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Poesía dispersa de Rubén Darío (1879)

La presente selección incluye poemas, versos y otras manifestaciones poéticas de Rubén Darío publicadas por periódicos y revistas de la época, o bien encontradas por investigadores nacionales y extranjeros, los cuales no llegaron a formar parte algunos de los libros de poesía del gran panida.

En 1877 hace versos sin equivocarse en el ritmo y la medida. “De mí sé decir que a los diez años ya componía versos, y que no cometí nunca una sola falta de ritmo”.

Enero 1879. Primer soneto conocido de Rubén Darío: “La Fe”, publicado en el periódico leonés “El Ensayo.” Por ser su primer poema publicado incluimos una facsimilar de su original. El mismo formaba parte de una libro non nato, que en el manuscrito Darío tituló “Poesías y Artículos en Prosa, tomo I” y que con motivo del centenario de su nacimiento (1967) se publicara por la UNAN, en León, Nicaragua. Se publicó así mismo un segundo tomo que contiene la poesía ya editada y con prolijas notas del profesor Fidel Coloma.



Muchachos, sin vacilar…

Muchachos, sin vacilar
corramos a los limones,
y vean estos panzones
que nos sabemos vengar.

León, Nicaragua.

La Radio en Nicaragua: Sus protagonistas

Entrevista a Fabio Gadea Mantilla

Esta entrevista está incluida en muchas otras más que Miriam Palacio Sevilla hiciera a los protagonistas de la radio en Nicaragua en su libro próximo a publicarse por "Segovia Ediciones Latinoamericanas, cuyo título es: "La Radio en Nicaragua: Sus protagonistas".

A continuación una porción de esa entrevista que tiene que ver con el inicio del programa radial de cuentos "Pancho Madrigal" que "lanzó al estrellato" al señor Favio Gadea Mantilla y a Otto de la Rocha.


90. MIRIAM: ¿Su llegada a Radio Mundial cambia su vida?

91. FABIO: Sí, mucho.

92. MIRIAM: ¿Cuándo sale Pancho Madrigal no tuvo problemas con sus colegas?

93. FABIO: No, porque nadie tenía los conocimientos de tradición como los tenía yo. Cosas campesinas. Ninguno de ellos la tenía. Ni Mc-Connell, ni Ortega Chamorro ni Sidar, todos eran de Managua. Eran los reyes de las cosas de Managua.

Estábamos haciendo un cuento de Rodolfo Calero Orozco en la radio que se llamaba Catín, criatura inolvidable, haciendo ese cuento, que yo narraba, se me ocurrió y me dije: «Las novelas que son tan bonitas y tienen tanto éxito, porque no podría tener éxito un cuento de La Carreta nahua o de La Cegua, narrado por un campesino y con personajes como el campesino, con música de fondo especial. Y le digo a Tío Popo:

— ¿Ve, vos podés narrar como un personaje campesino?

— ¡Claro! –me dijo Tío Popo.

Me fui a la máquina de escribir y escribí el primer Pancho Madrigal.

Títulos de libros de Rubén Darío

LIBROS DE RUBÉN DARÍO PUBLICADOS EN VIDA:  

  • 1885 Epístolas y Poemas. (Versos)
  • 1887 Abrojos. (Versos) Santiago de Chile, Imprenta Cervantes.
  • 1887 Emelina. (Novela) Valparaíso. Imprenta y Litografía Universal de Chaigeau y Castro. (Novela en colaboración con Eduardo Poirier).
  • 1887 Canto Épico a las glorias de Chile. (Versos) (Certamen Varela T.I.; Anto­logía. , Santiago de Chile. Imprenta Cervantes).
  • 1887 Rimas. (Versos) (Certamen Varela Ti.; Antología. Imprenta Cervantes).
  • 1888 Primeras Notas. (Versos) Managua. Tipografía Nacional. Calle Zavala No. 61.
  • 1888 Azul... (Prosa y Versos) Valparaíso. Imprenta y Litografía Excelsior.
  • 1890 A. de Gilbert. (Prosa) San Salvador. Imprenta Nacional Calle de la Aurora.
  • 1896 Los Raros. (Prosa) Buenos Aires. Ta­lleres de La Vasconia.
  • 1896 Prosas Profanas y otros poemas. (Ver­sos) Buenos Aires. Imprenta Pablo E. Coni e Hijos.
  • 1899 Castelar. (Prosa) Madrid. B. Rodrí­guez Serra.
  • 1901 España Contemporánea. (Prosa) París. Garnier Hermanos, Libreros Editores.
  • 1901 Peregrinaciones. (Prosa) Librería de la viuda de Ch. Bouret. París.
  • 1902 La Caravana Pasa. (Prosa) París. Garnier Libreros Editores.
  • 1904 Tierras Solares. (Prosa) Madrid. Biblio­teca Nacional y Extranjera. Leonardo William. Editor.
  • 1905 Cantos de Vida y Esperanza. Los Cisnes y otros poemas. (Versos) Madrid. Ti­pografía de la Revista Archivo, Biblio­tecas y Museos.
  • 1906 Oda a Mitre. Eyméoud. 2 Place du Caire.
  • 1906 Opiniones. (Prosa) Madrid. Librería de Fernando Fe.
  • 1907 Parisiana. (Prosa) Madrid. Librería de Fernando Fe.
  • 1907 El Canto Errante. (Versos) Madrid. Biblioteca Nueva de Escritores Espa­ñoles. M. Pérez Villavicencio Editor.
  • 1909 Alfonso XIII. (Prosa) Madrid: Biblio­teca "Ateneo". Rodríguez, Barquillo, 8-Madrid.
  • 1909 El Viaje a Nicaragua e Intermezzo Tropical. (Prosa y Verso) Madrid, Biblioteca "Ateneo".
  • 1910 Poema del Otoño y otros Poemas. (Versos) Madrid. Biblioteca "Ateneo".
  • 1911 Letras. (Prosas) París. Garnier Herma­nos. Libreros Editores.
  • 1912 Todo al Vuelo. (Prosa) Madrid. Rena­cimiento Sociedad Anónima Editorial.
  • 1914 Canto a la Argentina. (Versos) Biblio­teca Corona. Madrid.
  • 1914 Muy Siglo XVIII. Biblioteca Corona. Madrid.
  • 1915 Muy Antiguo y muy Moderno. Biblio­teca Corona. Madrid.
  • 1915 La Vida de Rubén Darío, escrita por él mismo. (Prosa) Barcelona. Casa Editorial Maucci.
Mucha poesía la escribió sin incorporarla en algún libro, a estas la hemos llamado "Poesía dispersa de Rubén Darío" comenzando en 1877. Vea Poesía dispersa de Rubén Darío


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No puedo ni quiero callar

Carlos Alberto Ampié Loría

NO PUEDO NI QUIERO CALLAR

Selección de artículos y discursos 
2001-2015

Prólogo
“La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés”.
Antonio Machado: Proverbios

Para mí él es “los hermanos Grimm” de Nicaragua: Cuando Carlos Ampié Loría en el año 2000 –después de muchos años de vivir en Alemania– regresó a su país, dedicó mucho tiempo a la recopilación y redacción de las leyendas y cuentos populares nicaragüenses más importantes. Eso significa un trabajo de conservación del bien cultural, que mi país Alemania agradece a los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm. Como filóloga germanista Carlos Ampié Loría conoce esta obra de la mejor manera y por supuesto también el idioma y la cultura alemana. Por todo eso le fue posible publicar las leyendas y cuentos populares de Nicaragua en 2003 en un tomo bilingüe.

Como traductor trajo al público nicaragüense “Doce cuentos” del premio Nobel alemán Heinrich Böll y a los niños de Nicaragua les regaló los cuentos populares de tío coyote y tío conejo en forma de baladas –una forma particularmente típica de la lírica alemana.

He querido mencionar estas publicaciones porque reflejan la competencia intercultural de este autor, resultado de su biografía entre dos mundos y sus estudios durante toda la vida. Estudios sobre todo de lenguas y literatura. Algunos de los artículos de esta colección son muestra de ello.

Desde 2005 vive de nuevo en Alemania. Sin embargo, nunca ha perdido de vista Nicaragua: Lee con regularidad los diarios nacionales, se informa sobre el acontecer actual. Mantiene correspondencia con intelectuales y amigos nicaragüenses. A través de ese constante intercambio le es posible acercar a otros a Nicaragua –a gente que en Europa pregunta: “¿Nicaragua? Y eso ¿dónde queda?” Estos por lo general pertenecen a la nueva generación. A los mayores que han perdido de vista Nicaragua porque ya no está en los titulares de los medios– ojos que no ven, corazón que no siente: “Allí hubo una revolución ¿no? ¿Qué ha sido de los sandinistas?” Y mientras entusiasma a los primeros, hablándoles de su “proyecto de juventud”, especialmente de la Cruzada de Alfabetización y de la solidaridad que Nicaragua recibió en los años 80 y que lo llevó a él mismo como becario a la RDA, les cuenta a sus coetáneos en Europa qué ha sido de los ideales de la revolución de entonces.

Si al hacerlo su posición es crítica, a menudo demasiado crítica respecto a sus otrora compañeros, ello no es sino un testimonio más de su amor a Nicaragua. Tal y como un padre verdaderamente amoroso acompaña a sus hijos con mirada crítica, en vez de verlos con impasibles ojos arrojarse a la desgracia, así sigue Carlos Ampié Loría las sendas que hoy toman los compañeros. También de todo eso dan testimonio algunos de los artículos seleccionados para este tomo, los cuales junto a otros en lengua alemana han sido escritos en los últimos quince años.

“Si pequeña es la patria, uno grande la sueña,” quizá pero en ningún caso nacionalista en demasía. Carlos Ampié Loría da seguimiento con igual interés a los acontecimientos mundiales y comparte sus preocupaciones y análisis, sus conocimientos, percepciones e ideas con sus lectores. Al hacerlo alza, él que por lo general es más bien calladito, conscientemente su voz, y no puede ni quiere callar –¡ni debería hacerlo!

Katja Ullmann 
13 de febrero de 2016



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Los Cuentos del General y Otros Relatos

Enrique Alvarado Martínez

Ensayista y narrador. Nació en la ciudad de Granada en 1935. Hizo estudios de Ciencias Políticas en Costa Rica y Estados Unidos. Planificación e Investigación de la Comunicación en Quito, Ecuador. Se licenció de psicólogo en la Universidad Centroamericana (UCA) y obtuvo una Maestría en Comunicación Social, en la Universidad de Texas, EUA.

Ha sido docente, Director de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UCA.Vicerrector de la Universidad Centroamericana y Diplomático de Nicaragua ante los Países Nórdicos.


Ha publicado: El Pensamiento Político Nicaragüense (1968) Cuentos de Calle y Camino (1970) ¿Ha Muerto el Partido Conservador de Nicaragua? (1994), Las Increibles Aventuras de Johnny White y Billy Black  (1997), Anécdotas Granadinas (1998), la novela histórica: Doña Damiana (1998), La UCA: Una historia a través de la Historia (2000), Esa Insólita Suecia: vista por un nicaragüense (2003)  La Verdadera Historia de Johnny White y Billy Black (2004) y La UCA; Una historia a través de la Historia (2010).




LOS CUENTOS DEL GENERAL

LA MUERTE DEL GENERAL

La muerte del General se escondió por unos días para preparar las honras fúnebres con los honores de merecimiento pero también para asegurar a los amigos del General que su obra perduraría aún después de su muerte.

Por su parte los obispos que habían sido generosamente protegidos por el General, no encontraban maneras de demostrar su agradecimiento. Se hicieron misa y en ellas se repartieron hasta 500 Indulgencias Plenarias que según los sacerdotes serían efectivas por la intercesión del General.

El más ardoroso de estos clérigos era un sacerdote elevado en rango, de capelo y caperuza, que toda la vida había llevado una conducta ejemplar aún al riesgo de ofender al General, como muchas veces lo hizo, sufriendo privaciones e insultos de parte de los turiferarios. Su valentía frente al tirano lo hizo respetable y ante los ojos de la oposición como el más confiable mediador en cuanta crisis cierta o artificial había provocado el General. A él acudían los perseguidos para implorar su bendición y su amparo. Todos predecían que moriría en olor de santidad por las mortificaciones que había padecido por amor a la verdad y a la tranquilidad de su pueblo.

Pero a los ochenta años, cuando la vejez debía haber morigerado sus pasiones y atemperado sus ambiciones, una jugosa capellanía que dio abundante riqueza y poder a él y sus familiares, hizo cambiar completamente su personalidad y su conducta. Él lo explicó como una revelación divina que le hizo ver las virtudes incomprendidas de un gobernante dedicado a su pueblo, aunque siempre escondía su perfidia en un lenguaje sibilino.

En todo caso repetía incansables oraciones al altísimo al bien común y al perdón, pero por mucho esfuerzo que hiciera no podía esconder esa metamorfosis de ser humano a animal rastrero que la mayoría observaba con asombro y tristeza.

Ni aun cuando dejaron de llegar las romerías de suplicantes solicitando su bendición entendió su tragedia, más se fue hundiendo en el pantanal de su con ciencia. Cuando alguien se atrevía a criticar su nueva forma de pensar él terminaba diciendo que Cristo había profetizado que los pastores serían perseguidos y vilipendiados por defender la verdad y que la iglesia siempre se sentaba en la esquina para ver pasar el cadáver de sus enemigos.

A la muerte del General se hicieron rogatorios, vigilias y procesiones, y fueron tantas las oraciones a Dios por el alma del General que alguien llegó a decir que ni las misas, ni las Indulgencias Plenarias, ni los rosarios ajustaban para que el General subiera al purgatorio y mucho menos al cielo. Entonces el obispo “renacido” propuso que lo nombraran Cardenal de la Santa Iglesia. Todos aprobaron la idea porque hasta se pensó que bajo el título de Cardenal se facilitaría en un futuro próximo pedir la canonización del General. El telegrama que fue a Roma exaltaba las virtudes y la nobleza del General y hasta le atribuía hechos que podrían considerarse milagrosos en su ejemplar vida.

Roma, prudentes en estas cosas, mandó a recordar que la Santa Sede era la única institución a la que le correspondía el nombramiento de los cardenales. Que los cardenales en el presente debían de ser religiosos no casados. Que, aunque en el pasado hubo cierta liberalidad en eso de papas con mujeres, como el caso de Alejandro VI, esa era historia antigua y finalmente, que nunca se había nombrado a una persona Cardenal después de muerto.

Los obispos locales entendieron el mensaje del Vaticano, pero no quedó satisfecho su afán de agradar a la familia del General con una especial distinción. Por lo tanto, desistieron del cardenalato y le nombraron Príncipe de la Iglesia, con lo cual, no desobedecían al Santo Padre, pero aseguraron que ser Príncipe de la Iglesia era prácticamente lo mismo, con la única diferencia que el General no podría votar en un Cónclave de la iglesia. Explicaron con abundancia que en tiempo pasado cuando los papas tenían tanto poder como los reyes, se usaba indistintamente la palabra Cardenal o Príncipe de la Iglesia.

Por su parte los militares que miraban al General como su propio padre organizaron maratónicas sesiones de llanto colectivo, acompañados de sus mujeres. Muchas de ellas habían compartido la cama del General, de tal manera que el llanto auténtico que sus esposos observaron, no era la solidaridad con el marido huérfano de padre, sino el llanto de la mujer huérfana de amante, abatida por la pérdida de su objeto de placer.



EL GENERAL EN SU  LECHO DE MUERTE

Ya en su lecho de muerte el General recordaría como fue que pasó todo, hasta perderse en los meandros del poder. Regresó paso a paso por su vida. Su juventud estremecida por una pasión sin freno con aquella empleada doméstica, mulata de duras carnes y sexo salvaje. La aflicción de sus padres para desprenderlo de esa insania amorosa. Su viaje a Estados Unidos donde trató de olvidarse de Olivia, metiéndose en la cama de la esposa de su profesor de inglés hasta que el teacher ofendido le ofreciera doce perdigones de su escopeta con que cazaba patos en las riberas del Potomac.

Unos meses en la escuela de los marines, de donde desertó por falta de disciplina y una excesiva prisa para saltar etapas y llegar a lo más alto. Su regreso a un país en guerra, contra un guerrillero desafiante y peligroso. Sus ojos puestos en la oportunidad precisa para saltar de la insignificancia al poder.

Su país ocupado por marines y su inglés facilitándole entrar en la confianza de los interventores. Sus pantalones bombachos, sus botas de charol y una fusta de mando que le regaló el Capitán Lake, y así se miraba marcial y decidido para seguir su destino. Dio la orden de muerte para el “bandido” sin que le temblara la voz y sin que le remordiera la conciencia, porque todo lo había hecho por la patria como se lo dijeron sus oficiales y los del ejército de ocupación. Y así llegó al poder total, aclamado por rojos y verdes porque él era el símbolo de la paz y el progreso. Porque habría de dirimir los antagonismos partidarios y redimir las pesadas cadenas del atraso.

¿Qué hizo? Se preguntaba para que lo llamaran dictador, cuando todo cuanto procuró fue para aliviar a los pobres de la pobreza, a las viudas de la tristeza y a los niños de la orfandad. Consiguió la paz precisamente para que hubiese bienestar y progreso.

En principio su corazón estaba con los trabajadores y su lema: Primero el Obrero, era legítimo, porque él había sido un obrerista de corazón. Les había dado a los obreros, a pesar de los capitalistas vende—patria, un Código del Trabajo, uno de los más avanzados en el mundo. Les había creado un Seguro Social para que los obreros al momento de llegar a la ancianidad no murieran en el desamparo.

Todos los Primeros de Mayo, él había marchado a la cabeza con sus obreros reclamando justicia social y cantado con ellos La Internacional. Se abrazó con Lombardo Toledano el líder de los sindicalistas mejicanos y ambos levantaron los puños como símbolo de la victoria del proletariado. Les había regalado casas para convertirlas en Club de Obreros y por eso no debían sorprenderse que los obreros, por su propia voluntad, le hubiesen erigido bustos o estatuas en el frente de estos clubes. Que más pruebas del amor a su pueblo se podía esperar. Y si es cierto que en algunas ocasiones tuvo que usar la mano fuerte y el puño firme, fue porque como todo padre amoroso, amante del orden y el bien común, tenía que castigar a quienes atentaban contra el pueblo.

El pueblo, su amado pueblo, lo llevó a donde quiso y si en algún momento el pueblo le hubiese pedido dejar el mando, él inmediatamente lo hubiera hecho. Y si se tuvo que reelegir fue porque el pueblo se lo pidió y nadie más.

Pero también reflexionaba: los políticos me embrocaron con sus cantos de sirenas: General usted es el único. General con usted hoy y siempre. General que no haya receso, siga hasta terminar su obra. General si usted nos deja quien va a continuar el progreso. Los vende patria y la oligarquía lo quieren ver fuera del poder para vender de nuevo el país a los inversionistas extranjeros.

Que sin usted somos huérfanos de padre y madre. Que hasta la Santa Iglesia Católica ruega a Dios por su salud eterna. Y ¿porque dios o demonio estoy aquí muriendo a fuego lento en este infierno de intestinos ardientes? ¿A quién hice tanto mal para que se alegraran con mi muerte? No es la bala que me quema sino el poder que me consume y que me hace maldecir a todos los generales que me sucederán en el mando y que sufrirán de igual desgracia. ¿Qué mal hice para que me hicieran tanto mal?

En otro momento de lucidez, el General llamó a su hijo, que le sucedería en el mando y tuvo una larga conversación. Su sabiduría de moribundo profetizó sobre el futuro de los generales y los hombres fuertes que quieren creer en su inmortalidad. Algo que recordaría siempre que el fantasma de la muerte lo asediaba. Una de las advertencias que le dio era que el poder era mortal, porque el que tiene poder quiere más y es un vagón sin freno bordeando el precipicio. Le aconsejó saber cuándo debía bajarse del poder ya que él no estaba muriendo por los estropicios de la bala certera sino por los excesos del poder.

Le profetizó que todos los generales de su siglo y del siguiente terminarán cuando el poder los vuelva insensibles y ciegos. Cuando no acierten a ver de lejos la bala que le pondrá una condecoración de sangre en su pecho estrellado. Le advirtió que el oficio del poder era trabajo de 20 horas y 4 para dormir con los ojos abiertos. Que en este país se sube y se baja por la fuerza, nunca por la razón. Que para conservar la vida por más tiempo hay que tener el poder por menos tiempo. Y finalmente que los que le adulan y sugieren retener el poder por siempre no lo hacen para la salud del general, sino para el beneficio del soldado. Y que eso, como a él se lo hicieron, se lo harán al siguiente.
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CONTENIDO DEL LIBRO

  • LA MUERTE DEL GENERAL
  • EL GENERAL EN SU LECHO DE MUERTE
  • EL PADRE DE LA PATRIA
  • CUAUTH-OCELOTL
  • LA ESTATUA DEL GENERAL
  • LA CARRETERA DEL GENERAL
  • EL REPORTERO Y LA POLICIA DEL GENERAL
  • LA HIJA DEL GENERAL
  • EL BÉISBOL Y EL GENERAL
  • LAS ELECCIONES
  • COMO BURLAR AL TIRANO
  • LOS POBRES Y EL GENERAL
  • EL CORONEL BRAGUETA
  • LA PISCINA DE CACA
  • ASENCIO
  • LAS TURBAS CELESTIALES
  • EL GENERAL Y LA GUERRA MUNDIAL
  • EL ABOGADO DEL GENERAL
  • EL POETA Y LA AMANTE DEL GENERAL

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Aventuras de Juan Parado - Carlos Alemán Ocampo

Carlos Alemán Ocampo

Esta colección de relatos es el libro más entrañable del narrador Carlos Alemán Ocampo (El Diriá, Granada, 1941), maestro de oralidad e inventor de historias. Pero aquí reinventa —a partir de una admirable contextualización y recreación— la fantasía popular, centrada en un personaje: Juan Parado (cuyo apellido era Mena), émulo de Pedro Urdemales, Machón Gago, Juan Ventura y otros célebres "mentirosos". Aquí se plasman los sueños y las aspiraciones de la gente que en su entorno vital el autor conoció, recurriendo a un sentido mágico de la vida.

Alemán Ocampo, lingüista formado en España, obtuvo el “Premio Nacional Rubén Darío” en 1995 con su novela Vida y amores de Alonso Palomino y es miembro de número, desde 1998, de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Entre sus obras figuran las novelas "En esos días" (1972) y "Bardmg House San Antonio" (1985); el cuentario "Tiempo de llegada" (1973), la crónica "Y también enséñenles a leer" (1984) y el libro de ensayos culturales "Entre el fuego y el agua" (1986).

Aventuras de Juan Parado. Segunda edición

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EL AYOTAL DEL CABALLO

UN HOMBRE recién casado debe ser cumplidor. Cumplirle con el gasto a la mujer y nunca dejarla sola. No es por la desconfianza, es por la ilusión del cariño con que se casa y porque en los primeros años se le van haciendo las costumbres. El otro asunto es con la mantenencia, el hombre que no mantiene su casa mejor que ni busque mujer, así decía Juan Parado y así lo cumplía.

Publica tus cuentos


Si has escrito uno o más cuentos ya sea infantiles, de suspenso o terror, sobre mitos o de cualquier otro tema y deseas compartirlo al mundo entero, te invitamos a publicarlos en la página de Casa del libro AQUÍ.

Tus cuentos serán leídos por miles de personas alrededor del mundo. Si quieres que tus obras sean leídas y comentadas, Casa del libro te brinda esa oportunidad y aún más: 

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La página de Casa del libro es visitada por muchos editores, y existe la posibilidad que conozcan tus obras y se muestren interesados en publicarte también.



Los cuentos de Tío Coyote y Tío Conejo

Los cuentos de Tío Conejo y Tío Coyote forman parte del folclore nicaragüense y centroamericano. Estas historias representan una serie de enfrentamientos cómicos entre dos personajes que simbolizan características opuestas.

Tío Conejo, a menudo es astuto, ingenioso y siempre encuentra maneras de salir airoso de las situaciones más complicadas. En contraste, Tío Coyote es fuerte pero ingenuo, cayendo frecuentemente en las trampas de Tío Conejo.

Análisis temático

  1. Astucia frente a la fuerza: Los cuentos de Tío Conejo y Tío Coyote exploran cómo la inteligencia y el ingenio prevalecen sobre la fuerza bruta. Tío Conejo representa la sabiduría popular, mientras que Tío Coyote encarna la torpeza y la falta de previsión.

  2. Desigualdad social: Estos cuentos también reflejan las diferencias de poder en la sociedad, donde los más débiles (representados por Tío Conejo) deben usar la astucia para sobrevivir frente a los más poderosos (Tío Coyote).

  3. Humor y moraleja: La estructura de los cuentos es humorística, con episodios llenos de bromas y engaños que siempre terminan con una enseñanza moral sobre la importancia de la astucia.

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Un día, Tío Conejo estaba comiendo zapotes arriba de un árbol, y Tío Coyote, como siempre, lo andaba persiguiendo. Cuando Tío Conejo lo vio pasar, le gritó:

Tres cuentos sobre duendes

Por Mauricio Valdez

1. LOS DUENDE DEL CAMINO


En una comarca no muy lejos de la ciudad capital, Managua, vivía una humilde familia formada por un padre, una madre y dos niños (niña y niño). Todos los días los dos hermanos iban a la escuela en sus bicicletas, pues la escuelita no quedaba tan cerca de su hogar, iban por veredas y caminos polvorientos, los mismos que en invierno se volvían fangosos con las lluvias, es por eso que aunque trataran de llegar limpios a su escuela, siempre llegaban sucios, polvorientos en verano y con lodo en invierno, muchos llegaban así, pero nadie se burlaba de nadie.

Ya hace días, los niños comenzaron a escuchar unas risitas burlescas cuando pasaban por un cruce de caminos, nunca miraron a nadie y al comienzo no le prestaron mucha atención, pero como era asunto de todos los días, comenzaron a preguntarse de donde provenían esas risas y quién era el que las provocaba.

–Estefanía, ¿escuchaste? – siempre le preguntaba Ángel a su hermana.

–Sí –contestaba ella– deben ser los duendes.

Y continuaban su camino hasta llegar a la escuela, pero a nadie, ni a su maestra ni a sus compañeros de clases, le comentaban algo sobre ese asunto.

Al otro día lo mismo:

–Estefanía, ¿escuchaste?

–Sí –volvía a contestarle ella– ya te dije que son esos duendes.

–¡Cuales duendes! –por fin reaccionó Ángel con cierta ira y asombro.

–¿Pues cuales más? ¿A caso no sabes que aquí existen duendes y les gusta burlarse de las personas?

–¿Pero de nosotros por qué se burlan?

–Pues, porque siempre pasamos todos sucios, creo.

–¡Ah! Mañana procuraremos no ensuciarnos y pasaremos limpios para ver si ya no se burlan de nosotros.

Y así fue, los hermanos procuraron no ensuciarse demasiado, conduciendo sus bicicletas con más cuidado, no pasando por la tierra muy blanda ni jugando a revolcarse a la hora de recreo y cuando pasaron por el lugar, iban limpios y ni una risa se escuchó.

–Ves que tenía razón –le dijo Estefanía a su hermano.

–Ajá, sí. Pero ahora me quedó la curiosidad por saber cómo son esos duendes que tanto se burlaron de nosotros, mañana volvamos a pasar sucios y seguiremos las risas hasta dar con esos traviesos.

–¡No Ángel! ¿No sabes que si los molestas o tratas de averiguar su identidad o querer saber dónde viven, ellos se vuelven agresivos contra uno?

–¿A caso solo ellos pueden molestarnos? Nosotros también los molestaremos –dijo Ángel.

Al día siguiente los dos pasaron sucios y una risita se hizo escuchar, Ángel rápidamente se bajó de su bicicleta dejándola tirada a la orilla del camino: –Por aquí se escucha –decía mientras seguía el sonido de la risa tras unas piedras, Estefanía también dejó la bicicleta aparcada y fue detrás de su hermano. El sonido de la risa cambiaba de lugar y los niños la seguían adentrándose a un bosquecillo, un riachuelo sonoro y cristalino corría por el lugar y a la orilla se podía ver unas medianas piedras que formaban una diminuta cueva.

–¡Con que aquí es donde viven esos traviesos! –dijo Ángel dirigiéndose a la pequeña cueva.

–Vámonos de aquí, no es buena idea seguirlos, ni mucho menos descubrir dónde viven –decía Estefanía con miedo.

Ángel que era muy curioso y travieso, metió la mano en la pequeña cueva y tras un grito la sacó rápidamente trayendo consigo pegado a sus dedos un pequeño cangrejo.

–¡Hay! Esta es la cueva de un cangrejo –dijo tirando por los aires al animalito que fue a parar al agua, sumergiéndose en ella y desapareciendo de la vista.

Enojado, el travieso niño desbarató la cueva quitando las piedras y ambos se fueron del lugar siguiendo el sendero por donde habían venido, al llegar a la orilla del camino las bicicletas ya no estaban, tuvieron que irse caminado hasta llegar a casa.

–¿Y las bicicletas? –les preguntaron sus padres cuando los vieron llegar sin ellas.

–Nos la robaron por dejarlas solas en el camino por ir tras unos duendes –le dijeron muy tranquilamente y se fueron a hacer sus tareas escolares.

El día siguiente era sábado, por los que los hermanos se levantaron un poco más tarde y se fueron a jugar con su perro llamado Sarnos, cerca de un montón de leña, unos pequeños ojos se asomaron entre esa leña:

–¡Un ratón!– dijo Ángel con sorpresa.

–¿En dónde? –preguntó Estefanía.

–Ahí, entre la leña.

Su perro Sarnos comenzó a ladrarle y el supuesto ratón se escondió aún más. Los niños rápidamente comenzaron a quitar una por una la rajas de madera, de pronto salió corriendo con una extraordinaria rapidez el supuesto animalucho, que para mayor sorpresa de los hermanos, notaron que no se trataba de ningún ratón ni de otro animal, sino, de un extraño ser verdoso y orejas puntiagudas, era un duende.

–¿Viste eso Ángel?

–Sí, uno de esos duendes del camino nos siguió hasta aquí, atrapémoslo –dijo el valiente niño y con una de las rajas de leña en su mano se dispuso a acabar con el intruso, Sarnos no dejaba de ladrar y con el escándalo los demás miembros de la familia se acercaron a ver qué es lo que estaba pasando.

–Ahí va, que no se escape –gritaban los hermanos.

–¿Qué animal están queriendo atrapar? –preguntó la mamá.

–No es ningún animal –respondió Estefanía– es un duende.

–¿Un qué? –dijo con extrañeza la mamá creyendo no haber escuchado bien.

–Un duende –le repitió Ángel mientras le atinaba al escurridizo ser un buen palazo en mitad de su pequeña cabecita, matándolo al instante.

–Ahí está, vengan a verlo.

Y todos corrieron a ver a la extraña y pequeña creatura que yacía muerta con su cabeza aplastada.

Sarnos iba de un lado a otro todavía eufórico por la cacería recién hecha, hasta que agarró a la inerte creatura entre su hocico y corrió con ella perdiéndose entre unos matorrales a lo lejos, por más que sus amos lo llamaron éste no hizo caso. Lo fueron a buscar pero no lo encontraron, el día pasó y Sarnos no regresaba, pasó otro día y el perro sin aparecer, pero la peor de las noticias es que a los siete días después de pasar el hecho, también había desaparecido la niña Estefanía, se hizo una búsqueda intensa día y noche sin descanso, pero nada de encontrarla, hasta que con el tiempo, la familia y los demás se dieron por vencidos seguros que ya nunca volverían a verla, muchos aseguraban que eso había sido obra de los duendes en venganza por la muerte de uno de los suyos.

Ángel creció solo sin la compañía de su querida hermana, llegó a ser un adulto con su corazón entristecido y arrepentido por lo que había hecho, muy dolido por ser el culpable de la desaparición de su querida hermanita.

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Moraleja: No hay que hacer cosas malas, pueden traer consecuencias no deseadas con arrepentimiento de toda la vida.


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2. EL DUENDE ALUX


Una mañana Carolina despertó riéndose, sentía que algo le hacía cosquillas en sus pies, levantó sus sábanas, pero no vio nada, en eso escuchó una ricita que prevenía por debajo de la cama, de una salto se puso de pie y agachándose levantó el cobertor de su cama buscando con su mirada el causante de tan singular risa, preguntó con curiosidad: 

—¿Quién está ahí? 

¡jijiji! Otra vez la ricita, y saliendo de su escondite, delante de sus ojos, se dejó ver un pequeño ser vestido de rojo, su piel era verdosa y sus orejas puntiagudas, pero tal apariencia no le hizo temer a la pequeña, éste le sonrió y le dijo: —¡Hola Carolina! Vine a hacerte compañía.

— ¿Y tú quién eres? —preguntó la niña retrocediendo ante la fea figura del pequeño y raro ser.

—Mi nombre es Alux, —dijo con una voz ñaja— soy un duende amistoso al que le gusta hacer reír a los niños, por eso les hago cosquillas mientras duermen y magia cuando despiertan. 

Entonces sacó de su bolsillo un polvo mágico y lo lanzó al aire, muchas mariposas de múltiples colores revolotearon por toda la habitación, Carolina se reía y brincaba queriendo atraparlas, estaba maravillada de la magia de Alux.

Las mariposas se desvanecieron y niña buscó al duende, lo buscó entre sus sabanas, por debajo de la cama, por todos los rincones de la habitación y de pronto vio que una de sus muñecas caminaba sola. Ella se sorprendió, pero luego pudo ver que era Alux la que la sostenía.

— ¿Estabas invisible? —le preguntó Carolina.

—Sí —le dijo Alux —, nosotros los duendes podemos desaparecer a nuestro antojo, nos dejamos ver por los niños pero nunca por los adultos, pues éstos siempre nos quieren hacer daño.

Carolina agarró su muñeca, la puso en su lugar y dijo:

—Pero voy a decirle a mi mamá que tú eres mi nuevo amiguito.

—¡No! —Gritó Alux —, guardemos el secreto, que esto quede sólo entre tú y yo. 

Pero Carolina no le hizo caso y le fue a contarle a su mamá, pero por supuesto que su mamá no le creyó y esa noche acostada ya se disponía a dormir y de nuevo le apareció Alux, se subió a su pecho y viéndola a su los ojos le dijo:

—¡No guardaste nuestro secreto!

Alux estaba enojado, se puso mucho más feo de lo que era; los dientes se le salieron y sus uñas crecieron, sacó otra vez polvo mágico y lo sopló al rostro de Carolina, ella estornudó botando a Alux, la pobre niña jadeaba, se esforzaba por respirar mientras el duende se reía a carcajadas, de pronto, de la nada, aparecieron cuatro duendes más vestidos de azul que rodearon a Alux, lo agarraron con fuerza y desaparecieron junto con él, sólo se escuchaba a Alux gritar: ¡Déjenme, no me lleveeeeeen!.

Carolina pudo respirar con normalidad y se puso a llorar, en eso su mamá entró corriendo a la habitación y la abrazó calmándola y diciéndole que solo había tenido una pesadilla.

—No mamá, no fue una pesadilla, era Alux el duende de quien te hablé.

Las dos quedaron abrazadas por un largo rato hasta que la niña se durmió. 

Con el tiempo Carolina casi olvidó lo sucedido y hasta llegó a creer que realmente se trataba tan sólo de una pesadilla, lo bueno era que; ya sea en sueños o en la realidad, nunca más volvió a ver a Alux, el duende malo.

Y es que por generaciones se ha creído que si un niño o niña lo desea, puede llegar a conocer a los duendes, sólo tienes que desearlo de verdad y preguntar entre sus sábanas en voz baja antes de dormir: ¿Quién está ahí? Pregunta todas las noches y una de tantas, en cualquier momento, aparecerá un duende jugando y haciéndote cosquillas, pero ten cuidado si te aparece un duende cuando tú no lo has llamado y dice ser tu amigo, ese puede ser Alux, no le creas nada de lo que te diga y mándalo a la porra.
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Moraleja: No todas las personas que dicen ser tus amigos, tienen buenas intenciones, pueden ser lobos vestidos de ovejas. Consejo: Cuídate de los extraños y no creas todo lo que te digan.
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3. LOS DUENDES DEL CHONCO


Allaaaaa.... de vez en cuando se aparecía un amigo de mi abuela Cesaria, llegaba y le decía:

— ¡Ideay Cesaria! ¿Cómo estás?

— ¡Eh! ¡Ideay Chicoyo!

Se llamaba Francisco, pero le decían Chicoyo, quien sabe por qué.

—Aquí te traigo —le decía él. Eran unas frutas hermosas, grandotas, unos grandes plátanos que nunca se habían visto por estos lados, unos zapotes con bastante comida grandotes también.

—Hombre, Chicoyo y vos ¿de dónde sacás todo esto, estas frutas tan grandes? —le preguntaba mi abuela.

— ¡Ah! es que por ahí tengo unas tierritas muy buenas, siempre tengo de todo, por hay te traigo más otro día que pase —le decía.

Por allá a los días se aparece: Adiós Cesaria hay paso de regreso dejándote frutas —le dijo.

Pero bueno, nunca faltan los curiosos, uno de los hermanos de mi abuela, mi tío Isidoro, se va detrás del tal Chicoyo.

Tengo que saber donde tiene éste esas tierras —decía— y lo va siguiendo de larguito cuidando que no lo mirara, él en sus caballo y mi tío a pies, luego ve que Chicoyo se mete en la selva, ahí en El Chonco y se le pierde de vista, él quiere entrar también, pero le sale un hombrecito, así la mierdita, bien chiquito, si parecía un cipotito pero con cara de viejo. Apues, se le aparece y todo odioso le dice:

—De aquí no pasás, devolvete.

—Cómo que devolvete ¿por qué no puedo pasar? —le pregunta mi tío.

—Que no vas a pasar te digo y haceme caso.

Arrecho el hombrecito. Entonces le hace caso mi tío y se regresa.

—Y éste jodidito ¿por qué no regresó a Chicoyo? ¿por qué sólo a mí?

Bueno, y llegó a la casa, al rato llega Chicoyo:

—Cesaria ya voy de regreso tomá estas frutas, no traje muchas pero aquí te dejo.

Cuando ya va de salida le dice mi tío:

— ¡Ajá Chicoyo! Ya sé que tenés un arreglo con esos duendes del Chonco, andá hombre no seas malo y deciles que me ayuden a mí también, no ves que tengo que darles de comer a una marimba de chavalos, con esas frutas suficiente para todos, hasta podría sembrar las semillas.

—Está bien, vamos pues, te voy a llevar —le dijo y se van.

Allá al rato llegan a una quebrada donde estaba, del otro lado, un gran palo de jocote, entonces Chicoyo le dice:

—Mirá Isidoro, yo me voy a ir al otro lado de la quebrada, detrás de esa loma y vos quedate a este lado, no te crucés —y se fue.

Mi tío se puso a recoger jocotes de unos palitos que estaban allí. Como a la hora los recoge todos y dice:

—¡Eh! voy a recoger más del otro lado de la quebrada, de ese gran palo que está allá, a mí nadie me va a decir que es lo que tengo que hacer —y se cruzó, él que pone un pies al otro lado de la quebrada y lo palmean, escucha unas palmadas como cuando llaman la atención a un niño.

— ¿Y eso? —dice él asombrado, pero no miraba a nadie y sigue caminando, lo vuelven a palmear. Ya la cagaron estos enanos —dijo y en ese momento aparece Chicoyo con el caballo cargado de frutas, repletas las alforjas, hasta que venía cansado y sudado el pobre animalito.

—¡Ideay! no te dije que no te cruzaras, vámonos que aquí llevo bastante frutas para vos y tu familia —y se fueron del lugar.

Así era Chicoyo ayudaba al que podía pero nunca supo nadie que es lo que había hecho, qué trato tenía con los duendes, dice la gente que esos duendecillos se robaban a las muchachas cuando se enamoraban de ellas, pero tenían que ser bonitas para que se la llevaran y la familia recibía favores a cambio. Decían que Chicoyo tenía una hija joven muy bonita y que ya hace tiempo no la veían.





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