Cico datos fascinantes sobre Los Agüizotes, la noche de espantos y tradición de Masaya
Al caer la noche del último viernes de octubre, las calles de Masaya se transforman en un escenario hipnótico y visceral. Desde la histórica Plaza del Templo María Magdalena, en el corazón del barrio indígena de Monimbó, emerge una procesión fantasmal entre el crepitar de la lumbre y el estruendo de las bandas filarmónicas conocidas como chicheros. Figuras con máscaras grotescas escupen bocanadas de fuego al aire, esqueletos tiran de carretas chirriantes y algunos procesantes levantan en alto, como macabros trofeos, trozos de carne de animales en descomposición. Bajo la tenue luz de cientos de candiles de querosén y velas, la ciudad vibra en una atmósfera donde el espanto y el jolgorio resultan indistinguibles.
Sin embargo, a pesar de su coincidencia en el calendario con la víspera de Todos los Santos de origen irlandés, esta celebración no guarda relación alguna con el Halloween anglosajón. Los Agüizotes es una de las expresiones culturales más auténticas e imponentes de Nicaragua. Nacida en Monimbó e intimante ligada a las fiestas patronales en honor a San Jerónimo Doctor —patrono de la ciudad proclamada como la "cuna del folclore nicaragüense"—, esta tradición sintetiza la identidad ancestral, el teatro callejero y la memoria de un pueblo originario.
Adentrarse en Los Agüizotes es descubrir cómo una comunidad transforma el terror histórico en un festejo comunitario. A continuación, exploramos las dimensiones culturales, sociológicas y humanas más fascinantes de esta icónica velada de espantos.
