella del corazón.

   Y que pues la suerte convida 
a vivir, tengas por vivir 
la voluntad de existir 
con la belleza de la vida.

   Y pues que tienes una estrella 
que te ha encontrado la virtud 
de perpetuar tu juventud, 
toda grande y toda bella,

   y sabes quererte y conservarte, 
ten fragancia y ten conciencia, 
y oye el secreto de la ciencia 
que tiene la virtud del Arte...

                                             III

   Puesto que tú me dices que eres mi hijo, ¡hijo mío!, 
y tienes fe en mis lirios y confianza en mis rosas,
voy a confiarte ideas, voy a decirte cosas, 
y amarás grandemente a tu Rubén Darío.

   Tú comprendes mis versos e interpretas mis prosas, 
y las aguas que corren en mi profundo río, 
y, así, cuando te hable de las Musas hermosas 
seme profundamente y eternamente mío.

   Algo de la ilusión, algo del pensamiento, 
algo del corazón, algo del sentimiento,
de las cosas que son, de las cosas que siento,

   lo que he visto en la tierra, lo que oí en el mar, 
lo que puedo ofrecer, lo que brinde mi aliento 
y lo que en mi palabra te pueda yo ofrendar.

(Barcelona, enero, 1914)

* Ese mismo poema aparece en otras ediciones con menos estrofas e intitulado Puesto que tú me dices… (Editorial Aguilar 1967). Evidentemente es dedicado a Rubén Darío Contreras, hijo del poeta con Rafaela Contreras “Stella”.


La Victoria de Samotracia

La cabeza abolida aun dice el día sacro
en que, al viento del triunfo, las multitudes plenas
desfilaron ardientes delante el simulacro
que hizo hervir a los griegos en las calles de Atenas.
   Esta egregia figura no tiene ojos y mira;
no tiene boca, y lanza el más supremo grito;
no tiene brazos y hace vibrar toda la lira,
¡y las alas pentélicas abarcan lo infinito!

(Barcelona, 21de ener,1914)


Antonio de Hoyos y Vinent 

Pueril y ampuloso, como un César romano,
la esmeralda manchando el marfil de su mano,
–tal un exvoto sobre un campo de armiño–,
de Nerón tiene el vicio con el gesto de un niño.


A Ricardo Pérez Alfonseca 

La Gloria será tuya si tu alma retiene
lo que está en la profunda voluntad de infinito
que el Amor o el Dolor nos explica en el grito
que en el suspiro espera o que en el llanto viene.

   No aguardes que el inmenso clarín de oro truene:
a las nupcias del Cielo con mis versos te invito...
¡Que en tus jardines nunca perfume lo maldito,
ni oigas al Fauno-Diablo que su siringa suene!

   Pero marcha, Poeta, con tu flauta y tu lira
a donde Dios te llame y tu instinto te lleve;
y meditando en lo que la Vida te inspira

   haz tus versos de noche, haz tus versos de nieve;
dilucida en la aurora y en la tarde suspira,
con el dáctilo dúctil y con la danza leve.

(París, 1914)


Vive, vibra…

Vive, vibra, fuerte y suave,
todo conciencia y corazón;
te aconsejo ser un león,
pero con tus alas de ave.

   De tal modo, que sin reproche
y lleno de tu poesía,
tengas tu estrella blanca al día
y constelaciones de noche.

   Y que por mente y corazón
encuentres al amanecer,
con la estrella de Lucifer,
otra estrella del corazón.

   Y que pues la suerte convida
a vivir, tengas por vivir
la voluntad del existir
con la belleza de la vida.

   Y pues que tienes una estrella
que te ha encontrado la virtud
de perpetuar tu juventud,
toda granada y toda bella,

   sabe quererte y conservarte,
con tu fragancia y tu conciencia,
y oye el secreto de la ciencia
que tiene la virtud del Arte…


A Francisca

I

Francisca, tú has venido
en la hora segura;
la mañana es obscura
y está caliente el nido.

   Tú tienes el sentido
de la palabra pura,
y tu alma te asegura
el amante marido.

   Un marido y amante
que, terrible y constante,
será contigo dos,

   Y que fuera contigo,
como amante y amigo,
al infierno o a Dios.

II

   Francisca es la alborada,
y la aurora es azul;
el amor es inmenso
y eres pequeña tú.

   Mas en tu pobre urna
cabe la eterna luz,
que es de tu alma y la mía
un diamante común.

III

¡Franca, cristalina,
alma sororal,
entre la neblina
de mi dolor y de mi mal!
Alma pura,
alma franca,
alma obscura,
y tan blanca...

Sé conmigo
un amigo,
sé lo que debes ser,
lo que Dios te propuso,
la ternura y el huso
con el grano de trigo
y la copa de vino,
y el arrullo sincero
y el trino,
a la hora y a tiempo.
¡A la hora del alba y de la tarde,
del despertar y del soñar y el beso!

   Alma sororal y obscura,
con tus cantos de España,
que te juntas a mi vida
rara,
y a mi soñar difuso,
y a mi soberbia lira,
con tu rueca y tu huso,
ante mi bella mentira;
ante Verlaine y Hugo,
¡tú que vienes
de campos remotos y ocultos!

IV

La fuente dice: «Yo te he visto soñar».
El árbol dice: «Yo te he visto pensar».
Y aquel ruiseñor de los mil años
repite lo del cuervo: «¡Jamás!»

                 V

   Francisca, sé suave
es tu dulce deber;
sé para mí un ave
que fuera una mujer.

   Francisca, sé una flor
y mi vida perfuma,
hecha toda de amor
y de dolor y espuma.

   Francisca, sé un ungüento
como mi pensamiento;
Francisca, sé una flor
cual mi sutil amor;
Francisca, sé mujer
como se debe ser…

   Saber amar y sentir
y admirar como rezar…
Y la ciencia del vivir
y la virtud de esperar.

VI

   Ajena al dolo y al sentir artero,
llena de la ilusión que da la fe,
lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompañamé…

   En mi pensar de duelo y de martirio,
casi inconsciente me pusiste miel,
multiplicaste pétalos de lirio
y refrescaste la hoja de laurel.

   Ser cuidadosa del dolor supiste
y elevarte al amor sin comprender;
enciendes luz en las horas del triste,
pones pasión donde no puede haber.

   Seguramente Dios te ha conducido
para regar el árbol de mi fe.
¡Hacia la fuente de noche y de olvido,
Francisca Sánchez, acompañamé...

(París, 21 de febrero, 1914)


María

Sol y solera sabía
que tenía
esta María,
foco de mis ilusiones;
pero
lo que a otro poeta espero,
es el fiero
querer de los corazones.

   Todo está lleno del día,
María.
La voz de mi clarín va
allá,
para decirte de amor
y de dolor,
y para seguir tu suerte
¡hasta la muerte!

   ¡María!
Aun encuentro todavía
una expresión
que te da mi corazón
que saca de su pensar
pesar;
que saca del sentimiento
viento.

   No, ya no siento ni llamo;
mas acepta lo que ofrezco
fresco,
atado en mi fresco ramo:
¡amo!

(París, 1914)


Rondo Vago

Empezando a obscurecer
me introduje en tu jardín…
Soledad, silencio, calma.
¿Dónde estará Noemí?

Tal pensé. Por la calleja
enarenada interné
mi paso. En la escalinata
de piedra rugió un lebrel.

Hubiera avanzado más,
mas temeroso volví;
calló de nuevo el lebrel,
quedó en silencio el jardín.

¿Dónde estará la princesa
de mis sueños?, cavilé.
fui a mirarla, y recibióme
el rugido del lebrel.

(¿1914?)


A nuestra doña Blanca de Zelaya

A la magnolia belga, rodeada de victorias,
La saluda hoy un hijo de una hermana pequeña, 
Pero de quien son suyas las luchas y las glorias 
Con que el nicaragüense en el porvenir sueña.

(Barcelona, 15 de septiembre, 1914)


A Madame Osvaldo Bazil

No seas caprichosa ni confusa 
sé dulce, sé tranquila, sé sincera 
pues tienes un poeta, sé musa, 
y del hombre sé tú la compañera.

Sabe hacer lo que importas y que inspiras 
y sabe perpetuar dulces mañanas
¡Dios te dé el son rosado de las liras 
y la alegría azul de las campanas!

Y Dios te dé tranquilidad tan pura 
como el agua clara purifique 
el minuto feliz de la hora oscura!

Y que la mano del Señor te indique 
senda florida en esta vida dura!

(Barcelona, 1914)


Mirando la aurora…

Mirando la aurora
que de azul ya ebria 
apenas mancha el lejano
cielo.

El amor muy triste
en sus alas lleva
aquel inmenso ardor del mundo
vuelo.

Apenas tienes de polen 
llenas tus alas tristes, de amor serenas...
llenas mis horas 
con Melancolía.

Mayo ¿1914?


Oda a la Francia

Traducción literal

Un viento lleno de sollozos sobre el mar impasible
llega hasta aquí. La Francia escucha grave. Pues
son las voces desoladas, el dolor terrible,
de las Hécubas que lloran, de las Américas de oro.

   Allá, en el horror y la injuria y el odio
los cazadores de la muerte han tocado el «halalí»
y soplando otra vez su venenoso aliento
se creería ver la boca de Huitzilopoxlí.

   ¡Pareciera que todos los demonios del pasado
acabasen de despertar, envenenando la tierra!
Si contra nosotros estandarte sangriento se ha levantado,
es el horrible estandarte de este tirano: ¡la guerra!

   Gritemos: ¡Paz!, bajo los fuegos de los combatientes en marcha.
¡La paz que anunció el alba y canta el Ángelus!
¡La paz que promulgó la paloma del arca
y fue la voz del Ángel y la Cruz de Jesús!

   ¡Gritemos fraternidad! Que el pájaro simbólico
sea nuncio de fraternidad en el cielo puro.
¡Que el águila se cierna sobre nuestra inmensa América,
y que el cóndor sea su hermano en el Azul...!

   Marsellesas de bronce y oro que van por el aire,
son para nuestros corazones ardientes el canto de la esperanza.
Oyendo del gallo galo el claro clarín,
se clama: ¡Libertad! Y nosotros traducimos: ¡Francia!

   Pues Francia será siempre nuestra esperanza,
la Francia a la América dará su mano,
Francia es la patria de nuestros ensueños. Francia
es el hogar bendito de todo el género humano.

   ¡Y tú, París, maga de la Raza,
reina latina, alumbra nuestro día obscuro!
Danos el secreto que tu paso nos marca
y la fuerza del Flactuat nec mergitur!

   Y cuando nos envuelve esta negra llama
que hace de nuestros espíritus los iguales de Caín,
levantamos nuestras miradas y calentamos nuestras almas,
al sol de Voltaire y de Víctor Hugo.


Soneto Pascual

María estaba pálida y José el carpintero:
miraban en los ojos de la faz pura y bella
el celeste milagro que anunciaba la estrella
do ya estaba el martirio que aguardaba el Cordero.

   Los pastores cantaban muy despacio, y postrero
iba un carro de arcángeles que dejaba su huella;
apenas se miraba lo que Aldebarán sella,
y el lucero del alba no era aún tempranero.

   Esa visión en mí se alza y se multiplica
en detalles preciosos y en mil prodigios rica,
por la cierta esperanza del más divino bien,

   de la Virgen, el Niño y el San José proscripto;
y yo, en mi pobre burro, caminando hacia Egipto,
y sin la estrella ahora, muy lejos de Belén.

(Nueva York, Navidad, 1914)


Pequeño poema infantil

Para Carmencita Calderón Gomar

Las hadas, las bellas hadas,
existen, mi dulce niña.
Juana de Arco las vio aladas,
en la campiña.

   Las vio al dejar el mihrab,
ha largo tiempo, Mahoma.
Más chica que una paloma,
Shakespeare vio a la Reina Mab.

   Las hadas decían cosas
en la cuna
de las princesas antiguas:
que si iban a ser dichosas
o bellas como la luna;
o frases raras y ambiguas.

   Con sus diademas y alas,
pequeñas como azucenas,
había hadas que eran buenas
y había hadas que eran malas.

   Y había una jorobada,
la de profecía odiosa:
la llamada
Carabosa.

   Si ésta llegaba a la cuna
de las suaves princesitas,
no se libraba ninguna
de sus palabras malditas.

   Y esa hada era muy fea,
como son
feos toda mala idea
y todo mal corazón.

   Cuando naciste, preciosa,
no tuviste hadas paganas,
ni la horrible Carabosa
ni sus graciosas hermanas.

   Ni Mab, que en los sueños anda,
ni las que celebran fiesta
en la mágica floresta
de Brocelianda.

   Y, ¿sabes tú, niña mía,
por qué ningún hada había?
Porque allí
estaba cerca de ti
quien tu nacer bendecía:
Reina más que todas ellas,
la Reina de las Estrellas,
la dulce Virgen María.

   Que ella tu senda bendiga,
como tu Madre y tu amiga;
con sus divinos consuelos
no temas infernal guerra;

   ¡que perfume tus anhelos
su nombre que el mal destierra,
pues ella aroma los cielos 
y la tierra!

(Nueva York, 1914)


***************************


1915

• Enero 8. Recibido en la Hispanic Society of America.
• Febrero 4. En el Salón Havemayer, de la Universidad de Columbia lee el poema “Pax”.
• Feb. - Mar. Enferma de pulmonía doble y es atendido en el Hospital francés.
• Abril ¿10? Se embarca en Nueva York y llega a La Habana.
• Abril 20. Llega a Guatemala.
• Junio. Aparece en Barcelona la primera edición, clandestina, de La vida de Rubén Darío escrita él mismo, en la Editorial Maucci, de Barcelona.
• Noviembre. Se embarca con Rosario Murillo en San José para Corinto.
• Nov. 24. Desembarca en Corinto y llega a León. Recibimiento entusiasta del pueblo.
• Diciembre 15. Es trasladado a Managua, a casa de ¡Andrés Murillo!


Hemos de ser justos, hemos de ser buenos…


Hemos de ser justos, hemos de ser buenos, 
Hemos de embriagarnos de paz y de amor, 
Y llevar el alma siempre a flor de labios 
Y desnudo y limpio nuestro corazón.

Hemos de olvidarnos de todos los odios, 
De toda mentira, de toda ruindad, 
Hemos de abrazarnos en el santo fuego 
De un amor inmenso, dulce y fraternal.

Hemos de llenarnos de un santo optimismo, 
Tender nuestros brazos a quien nos hirió, 
Y abrazar a todos nuestros enemigos 
En un dulce abrazo de amor y perdón.

Olvidar pasiones, rencores, vilezas...
Ser fuertes, piadosos, dando bien por mal... 
Que es la venganza de las almas nobles 
Que viven posesas de un alto ideal.

Hemos de estar siempre gozosos, tal dijo 
Pablo, el elegido, con divina voz, 
Ya través de todos los claros caminos 
Caminar llevando puesta el alma en Dios.

Hemos de acordarnos que somos hermanos; 
Hemos de acordarnos del dulce Pastor 
Que, crucificado, lacerado, exánime, 
Para sus verdugos imploró perdón.

(Nueva York, ¿1915?)

La Gran Cosmópolis


Meditaciones de la madrugada

Casas de cincuenta pisos,
servidumbre de color,
millones de circuncisos,
máquinas, diarios, avisos
¡y dolor, dolor, dolor!

   ¡Estos son los hombres fuentes
que vierten áureas corrientes
y multiplican simientes
por su ciclópeo fragor,
y tras la Quinta Avenida
la Miseria está vestida…
con dolor, dolor, dolor…!

  ¡Sé que hay placer y que hay gloria
allí, en el Waldorff Astoria,
en donde dan su victoria
la riqueza y el amor;
pero en la orilla del río,
sé quienes mueren de frío,
y lo que es triste, Dios mío,
de dolor, dolor, dolor...!

   Pues aunque dan millonarios
sus talentos y denarios,
son muchos más los Calvarios
donde hay que llevar la flor
de la Caridad divina
que hacia el pobre a Dios inclina
y da amor, amor y amor.

   Irá la suprema villa
como ingente maravilla
donde todo suena y brilla
en un ambiente opresor,
con sus conquistas de acero,
con sus luchas de dinero,
sin saber que allí está entero
todo el germen del dolor.

   Todos esos millonarios
viven en mármoles parios
con residuos de Calvarios,
y es roja, roja su flor.
No es la rosa que el sol lleva
ni la azucena que nieva,
sino el clavel que se abreva
en la sangre del dolor.

   Allí pasa el chino, el ruso,
el calmuco y el boruso;
y toda obra y todo uso
a la tierra nueva es fiel,
pues se ajusta y se acomoda
toda fe y manera toda,
a lo que ase, lima y poda
el sin par Tío Samuel.

   Alto es él, mirada fiera,
su chaleco es su bandera,
como lo es sombrero y frac;
si no es hombre de conquistas,
todo el mundo tiene vistas
las estrellas y las listas
que bien sábese están listas
en reposo o en vivac.

   Aquí el amontonamiento
mató amor y sentimiento;
mas en todo existe Dios,
y yo he visto mil cariños
acercarse hacia los niños
del trineo y los armiños
del anciano Santa Claus.

   Porque el yanqui ama sus hierros,
sus caballos y sus perros,
y su yacht, y su foot-ball,
pero adora la alegría
con la fuerza, la armonía:
un muchacho que se ría
y una niña como un sol.


La queja del establo


Partieron los pastores y los Reyes... Y el Rey
Niño y sus pobres padres partieran por la ley
bárbara del bandido Herodes, ser del Diablo.
Entonces, en la triste soledad del establo,
hablaron, amasando la paja entre los dientes,
los dos dulces jumentos, más dulces que las gentes,
que habían ofrecido sus alientos y vahos
a Aquel que el universo hizo brotar del caos.
El diálogo era triste, a pesar del aroma
que les dejara el nido de la sacra Paloma.

   Y el buey decía: Sé que Él es el Dios de Todo.
Y la mula: –Es Aquel que nos saca del lodo...
–¿A quién? –A todos. –No. –Pues entonces, ¿a quién?...
–A1 malévolo humano, que no nos quiere bien.
–Tú ves el porvenir. –Es nuestro don, hermano;
eso tenemos más que el enemigo humano.
Nuestros ojos tranquilos, que traspasan la aurora,
saben bien lo que vierte el cáliz de la hora.
Somos mudos para el mundano entendimiento;
mas no entiende el sol, la luna, el campo, el viento,
y alguna vez (ten por seguro) Jesucristo
se acordará que, siendo Niño, nos ha visto.
Pero entre tanto estamos tristes...
–¡No! ¡Contentos!,
–dice un Ángel que llega de los vientos
y que llena al instante de un resplandor divino
la cabeza del buey y la testa del pollino.
–Llegará un día en que la redención que os toca
brotará hecha relámpagos de la Suprema Boca,
y en que el alma del buey y la mula, en un cielo
proporcionado a su dulce y humilde anhelo,
hallen la recompensa del bíblico servicio
en un sagrado, puro y eternal ejercicio.
–Pero entre tanto –dice la mula–, aquí ¿qué haremos?
–Y aquí –prosiguió el buey– ¿qué premio lograremos?
Y el Ángel:
–¡Oh suaves almas! ¡Oh amables bestias!
¡Aquí no encontraréis sino amargas molestias!
Mas os voy a decir un secreto de Dios,
que hondamente interesa sólo a vosotros dos:
¡vosotros, que en Belén fuisteis por Nuestra Luz,
os juntaréis con quien compartiera su Cruz
y allá, en el Sacro Empíreo, donde os lleve el deseo,
os llevará a pastar San Simón Cirineo!...


Visitante que pasas por esta casa egregia…


Visitante que pasas por esta casa egregia, 
Mira cómo la América noble y republicana 
Da cabida a la gloria de la progenie hispana 
Y a su espíritu eterno brinda acogida regia.

Aquí podéis mirar cuál fue la hija del Lacio
Que siendo Iberia dio luces en paz y en guerra. 
Saluda a quien creó este ilustre palacio 
Que propaga el pasado triunfo sobre la tierra.

A él nuestros loores, pues por su sin igual 
Esfuerzo que produce riquezas y eficacias, 
Desde la maravilla de su sueño inmortal, 
Cervantes y el divino don Diego dicen: ¡Gracias!

(Nueva York, 8 de enero, 1915)
Se refiere a la Hispanic Society of America, prescidida por el señor Huntington.

Pax


Io vo gridando pace, pace, pace!
Así clamaba el italiano;
así voy gritando yo ahora,
«alma en el alma, mano en la mano»,
a los países de la Aurora...

   En sangre y llanto está la tierra antigua.
La Muerte, cautelosa, o abrasante, o ambigua,
pasa sobre las huellas
del Cristo de pies sonrosados
que regó lágrimas y estrellas.
La Humanidad, inquieta,
ve la muerte de un Papa y el nacer de un cometa:
como en el año mil.
Y ve una nueva Torre de Babel
desmoronarse en hoguera cruel,
al estampido del cañón y del fusil.

   Matribus detestata! Madre negra
a quien el ronco ruido alegra
de los leones; Pala,
odiosa a las dulces mejillas,
puesto que das las flechas y las balas:
¡abominada seas
por los corrientes siglos y fugaces edades,
porque, a pesar de todo, tus fuertes potestades
sucumbirán al trueno de oro de las ideas!

   Amontonad las bibliotecas,
poblad las pinacotecas,
con los prodigios del pincel
y del buril y del cincel.
Haced la evocación de Homero, Vinci, Dante,
para que vean el
espectáculo cruel
desde el principio hasta el fin:
la quijada del rumiante
en la mano de Caín
sobre la frente de Abel.

   Pero el misterio vendrá,
vencedor y envuelto en fuego,
más formidable que lo que dirá
la épica india y el drama griego.
Y nuestro siglo eléctrico y ensimismado,
entre fulgurantes destellos,
verá surgir a Aquel que fijé anunciado
por Juan el de suaves cabellos.

   Todo lo que está anunciado
en el Gran Libro han de ver las naciones,
ciegas a Dios, que a Dios invocan en preñado
tiempo de odios y angustias y abominaciones.
Y lo que Malaquías el vidente
vio en la Edad Media –«enorme y delicada»,
según dice Verlaine–, verá la gente,
hoy en sangre deshecha y desastrada.

   Se grita: ¡Guerra santa!,
acercando el puñal a la garganta
o sacando la espada de la vaina:
Y en el nombre de Dios,
casas de Dios de Reims y de Lovaina
las derrumba el Obús 42...
¡No, reyes!... Que la guerra es infernal, es cierto;
cierto que duerme un lobo
en el alma fatal del adanida;
mas también Jesucristo no está muerto,
y contra el homicidio, el odio, el robo,
Es la Luz, el Camino y la Vida...!

  Hohenzollern: está sobre tu frente
un águila de oro.
Yo recuerdo el poema del Vidente
de Francia, el vivo cántico sonoro
en donde la justicia al bronce intima...
Dios está sobre todo; y en la cima
de las montañas de la gloria humana,
de pronto un ángel formidable anima
la testa loca del divino trueno,
y de las urnas de las sombras mana
lluvia de llama y lluvia de veneno;
y Abbadón, Appollión, Exterminans –que es el mismo
surge de entre las páginas del Libro del Abismo.

   Emperadores, Reyes, Presidentes: la hora
llegará de la Aurora.
Pasarán las visiones de Durero,
pasarán de Callot los lansquenetes,
los horrores de Goya el visionario,
en la memoria amarga de la tierra.
Pasará de la guerra el tigre fiero,
se olvidarán obuses y mosquetes,
y ante la sacra sangre del Calvario
se acabarán las sangres de la guerra.

   Púrguese por el fuego
y por el terremoto
y por la tempestad
este planeta ciego,
por los astros ignoto
como su pasajera Humanidad.
Y puesto que es preciso,
vengan a purgar este
planeta de maldad,
con la guerra, la peste
y el hambre, mensajeras de Verdad.
De la Verdad que hace secar las fuentes,
y en la gehenna rechinar los dientes.
   Si la Paz no es posible, que como en Isaías
las ciudades revienten;
que sean de tinieblas las noches y los días;
que las almas que sienten
soplos de Dios, duerman sueño profundo
mientras que se desangra y se deshace el mundo...
Y que cuando del apocalíptico enigma
surja el caballo blanco, con resplandor y estigma,
los únicos que se hundan en la santa Verdad,
sean los puros hombres de buena voluntad,
que entre las zarzas ásperas de este vivir, han visto
las huellas de los pasos de Nuestro Padre Cristo.

   ¡Ah, cuán feliz el demonio perverso,
Odio imperante en todo el universo,
odio en el mar y debajo del mar;
odio en la tierra firme y en el viento,
y sangre y sangre que pueda llegar
a salpicar el mismo firmamento.
Se animaron de fuego y de electricidad
los Beemotes y Leviatanes.
En la bíblica inmensidad
no vieron más los Isaías y los Juanes.

   Cual Baltasar o Darío, Guillermo
mira con ojo enfermo
de visiones de siglos
un gran tropel de espantables vestiglos.
Y el casco que lo cubre,
la capa que le viste,
bajo el blancor de la nieve insalubre,
y el bigote erizado,
y el aspecto cesáreo y el aire de soldado,
y toda esa potencia, tienen algo de triste.

   Y al llegar las ternuras de Noel,
Santa Claus el que viene a la cuna del niño,
tuvo que recoger su túnica de armiño
por no mancharse en tanta sangre y tanta hiel.

   Era en 1870.
Francia ardía en su guerra cruenta.
Hugo en versos soberbios lo cuenta.

   Y París, la divina, en su pena,
a las fiestas usuales ajena,
sólo sombra ve en su Nochebuena.

   Y era el sitio, y el hambre, y la furia,
y el espanto, y el odio, y la injuria.
Todo muerte, o incendio, o lujuria.

   En un lado del Sena está lista
la tremenda alemana conquista;
y en el otro, la Francia imprevista.

   Dan las doce –la mágica hora
que presagia una mística aurora–
las campanas de Nuestra Señora.

   Y en la orilla izquierda del Sena,
en la sombra nocturna resuena
un noel de ritual Nochebuena.

  Un silencio. Y después, noble, austero,
contestó aquel ejército fiero
con un grave coral de Lutero.

   Y en la noche profunda de guerra,
Jesucristo, que el odio destierra,
por el canto echó el mal de la tierra.

   ¿No habrá alguno de raza más joven
que, rompiendo a la guerra su yugo,
pueda unir el poder de Beethoven
con el canto que dio Víctor Hugo?

   Vivat Gallia Regina! Vivat Germania Máter!
Esta salutación, que al gran lírico plugo,
¿hace arder esa selva, y rugir ese cráter,
y el ángel de la Paz lo convierte en verdugo?

   Si la princesa austríaca destroza su abanico,
Guillermo en sus palacios entroniza a Watteau,
y sabe que la flauta del Grande Federico
aún ignoraba el triste réquiem de Waterloo.

   Mas hay que juzgar siempre, que si es dura la lucha
del tigre, del león, del águila en su vuelo;
si los hombres guerrean, es porque nadie escucha
los clarines de paz que suenan en el cielo.

   Krupp hace crudo espanto que a Tánatos alegra;
pero el de Asís fue pasmo que al Bajísimo enoja;
Húsares de la Muerte deben llevar cruz negra,
mientras las dulces gentes de Amor llevan cruz roja.

   ¡Oh pueblos nuestros! ¡Oh pueblos nuestros! ¿Juntaos
en la esperanza y en el trabajo y la paz.
No busquéis las tinieblas, no persigáis el caos,
y no reguéis con sangre nuestra tierra feraz.

   Ya lucharon bastante los antiguos abuelos
por patria y Libertad, y un glorioso clarín
clama a través del tiempo, debajo de los cielos,
Washington y Bolívar, Hidalgo y San Martín.

  Ved el ejemplo amargo de la Europa deshecha;
ved las trincheras fúnebres, las tierras sanguinosas;
y la Piedad y el Duelo sollozando los dos.
No; no dejéis al odio que dispare su flecha,
llevad a los altares de la Paz, miel y rosas.
Paz a la inmensa América. Paz en nombre de Dios.

  Y pues aquí está el foco de una cultura nueva
que sus principios lleva desde el Norte hasta el Sur,
hagamos la Unión viva que el nuevo triunfo lleva;
The Star Spangled Banner, con el blanco y, azur...

(Universidad de Columbia, Nueva York, 4 de febrero, 1915)


Flores*


Señora, las flores consuelan 
cuando sus encantos ofrecen, 
a las mariposas que vuelan
y a las almas que se entristecen.

Y entre la música nocturna,
o entre los diamantes del día, 
cuando Flora vuelca su urna 
es más alegre la alegría.

La flor en su gracia resume 
mucho de nuestro humano ser, 
pues tiene unida a su perfume 
un alma como la mujer.

En el Edén, de su delirio,
al erguirse Eva esplendorosa,
“¡Mi Emperatriz!” exclamó el lirio. 
Y “¡Mi Reina!” dijo la rosa.

Y la reina del Paraíso
sonrió a las flores lozanas. 
Solazarse con ellas quiso.
Dijo: “¡Buenos días, hermanas!”

Ella compara, alegre, franca, 
y acariciando hoja por hoja, 
con su frente la rosa blanca, 
con sus labios la rosa roja.

Y en el glorioso amanecer 
de la terrena juventud 
hicieron flores y mujer 
una admirable sisterhood.

Así el poeta versos brinda
a las reinas y a las amadas; 
pues, como dijo un hada linda, 
los versos son flores rimadas.

(Nueva York, febrero de 1915)

*En algunas otras versiones sólo aparecen las estrofas que están en cursiva. El original fue escrito en el álbum de la señora de Archer Huntington.


El más raro


Juan Arana Torrol, que ha sido 
aquí mendigo y Jefe de Redacción
de La Prensa.

Parece un don Quijote que llevara en la diestra 
en lugar de una lanza, una pluma encantada, 
para legarle al mundo una obra maestra 
por lo raro, sublime y disparatada.

Que ha libado las hieles del infortunio muestra 
la honda melancolía de su altiva mirada, 
que una incógnita tiene: nazarena y siniestra 
mezcla de una caricia y una bofetada.

Su amiga es la desgracia; su enemiga la gloria; 
no le importa el futuro, ni le importa su historia. 
Se endiosa el heroísmo en su glacial sonrisa 
cuando con la candela sus carnes martiriza.

Al recitar sus versos nos muestra, a su modo,
que además de estar loco, sabe un poco de todo. 
Siente por los mortales un desprecio profundo,
Y... ¡es el único amigo que hoy me sirve en el mundo!

(Nueva York, ¿marzo? de 1915)
Apártate de mí, visión terrible…

Apártate de mí, visión terrible
que de espantos, duelos y dolor vistes, 
que la aurora de mi vida has opacado. 
Apártate de mí, tú, Caminante.

Pues que en un segundo la vida pasa 
y la carga de años a todos contagia; 
levanta en nuestro ánimo la entrega 
de pasión y años antojadiza.

Mágico lirio, un dios helénico prometido 
-eterna visión de túnica morada- 
en tu pausa rítmica del pobre tiempo 
tendrá la mágica luz de lo naciente.

(Nueva York, 14 de octubre, ¿1915?)


Mater admirabilis*


A Manuel Estrada Cabrera

La que llegó, te dijo: «Hijo mío, esto es Bien
y esto es Mal», señalándote la tiniebla y la luz.
Te señaló la gloria del establo: Belén,
y te enseñó el objeto de los puros: la Cruz.

   Mas también te mostró a Palas con su lanza,
cuando ya llevaba ella con sus sietes puñales
el fiel que te indicaba la celeste balanza,
y es dar al Bien sus bienes, y es dar al Mal sus males.

   Que desde la región donde está, la Señora
mantenga por tu suerte una estrella encendida,
y porque en el paisaje pinte una nueva aurora
la cola del Quetzal que impone nueva vida.

(Guatemala, 21 de agosto, 1915)
*Casi obligado por el dictador guatemalteco Manuel Estrada, Darío tuvo que componer este poema, igual “Palas Atenea”.
           

Palas Atenea


                                I

Un día, inmemorial en olímpicos días,
cuando Zeus regía el universo,
y hacía reventar en truenos o armonías
el visible horizonte,
y retemblar el sacro monte
–cual canta Melesígenes en su glorioso verso–
al mover las arrugas de su ceño profundo,
la persona de Efestos claudicante
surgió, armada de un hacha como hecha de diamante,
e hizo vibrar los cimientos del mundo
cuando con un hachazo subitáneo
hendió el superdivino cráneo,
del cual brotó la luminosa Dea,
toda Fuerza, Cordura y Esperanza,
con su égida y su lanza:
la virgen áurea, Palas Atenea.

                            II

   Atentos a la maravilla
fueron todos los inmortales...
Helios regocijado brilla
con nuevos fulgores vitales;
Ares admira su armadura,
Anadiomena su sonrisa;
y el decoro de su figura
la semidesnuda Artemisa.
Pan siente que tiembla la tierra;
Poseidón, que la mar se agita
como cuando nació Afrodita.

   Dulce en la paz, fuerte en la guerra,
aparece al ideal griego,
ante el que su virtud derrama
y sobre el cual sus gracias llueve,
blanca y casta como la nieve
y abrasante como la llama.

   ¡Es que ella encarna el Pensamiento!...
Es ella la perseguidora
del orgullo del mal sombrío;
su centella en el firmamento
forma la cerebral aurora;
muestra su prepotencia y brío.
Ella es de la mente la vida,
la defensora contra el mal;
y siendo la Idea inmortal
es la eterna Gorgonicida.

   Ella es la cósmica Doncella,
la que en el porvenir fulgura;
es grave, es terrible y es bella:
no toquéis a la Reina Pura.
Su búho torna la cabeza:
mira hacia atrás, o hacia adelante,
lo que se acerca, lo distante,
y lo que acaba, y lo que empieza.
Y así como al Titán aplasta
si su mano el volcán empuja,
así a la adolescente casta
enseña a enhebrar una aguja,
y a bordar flores en el lino,
y a tejer como aire la seda;
y si su trabajo divino
emular quiere mano extraña,
en sus propios hilos se enreda,
Aracne cambiada en araña.

   Dulce y reflexiva Sofía,
dinámica y omnipresente,
su luz a todo artista envía,
al laborioso, al elocuente;
y anima con su íntimo soplo
a los artífices del fuego,
al que mueve regla o escoplo,
a la que borda, a la que hila:
se diría que ella aniquila
toda sombra en el genio griego.

   Tal de Fidias el simulacro
deja de ardor las almas plenas
cuando brilla el Partenón sacro
con Nuestra Señora de Atenas.
Ella el poder tiene en sus manos:
poder sereno y protector
de los enjambres ciudadanos;
Ella es «la que odia a los tiranos»,
como recuerda Saint-Víctor.
Y cuando el gran Pan con su grito
anunció: «¡Los dioses han muerto!»,
sobre la azul inmensidad,
en su dominar infinito
si el Olimpo quedó desierto
ella afirmó su eternidad.

   Parece que desaparece
cuando surgen nuevas Medusas
en las guerras y las conquistas;
mas su árbol de paz reverdece
y a su sombra llegan las musas,
sueñan sus sueños los artistas.
La creadora del olivo
ilumina el instante obscuro
y entreabre al sabio pensativo
las vastas puertas del futuro.
Y así, en el medioeval momento,
son su refugio transitorio
el oculto laboratorio,
el Alma Mater y el convento...
Inspira en el Renacimiento
al nauta, al artífice, al sabio,
a la palabra de su labio
flota en un astral elemento.

III

    Y tal sigue su culto oculto
hasta que a través del tumulto
de los siglos, su frente abreva
almas nuevas en tierra nueva,
cuando el conjuro de un Varón,
todo energía y reflexión,
el templo minervino eleva
que simboliza y que renueva
el recuerdo del Partenón.

   Aquí reapareció la austera,
la gran Minerva luminosa;
su diestra alzó la diosa aptera,
y movió el gesto de la diosa
la mano de Estrada Cabrera.
Ya su voz regeneradora
se oyera cuando hacia el Atlántico
vibró como en glorioso cántico
la voz de la locomotora.

   A aquella llamada sonora,
se conmovieron las montañas
y los bosques, y entre las cañas
y los troncos, los dioses viejos
de los antiguos monolitos,
los de los pretéritos ritos,
despertaron de su pasado.
Y se asomó por la espesura,
para ver al monstruo de acero,
la férrea sombra de Alvarado;
y a su lado La Sin Ventura
tiembla al trajín del tren que grita;
y no lejos, está apoyado
en un invisible cayado
el angélico Betlemita.

   Luego hay otros conquistadores,
religiosos, encomenderos,
damas, alguaciles, señores,
hechiceros, saludadores,
traficantes y aventureros;
y atrás, entre mágicas brumas,
con sus pieles, oros y plumas,
las tribus hijas de Wotán,
y reyes de águilas y pumas,
los Kicab y Tecun-Umán.

   Así avanza la mensajera
de la luz por la selva fiera
de nuestra América Central...:
y saluda a Estrada Cabrera
con la blanca y azul bandera
en donde brilla y reverbera
la copa de iris del Quetzal.

                         IV

   Quetzal vivo, tiende el ala.
Bajo el cielo azul resbala...
Simboliza en Guatemala
Paz, Idea y Libertad;
fructifican pensamientos,
crece el pueblo, cobra alientos
y se fundan los cimientos
de una nueva Humanidad.

   He aquí las generaciones
de mañana. Sus canciones
elevan los corazones
de Minerva ante el altar,
y dan gracias al que trajo
los impulsos del trabajo
con las glorias del crear.

   ¡Este día de la oliva
es de rosa siempreviva,
y mañana habrá por él,
junto al alto monumento
que aquí mismo tendrá asiento,
agitado por el viento
un olímpico laurel!

(Guatemala, octubre, 1915)


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SIN FECHA EXACTA O LUGAR PRECISO

Canción de otoño a la entrada del invierno


¡Ya tengo miedo de querer,
puesto que aquello que es querido
se está en peligro de perder
por engaño, ausencia u olvido!

   Y si es querer a una mujer,
como me enseñó a padecer
tal o cual pasado amor mío,
sería en mi alma desvarío
el repetir y recaer.
Yo vi un cisne muerto de frío...
¡Ya tengo miedo de querer!

   Como la amistad es abrigo
en la lucha de nuestro ser,
aun sé gustar pan de su trigo.
En su campo me fui a pacer
y a ser el «asno» del amigo...
¡Ya tengo miedo de querer!

   Quise amar a un ángel sagrado
y quise amar a Lucifer,
y por los dos fui traicionado;
ninguno en mi alma pudo ver
lo que hay de puro o condenado...
¡Ya tengo miedo de querer!

   Mi vida, como Asuero a Ester,
maceré en sagrados ungüentos.
Nadie ha visto mis pensamientos
del modo que se deben ver.
Yo siempre guardo mis alientos
confiado en que tienen poder
los misteriosos elementos...
¡Ya tengo miedo de querer!

   A ti, Fuerza Desconocida,
quisiera consagrar mi vida,
si algo de ti dejaras ver
a mi ánima, dolorida
de tanto subir y caer,
y a mi fe, en la nieve aterida...
¡Si gracia en mí fuera encendida,
no habría miedo de querer!

¿1915?


      Salmo


Un golpe fatal
quebranta el cristal
de mi alma inmortal,

   ante el tiempo muda
por la espina aguda
de la horrible duda.

   Mi pobre conciencia
busca la alta ciencia
de la penitencia;

   mas falta la gracia
que guía y espacia
con santa eficacia.

  ¡Mi sendero elijo
y mis ansias fijo
por el Crucifijo!

   Mas caigo y me ofusco
por un golpe brusco,
en sendas que busco.

   No hallo todavía
el rayo que envía
mi Madre María.

  Aun la voz no escucho
del Dios porque lucho.
¡He pecado mucho!

   Fuegos de pasión
necesarios son
a mi corazón.

   Un divino empeño,
¿me dará el beleño
de un místico sueño?

   Del órgano el son
me dé la oración
y el Kyrieleisón.

   Y la santa ciencia
venga a mi conciencia
por la penitencia.

(¿1915?)


          Mariposa


Niña de mi risueña tierra cálida,
ya no eres la crisálida:
eres la mariposa
que pasea sus galas
con dos alas
que parecen dos pétalos de rosa.

¿1915?


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ÁLBUMES Y ABANICOS

A una mejicana


En su álbum.

Mejicanita preciosa:
que te den luz y armonía
el Cisne –la poesía,
y Psiquis-la Mariposa...

   Que te den su aroma las
rosas del sueño, querida...
No te despierte jamás
la realidad de la vida.

   Si algún instante cruel
amenaza tu ilusión,
busca un poquito de miel
dentro de tu corazón.

(Nueva York, 1915)


A Lola Soriano de Turcios, hermana del poeta


En un retrato

Éste viajero que ves,
es tu hermano errante, pues
aún suspira y aún existe;
no como lo conociste,
sino como ahora es:
viejo, feo, gordo y triste.


A Amy V. Miles


A Amy V. Miles
dedico este tomo
de versos galantes
Muy Siglo XVIII.

   Como abate arcaico,
en sus manos pongo
mi libro de versos
Muy siglo X VIII.

   Violines del Rey
dan su fino tono
en estos mis versos
Muy siglo XVIII.

   Lean estos versos
esos lindos ojos,
y haya una sonrisa
Muy siglo XVIII.

(Guatemala, 1915)


Axioma


En el álbum de una señorita nicaragüense

Este axioma a toda hora habrás de meditar:
–La ciencia de vivir es el arte de amar.

(1915)



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1916

Enero 7. Es llevado a León enfermo de gravedad.
Enero 8. Sufre una operación quirúrgica en el estómago.
Enero 10. Recibe la extrema unción del obispo de León.
Enero 31. Dicta su voluntad testamentaria.
Febrero 2. Tiene delirios. Segunda operación, ahora en el hígado.
Febrero 3. Eclipse solar. Estimula consternación pública.
Febrero 6. Expira a las 10:15 de la noche.
Febrero 7. El cadáver es velado en la casa mortuoria.
Febrero 8. A las 11 a. m. es trasladado al Palacio Municipal: Honores.
Febrero 9. Traslado del cadáver a la Universidad.
Febrero 10. Veladas fúnebres en la Universidad.Discursos, lecturas de poemas y 11. y prosas de Darío.
Febrero 12. A las 8 horas: Procesión hacia la Catedral donde el obispo oficia misa de réquiem de príncipes y nobles. Llevan el féretro a la Universidad a las 16 horas y 30 minutos.
Febrero 13. Funerales. Procesión fúnebre de la Universidad a la Catedral. A las 16 horas. –Inhumación del cadáver al pie de la estatua de San Pablo, a las 7 de la noche.


Divagaciones


Mis ojos espantos han visto,
tal ha sido mi triste suerte;
cual la de mi Señor Jesucristo,
mi alma está triste hasta la muerte.

   Hombre malvado y hombre listo
en mi enemigo se convierte;
cual la de mi Señor Jesucristo,
mi alma está triste hasta la muerte.

   Desde que soy, desde que existo,
mi pobre alma armonías vierte.
Cual la de mi Señor Jesucristo,
mi alma está triste hasta la muerte.

(1916)


Confesión*


Buen amigo cordial,
a ti es a quien dirijo 
mi confesión mental. 
Adoro el crucifijo desde mi Nicaragua
natal. He estado en Roma; 
vecina de Sodoma 
y Segor. Domicilio: 
París. Me reconcilio 
a veces con un fraile 
de teología y baile. 
Amo la España extraña 
para hoy, es decir, 
la España del sentir 
decidido y cruel. 
La que mató al infiel, 
la que quemó al judío... 
(habiendo algún Darío, 
según he sospechado, 
nieto de renegado). 
Leo viejos autores; 
gusto de frescas flores; 
me regocija el vino 
y todo lo divino. 
Cuando voy a Madrid 
estoy lleno del Cid; 
cuando estoy en París 
amo la flor de lis. 
Y aquí y en todas partes 
amo todas las artes. 
Tengo muchos cuidados
con los hombres honrados. 
Mis peanas entono
a Apolo sauróctono
por ser un dios más raro. 
En soledad me amparo 
de la vulgar ofrenda. 
Vivo solo en mi tienda. 
En los pecados diestro, 
rezo mi padrenuestro 
cotidiano, de modo
que al cielo no incomodo. 
Con san Buenaventura 
mi paganismo augura 
premio. Y en él se fía. 
Lo afirma la homilía. 
En mi literatura 
la gente se figura 
que hay cosas tenebrosas.
Hay miel, hay sangre, hay rosas.
Soy un hombre sencillo. 
Yo me abrumo y me humillo 
ante una coccinela 
que sobre un ramo vuela. 
Amo a Shakespeare. Y amo 
a Berceo y reclamo 
mi Góngora a las veces. 
Huyo de los cipreses 
pues soy hombre de lirios. 
Expongo mis martirios 
en rimas agradables. 
Tengo mis miserables. 
Soñando me deleito 
en mis tristezas. Pleito 
pongo a las horas por-
que nos llevan al horror 
del morir. Y es la sola 
cosa que me desola 
con pensar y sentir, 
¡el morir…, el morir!

*Aunque no fuera redactada en el preámbulo de su muerte, creemos que Darío hubiera deseado ser éste uno de sus últimos poemas. 


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