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Secreto en playa La Boquita, Nicaragua: Historia que nadie quería contar


 

Más allá de la postal turística: 5 verdades incómodas que esconde el mar de Nicaragua

Para el viajero promedio, la costa del Pacífico nicaragüense, con sus playas como La Boquita, es la definición misma del paraíso: olas verdes perfectas, una vida asequible y la promesa de un descanso sin complicaciones. Sin embargo, la literatura tiene la capacidad de raspar la superficie brillante de esa postal para revelar las tensiones que laten debajo. En la novela La infinita cintura del mar, de Pedro Danilo Castillo Castro, ese escenario idílico se transforma en el epicentro de una colisión violenta. No es solo un choque de voluntades, sino una fricción constante entre dos culturas que, como placas tectónicas, se rozan en silencio hasta que el terremoto se vuelve inevitable.

Debajo de la arena blanca hay corrientes oscuras y secretos que desafían nuestra percepción de las vacaciones perfectas. A través de este análisis, desenterramos cinco verdades que nos obligan a mirar más allá del paisaje y reconocer las fuerzas invisibles que operan en los márgenes de los destinos turísticos.

1. El Mar no es un Paisaje, es un Juez Implacable

En la narrativa de Castillo Castro, el océano se desprende de su rol pasivo. No es un simple telón de fondo para el disfrute, sino el verdadero protagonista: un ente vivo y un juez silencioso. Existe una brecha insalvable en la percepción del entorno que ilustra la colisión de las "placas tectónicas" culturales. Mientras el turista Jack ve el agua como un "gimnasio" para su ego y su tabla de surf, el pescador local, Poncho, entiende que el mar es una fuente de vida que exige un respeto absoluto.

Esta dualidad alcanza su punto máximo en la majestuosa cueva marina, un escenario de estalactitas y luces difusas que funciona como una metáfora del propio Jack: espectacular a la vista, pero mortal si no se respeta la marea. La novela sugiere que existe una "justicia natural" que interviene donde la ley humana es ciega; el mar no limpia los pecados, sino que aplica una sentencia rápida e implacable cuando la arrogancia desafía sus límites.

La Hermelinda y otros personajes granadinos

La Hermelinda

Hermelinda recorría las calles de Granada, enseñándose cuando se sentía elegante. Era hermosa, alta, blanca con pecas en la cara, en los brazos y piernas. Nunca supe dónde vivía y si tenía familia. Era una persona que se dejaba querer. Toda la gente le regalaba cosas porque ese era su afán, que le vieran bien vestida, pintada hasta más no poder. La pintura que usaba era la de aceite, si se enteraba que alguien estaba pintando su casa, llegaba a pedir los poquitos de pintura que sobraban. Un día se le podía ver los brazos y piernas pintados de colores diferentes, las uñas —se adelantó a la moda actual— porque ella se pintaba las uñas de diferentes colores, el pelo lo usaba corte varonil, pero todo parado estilo punk, color dorado en aceite. Se ponía cualquier vestido que le regalaban para que la vieran lo guapa que andaba. 

Era tranquila, no pedía. Conversaba muy poco, pero lo hacía si tenía momentos lúcidos. Nadie nunca la molestó. Si tenía hambre, iba al mercado con ese su andar como si las calles fueran una pasarela de moda y ella la modelo principal. Esa impresión daba al verla caminar. A las muchachas vendedoras de tortillas les decía “come y comamos”, pasaba y tomaba dos tortillas y seguía diciendo, a las tortillas hay que ponerle algo, y tomaba las morongas allí nomasito, otra vez: “come y comamos”. Lo que quería comer lo tomaba con tranquilidad, todas las vendedoras ya sabían que la dejaban hacer su almuerzo de esa manera, con solo decir: “come y comamos”.

Fue muy querida por todo el mundo y ella se sabía hermosa con un alma pura se veía que amaba la vida.

Cuentan de la Hermelinda que había nacido buena de su mente, que era “cuerda”. Se volvió loca por un episodio cuando era una señorita. Tenía un novio de Managua, que venía a visitarla como tres veces por semana. Ella bien enamorada esperaba la llegada del tren los días convenidos para visitarla. Platicaba del matrimonio con gran entusiasmo y ella contaba a todo Granada de su próxima boda. El vestido de boda ya lo tenía palabreado. De la hechura, la tela, los adornos, las damas, las niñas de las flores, de todos estos menesteres se encargaron las señoritas Marcia, que eran muy pías y que temían que la Hermelinda se fuera con el novio sin casarse.

Un día de tantos no llegó el novio. Bueno, puede ser que esté enfermo, —se dijo— voy a ir a ponerle un telegrama 22-22-22 para saber si va a poder venir mañana que le toca cumplir conmigo. Llega el mentado día y el novio sin contestar el telegrama, ni dar señales de vida. Ella angustiada sin perder las esperanzas, lo sigue esperando. Sin aparecer el novio le envía un telegrama diciéndole: “Me casé hace tres días, olvidame”. Cuentan que la Hermelinda cayó al suelo de un solo, quedó como muerta, la llevaron a su tijera, le pusieron un trapito con “agua florida” a ver si así volvía del desmayo. Quedó en su cuarto como ausente, no hablaba con nadie. Así pasó como cinco días, al sexto día salió del cuarto hablando incoherencias, ya estaba loca de dolor por la traición del novio. Así se explica el por qué andaba pidiendo que se casaran con ella los señores de Granada.

A la Hermelinda de cariño se le llamaba en mi vecindario Herme, no había lugar donde ella no entrara, lo mismo le daba un banco, que una casa particular, buscaba la casa más elegante, o un negocio en el mercado. En su recorrido diario por la mañana primero pasaba por el Banco de América, directo entraba donde el gerente y le decía: 

—Ernesto —al gerente de ese entonces— ¿Por qué no te casas conmigo? dejá a la Gloria (esposa), abrí primero esa caja fuerte que está detrás de vos, sacá los reales que tenés allí y nos vamos juntos a Catedral y nos casamos por la iglesia.

Igual hacía con el que le gustaba, ella misma sabía lo que hacía, salía riéndose después de la propuesta de matrimonio, estaba clara que era una bandidencia.

Pastor Vado

Pastor Vado, no era demente ni por asomo, era epiléptico y luego de cada ataque fue perdiendo facultades, se volvió huraño, hablaba todo el tiempo o mejor dicho murmuraba algo y se refugió en un pasatiempo muy original, recoger culebras. Las guardaba en las bolsas del pantalón, de la camisa, a veces las traía en el cuello como collar y las besaba. Como en ese entonces no existía tratamiento para

YO RECUERDO. Crónicas urbanas

Por: Augusto Oliverio Quintana Cuarezma


En el desarrollo de mi vida siempre he tenido en mi mente pequeños espacios que me permiten recordar a alguien o algo que me pasó en el pasado, recuerdos que conforman un conjunto de imágenes, de situaciones o hechos pasados que vienen y van, recuerdos exactos de todo lo que me había sucedido y que a los años que tengo no olvidé el lugar o a la persona que me hicieron vivir momentos de felicidad, alegría o tristeza, tal como lo relato en este libro, que al inicio le daba pobrísimas oportunidades de su publicación, y que sólo contando con el ánimo y ayuda de mi familia, que son un montón de gente, se pudo realizar.

Nunca he publicado nada y ni siquiera cuento con el conocimiento de todo escritor por lo que nunca he acudido a una impresora, y ya estoy nervioso.

El “Señor” me ayude en esta aventura.

MI NACIMIENTO

Según mi papá Emilio Quintana y mi mamá Elida Cuarezma, nací en Managua, en el barrio El Triunfo un 26 de septiembre de 1932. Lo que me da la memoria es que la pobreza siempre reinó sobre nosotros, de barrio en barrio viviendo en cuartos de alquiler, viviendas miserables y sus dueños déspotas, cobrando con altanería sus mesadas a los que sufrimos esas amarguras, y que gracias a Dios nos conservó la vida. Papá aunque alardeaba de estar bien, él estaba en las garras de la pobreza, mi pobre mamá, cómo hubiera deseado que sus hijos vivieran en una casa digna, que recibieran estudios y una alimentación adecuada. Era costurera y pasó la mayor parte de su vida inclinada sobre una máquina de coser para reunir unas cuantas monedas para nuestra sobrevivencia.
A su memoria sus hijos; Sócrates, Mirna, Sonia, Dunia, Krasnodar y Oliverio.

Los cuentos de Tío Coyote y Tío Conejo

Los cuentos de Tío Conejo y Tío Coyote forman parte del folclore nicaragüense y centroamericano. Estas historias representan una serie de enfrentamientos cómicos entre dos personajes que simbolizan características opuestas.

Tío Conejo, a menudo es astuto, ingenioso y siempre encuentra maneras de salir airoso de las situaciones más complicadas. En contraste, Tío Coyote es fuerte pero ingenuo, cayendo frecuentemente en las trampas de Tío Conejo.

Análisis temático

  1. Astucia frente a la fuerza: Los cuentos de Tío Conejo y Tío Coyote exploran cómo la inteligencia y el ingenio prevalecen sobre la fuerza bruta. Tío Conejo representa la sabiduría popular, mientras que Tío Coyote encarna la torpeza y la falta de previsión.

  2. Desigualdad social: Estos cuentos también reflejan las diferencias de poder en la sociedad, donde los más débiles (representados por Tío Conejo) deben usar la astucia para sobrevivir frente a los más poderosos (Tío Coyote).

  3. Humor y moraleja: La estructura de los cuentos es humorística, con episodios llenos de bromas y engaños que siempre terminan con una enseñanza moral sobre la importancia de la astucia.

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Un día, Tío Conejo estaba comiendo zapotes arriba de un árbol, y Tío Coyote, como siempre, lo andaba persiguiendo. Cuando Tío Conejo lo vio pasar, le gritó:

Mis cuentos cortos de TERROR

Por: Mauricio Valdez Rivas

Una noche oscura

Era una de esas noche oscura, oscura, oscura, pero ayúdenme a decir oscura, oscurísima, solo las estrellas titilantes pegadas en la bóveda celestial me permitían medio ver una figura que parecía ser humana, se movía lentamente, como meciéndose por el viento que de vez en cuando soplaba zarandeando las ramas de los árboles, la figura estaba debajo de uno de los palos de mandarina que formaban una larga hilera, ahí estaba sin ir a ningún lado, a veces parecía agacharse, a veces parecía danzar. Me preguntaba quién o qué podría ser aquello. 

Me agarró la noche por más que aligeré el paso, pero ya estoy cerca de llegar a mi destino. Me detuve, sentí miedo, ese fulano estaba justamente a la orilla del sendero por el que iba caminando, empuñé con fuerza mi machete, di unos cuantos pasos más y grité preguntando: ¿QUIÉN ANDA POR AHÍ? La misteriosa figura parecía que me volteaba a ver, pero nada de responderme, ¿Eres tú Antonio? Pregunté creyendo que se trataba de mi compadre, pues estaba pasando por sus terrenos, pero seguía sin responder, di otros pasos haciendo ruido con el machete rozándolo contra la tierra pedregosa para que el hombre pudiera saber que voy armado y dispuesto a defenderme de cualquier malhechor. Me esforzaba en adivinar si realmente se trataba de alguien, diez metros, siete, mi corazón parecía un tambor redoblando al ritmo del pánico que sentía, mi frente sudaba, todo mi cuerpo estaba helado, me detuve nuevamente; mis rodillas me falseaban, todavía veía a una figura indeterminada, me paralicé al ver, en lo que parecía su cabeza, centellar dos diminutas lucecitas, ¡sus ojos! ¿Son sus ojos? Me preguntaba, quería gritar, pero no me salía ni un sonido de mi gaznate. Temblaba de miedo; pues había escuchado que en ese mismo punto, a la Ramona le había salido un espanto, ¿será el mismo? Me preguntaba.

Mi voluntad: Relatos de Servicuo militar en Nicaragua 1988


Por: Jorge Luis Prendiz Bonilla



Prólogo

Esta es una historia de sobrevivencia que refleja una extrema fuerza de voluntad física y mental por parte del autor para lograr un propósito que al final se convertiría en su propia superación personal. Tarde o temprano nos encontramos ante situaciones difíciles de superar; entre más adversas y complicadas sean, más fuerte formarán nuestro carácter que nos harán mejores seres humanos persistiendo en los buenos principios y valores heredados de nuestra familia.

Me sorprende la memoria de Jorge, sus detalles son tan precisos, su forma narrativa es excepcional, su memoria es capaz de darnos detalles de los hechos tal y cual estuviéramos viendo una película, no se involucra en querer formular en el lector ideales políticos o de otra índole, su intención es puramente el entretenimiento narrativo, dando a conocer lo que él pasó desde su reclutamiento militar y por supuesto, nos presenta un panorama que los jóvenes vivimos en la década de los años 80 en Nicaragua, así como una perspectiva familiar con algunas anécdotas de su niñez y comentarios de profundo amor y respeto a toda su familia.

La lectura de estos relatos, que los considero muy equilibrados y con muchos pormenores, es una opción de enterarse de cómo fue esa parte de nuestras vidas desde que fuimos reclutados al Servicio Militar en 1988, entrenados en una base escuela en el municipio de Condega en Estelí y luego incorporados al BLI Pedro Altamirano (BLI-PA) en Nueva Guinea, Zelaya Central, hasta el triunfo de la UNO (Unión Nacional Opositora) en 1990 con Violeta Barrios de Chamorro como presidenta de la República.

Personalmente me resulta interesante haber encontrado a mi amigo Jorge, después de más de 15 años sin verlo, y digo “me resulta interesante” porque yo también había decidido escribir mis memorias de lo que viví en el Servicio Militar Patriótico (SMP), fue hasta ahora en el 2016, y gracias a las redes sociales, que nos reencontramos, al reunirnos nos dimos cuenta de las coincidencia, no solo en recordar esos acontecimientos memorables; sino de la intención de dejarlos en la perpetuidad y que sean útiles como una manera para que la juventud comprenda lo que nuestra generación tuvo que sufrir, sobreponiéndose a las adversidades y salir adelante marcando la historia, muchas veces actuando por nuestra propia voluntad. Han transcurrido 28 años y su memoria, nos recrea una gran parte de nuestras vidas en la montaña, así mismo fue capaz de detallar sucesos para hacer una lectura que, a como él dice, transporta al lector a la época, a lugares y al momento de los hechos.

Le agradezco la oportunidad de tomar en cuenta mi humilde opinión al pedirme escribir el prólogo de su libro y de que además ayudara con la edición, ya que participé en casi todos los sucesos que Jorge aquí relata, esta etapa fue también para mí, una de las más trascendentales de mi vida y sus memorias son complementos de las mías y seguramente él pensará lo mismo con respecto a mis memorias.

Al introducirme en la lectura y poder echar mano a sus escritos, ha sido para mí una forma diferente e intensa de leer un libro ya que además de ser un personaje dentro de la narrativa, he sido también, en algunos casos, el editor. Al mismo tiempo me ayudó a recordar sucesos que ya no recordaba, por lo menos no con tantos detalles o desde el punto de vista de él.

Mauricio Valdez Rivas

Introducción

Es mi deseo que el momento que hayan escogido para leer estas memorias, se encuentren gozando de salud y sosiego al lado de sus seres queridos, esa tranquilidad debe de ser el escenario para preparar su mente y puedan transportarse a un panorama de reflexión sobre lo leído. Para otros, estas anécdotas no serán de mucho interés, pero el arte de revivir algo de nuestro pasado, se encuentra en la forma de escribir lo que recordamos. Dicen -que uno vive de los recuerdos, y nada fija más intensamente un recuerdo que el deseo de olvidarlo- mi principal intención es que conozcan la verdadera historia que albergué en mi interior durante tanto tiempo. Existe mucha posibilidad de que algunos minutos, horas y tal vez días, pude haber olvidado en estos relatos; pero de lo que sí estoy seguro que con los recuerdos, pude estructurar períodos de tiempos que reviven las diferentes historias de esta obra, lográndolas proteger de las garras del olvido. Existen muchos detalles intensos que se transforman en extraordinarios y prácticos recuerdos, todos ellos fueron sucesos reales, narraciones ajustadas a la transcripción de mi memoria. En este ejercicio mental, aparecieron como fantasmas algunos acontecimientos que decidí no escribirlos, cada vez que profundizaba en algún suceso los detalles me despertaban sentimientos encontrados que es mejor no recordar, así que, por prudencia a quienes participamos de las acciones encomendadas por los altos mandos de nuestra unidad militar, omití esos hechos.

En el caso de algunos personajes que aparecen ocasionalmente en el libreto, de forma discrecional hago uso de sus apellidos para no caer en una mala interpretación. El método que utilizo en esta obra es la narrativa que ocasionalmente me provocó problemas al describir sucesos donde uno mismo es el personaje central, procurando evitar caer en el sensacionalismo o egolatría hacia mí mismo, procuré ser lo más sensato posible y darle objetividad, claridad y protagonismo a quienes se lo merecen. El texto puede ser interesante para el lector al recrearse con estas vivencias, que les aseguro no son parte del guión de alguna película de guerra hollywoodense, simplemente sucedieron. Las ganas de escribir nacen de una necesidad en mi espíritu y un buen ejercicio mental al recordar hechos acontecidos hace algunos años que en su gran mayoría no he olvidado y difícilmente olvidaré el resto de mi vida.

Dejar esos hechos en este testimonio, que muchos logramos recordar pero seguramente no queremos contar, para mí es un alivio subjetivo, el compartir esas experiencias militares, pero mayormente físicas y mentales de cómo sobreviví en las montañas del centro atlántico de nuestro país, en condiciones adversas y en un medio ambiente hostil, con largas horas de aburrimiento, controlando el estrés de la soledad, y extenuantes días de caminatas que terminaban en nada, absolutamente en nada, sin saber en qué día ni fecha nos encontrábamos, superando la desconfianza e imponiéndome a la adversidad para borrar de la mente lo mal que estaba viviendo y asumir con carácter positivo lo que me estaba sucediendo, traduciendo los datos que mi mente interpretaba como una estrategia de convivencia mínima entre las personas que me rodeaban, superando el agotamiento corporal provocado por el escarmiento de la intemperie y la condena de una naturaleza sin límites, ni perdón, marcándonos con el paso de sus minutos a horas, formando días eternos y noches agobiantes, creando en nuestras conciencias reductos de valentía, para calmar nuestras desesperaciones al pasar del tiempo, acumulando en nuestros “odómetros” genéticos, kilómetros de mala vida, que en algún momento debía terminar. Desde ese tiempo, hay un principio natural con el que he vivido; “Todo pasará y se terminará”. Todas esas experiencias de vida, jamás quiero volver a repetirlas y mucho menos deseo que las vivan mis hijos: Andreu y Dieck. 

De todo lo que mi decisión provocó, el daño más relevante del que hasta hoy me siento culpable, es del sufrimiento de mis padres, y en especial de las travesías y humillaciones que mi padre (Agustín Préndiz Cuéndiz) sufrió en cada base o centro militar donde estuvo buscándome y donde pedía que fuese trasladado a zonas de paz, en alguno de esos lugares pudo estar conmigo, con la humildad que lo caracterizó en su vida, siempre pidiendo por mí. Estos relatos, son para recordarlo y si me permiten llamarle libro, es para dejar un recuerdo de lo que vivimos: Mi padre, mi madre, mis hermanos y yo, en esa difícil época. Acontecimientos que llevo recordando desde hace un tiempo, procurando que cada relato tenga los mayores detalles posibles para describir de forma entretenida, con la suprema intención de que el lector pueda trasladarse mentalmente a esa época no muy grata para muchos.
Debo aclarar que aunque doy detalles fieles de muchos acontecimientos, en algunos momentos introduzco un poco de ficción como método de enlazar de forma semántica y coordinada aspectos importantes de los mismos. Pido disculpas por no transcribir muchos de estos acontecimientos que no se le escapan al “Hanzaimer” que a todos nos condena, hechos que es mejor dejar en el olvido.

No pretendo establecer ningún criterio político sobre este tema, mi único propósito es recordar lo que viví. Pienso que soy uno de esos pocos afortunados, que cierra los ojos para recordar momentos de la vida con el deseo de valorar lo realmente inolvidable y describirlo como una experiencia de vida o sobrevivencia personal, debo decir con claridad que en mi prudente juicio, todos estos hechos sirvieron para mal o para bien, formar el mal carácter que tengo, en el hombre egoísta y frío que soy, pero que de alguna forma he tratado de rehabilitarme, buscando la paz interna que a todos nos embarga en algún momento de nuestras vidas. Este relato de anécdotas, deben de servir para recordar a esos jóvenes - en su mayoría - y mujeres que de forma voluntaria o forzada, engrandecimos las filas de los llamados Batallones de Lucha Irregular (B.L.I.) por lo que, es mi obligación expresar respeto al recordar a ese gran contingente de jóvenes que dentro de la historia de nuestro país, algunos sirvieron con voluntad revolucionaria, pero; la gran mayoría fue forzada a cumplir un Servicio Militar que nadie en este país quiere recordar. Aunque estoy consciente que por haberse tratado de una Ley de la República era un deber su cumplimiento. Este modelo de pensamiento o el intento de pensar diferente al sistema, para algunos grupos de jóvenes de hoy, que no tienen idea de lo que aconteció en esos tiempos, es llamado deslealtad a la patria. Para los que vivimos esa cruda realidad en esa etapa de juventud, nada es igual, todo es diferente, los tiempos pasan y las personas cambian. Que esto sirva para recordar a esos héroes y no héroes desconocidos, anónimos, chavalos que pasaron rápidamente de ser civiles a ser militares, con poco o nada de entrenamiento para encontrarse con la soledad, la incertidumbre, la nostalgia... y en muchos casos la muerte.

Estas anécdotas, pueden ser útiles como una lectura de aventura, al darse una mínima idea, de la vida que tuvimos que afrontar algunos en cumplimiento del deber o simplemente sobrevivir el día a día y sientan la necesidad de corregir los errores que muchos cometimos y que algunos fuimos capaces de corregir, con el perdón a tanto sufrimiento que nos causaron y las angustias que provocamos. Es de humanos evolucionar, mejorando nuestro comportamiento de vida, sirviendo a la sociedad desde lugares más productivos, estando al servicio de nuestro pueblo de forma correcta moralmente, aprovechando el tiempo para educarnos, profesionalizarse y desarrollar una sociedad con mayores valores que los que hoy poseemos, fundamentalmente con los que nos rodean, nuestros padres, esposas e hijos. En base a esos principios cristianos, familiares, de buenas costumbres y tolerancia que fueron los fundamentos de mi educación y que en algún momento de la narrativa se contradicen, dedico este conjunto de párrafos, que he decidido llamar “Mi voluntad”, a la memoria de mi padre, Miguel Agustín Préndiz Cuéndiz, por el valor que me mostró en esos tiempos tan difíciles, por las agallas que tuvo para enfrentar tantas humillaciones y enfrentarse a la intemperie, por el coraje que siempre mantuvo pidiendo mi libertad civil y por el profundo amor de padre que se desbordaba cuando nos sentábamos a comer en el monte bajo la sombra de algún frondoso árbol los alimentos que preparaba mi madre Daysi Bonilla López, y que él con mucho cuidado intentaba trasladar hasta donde estuviera. Dedico estas historias, a las lágrimas que miré caer de los ojos de ese hombre cuando me miraba demacrado, desnutrido y enfermo, seguro que al regresar a casa, en su interior se transformaron en llanto junto a mí madre, ese hombre siempre estuvo a mi lado, mi Papá.
Desde su muerte el 12 de enero del año 2007, me he dedicado a recordarlo en muchas de sus facetas, el mejor recuerdo que tengo es su talento como trabajador, su instinto de protección, sus lágrimas y sus arribos a todos esos sitios que recordaré e intentaré transcribir de la mejor manera posible transportándolos a esos territorios agrestes de nuestra Nicaragua.

Al desarrollar la lectura, podrán distinguir las diversas etapas que viví como soldado. Así mismo espero que el lector pueda comprender el origen del título “Mi voluntad” para mi libro. Sin entrar al campo político y menos a la ontología del por qué nuestro país se encontraba en tan difícil situación, decidí correr el riesgo y sortear las grietas de la coyuntura que vivíamos, para no caer en apasionamientos ideológicos, me senté a recordar los momentos difíciles que superé, aventurándome a escribirlos como recuerdos extraordinarios que merecen ser compartidos, con la sana intención de perpetuar lo que pude vivir y puedo contar. 

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PUEDES PEDIR EL LIBRO DIRECTAMENTE AL AUTOR Jorge Luis Préndiz Bonilla