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Mostrando las entradas de mayo, 2015

El oro y el cobre - Rafaela Contreras de Darío

Cuentos narrativos Stella El oro y el cobre El oro habitaba el principal; el cobre la portería.

Era en verdad un hermoso palacio, muy hermoso. Cuanto el refi­namiento, el arte y la moda pudieron inventar estaban allí bajo las for­mas más diversas.

Los marqueses Roberto y Cristina le habitaban. ¡Oh! eran ricos, muy ricos. Vestidos siempre de seda y oropeles, cubiertos de joyas y piedras preciosas, en el día y por la noche entre los cojines de plumas, las pieles blancas y suaves y los cobertores de seda, vivían.

Iban al teatro, tenían constantemente servida opípara mesa, paseaban en coche por el bosque y los campos Eliseos, asistían a las ca­rreras y a los grandes bailes y recibían los constantes saludos de los más pobres y escuchaban como el zumbido de una colmena, aquellas con­stantes palabras melosas de la turba de aduladores y se aburrían.

Su hijo Carlos Federico, el futuro marquesito, aun no tenía un año y era ya muy gracioso ¡y tan lindo! Era una delicada flor en botón.

Rosadita y sua…

La turquesa - Rafaela Contreras de Darío

Angelo era por fin libre. Tenía veintiún años, el capital mayor de Nápoles y el título de Marqués de Castelfiore. Era un joven verdadera­mente seductor—hermoso como la mayor parte de los que nacen bajo el cielo azul de la bella Italia. Su corazón era perla de un valor inestimable, y estaba dotado de grandes virtudes; pero desgraciadamente su cabeza era bastante ligera. Así, pues, una vez terminado el luto que llevaba por el difunto Marqués, su padre, lanzóse en ese torbellino del que muchas veces no se sale ileso y que se llama sociedad. Su belleza y su riqueza eran dos tarjetas de entrada tan valiosas como no lo es sino rara vez otra alguna. Abrió el mundo su boca de monstruo y el joven inexperto se pre­cipitó en ella ansioso de placer. Angelo se divertía, ¡y tanto! Estaba siempre contento, siempre risueño y feliz. Y su madre, la buena y virtuosa Marquesa, sonreía al verle y gozaba con la satisfacción suya. Angelo era mimado. Los hombres gozaban con su dinero; para las mujeres, era un…

Mira la Oriental o La mujer de cristal -Rafaela Contreras de Darío

Ahmed Walla Kand, príncipe de una de las más grandes secciones del Indostán, aun no conquistadas por los europeos, subió al trono de sus mayores a la edad de veinticinco años. Un mes después de tomar posesión de su reino, mandó dar libertad a las mujeres del harem, ordenando al mismo tiempo comprar y traer a su presencia otras de las más lindas de su reino y de los mercados de Asia. Cuando sus vasallos reunieron las que él ordenó, avisáronle, y dos días después su palacio fue invadido por una turba de mujeres, cuya es­pléndida belleza las hacía rivales. Allí las persas, acá las nubias, más allá las circasianas, las árabes, en fin, todas ricamente ataviadas y ostentando las unas sus ojos negros y deslumbradores, las otras sus labios rojos cual la flor del terebinto, las otras su cabellera, soberbio manto que les dio la naturaleza, más esplén­dido aún que un manto real. Todas una a una fueron llevadas ante el príncipe, quien las envi­aba al harem u ordenaba darlas libertad, según la mejor o…