5.7.18

Poesía dispersa de Rubén Darío (1884 -1886)

1884

• Enero. Es probable que en este mes se instruyera el proceso de Rubén Darío acusado de vago.
• Febrero. Colabora en la prensa de Managua.
• Marzo. Trabaja en la Biblioteca Nacional que dirige D. Modesto Barrios.
• Mayo 31. Rubén Darío pide al Prefecto de León que sea revocada la sentencia recaída en su persona acusado de vago.
• Junio 21. Es revocada la sentencia que lo condenó por vago.
• Agosto 13. Acompaña al presidente Cárdenas en la gira a San Juan del Sur y Corinto al encuentro del presidente Zaldívar de El Salvador. En el banquete celebrado en Corinto brindó en verso.
• Agosto 26. “Epístola a Juan Montalvo”. El Ferrocarril, Managua.
• Octubre 22.  Crítica a “La ley escrita de Rubén Darío”, por Ricardo Contreras. Es la primera crítica hecha al poeta en Nicaragua.
• Octubre 29. “Epístola a Ricardo Contreras”. El Diario Nicaragüense.


Carta abierta

 A Fidelina Santiago

Amada mía: Lo que escribo ahora
              es súplica que implora,
no palabra que exige; es lo que siente
un alma ingenua: Amor es quien la guía.
              Sabrás, amada mía,
que una alma enamorada nunca miente.

   Pues la cruel decepción un tiempo quiso
              no guiarme al paraíso.
sino a la senda amarga de un infierno;
pues cometí un error, tengo disculpa:
              no fue mía la culpa
para guardar este dolor interno.

   Quien da un paso, olvidado de sí mismo,
              y cae en un abismo
cuya entrada la ocultan bellas flores,
víctima de la suerte y de su engaño,
              no es culpable del daño
si se dejó atraer por sus primores.

   Yo, arrastrado por ciego desvarío,
              dejé, tierno amor mío,
la dulce miel por el amargo absinto,
sin comprender, en un amor errado,
              y por mi fe engañado,
que el amor verdadero es muy distinto.

   Pasó el tiempo, y después que hube encontrado
              en mi espíritu helado,
por un día de error, mil de castigo,
castigo cruel que todavía siento,
              hondo remordimiento
que llevo, a mi pesar, siempre conmigo;

   después que, lejos, mi exaltada mente,
              del corazón doliente
traía los recuerdos de amargura,
tu imagen misteriosa aparecía
              en la memoria mía
como rayo de aurora en noche obscura.

   Te vi fiel y divina más que nunca:
              si el desconsuelo trunca
toda dicha, volví a sentir anhelo;
y con sólo pensar en ti gozaba,
              y la esperanza estaba
dominando al dolor y al desconsuelo.

   Como aquel que se olvida de un ensueño,
              tu semblante halagüeño
borrar me hacía mi pasado triste;
y vi que eras un ángel, todo encanto…
              ¡No te quisiera tanto
si tú no hubieras sido como fuiste!

    Vuelto ya de mi ensueño o mi locura,
              solo con mi amargura,
creyéndome tal vez aborrecido,
pedíle a Dios resignación, consuelo;
              y así, de cara al cielo,
pensando en Dios y en ti, lloré afligido.

   Tuve un alivio. Yo pensé y me dije:
              La pena que me aflige,
pueden sus labios de ternura llenos
calmar; palabras de divinos labios
              perdonan los agravios,
y el perdón es venganza de los buenos.

   Al fin te he vuelto a ver; aquí me tienes:
              reproches y desdenes,
perdón, benignidad, todo lo acato:
si odio me das, será bien recibido;
              si perdón, bendecido;
que es tu deseo, para mí, mandato.

    Tú eres el juez, yo soy el delincuente;
              sé inflexible, sé ardiente:
está ante ti mi voluntad suspensa...
¿Querrás abrir en mi alma nueva herida?
              Los ángeles, mi vida,
no devuelven ofensa por ofensa.

   Yo en un tiempo creí que el amor era
              galana primavera:
todo flores, todo aves, todo mieles;
probé las mieles y encontré amargura
              en las aves, tristura,
y en las flores, espinas muy crueles.

   Hoy creo en el amor cándido y puro
              que ameniza el obscuro
páramo de esta vida triste y larga;
pero no en el amor mudable y lleno
              de artería y veneno,
que presto se convierte en ruda carga.

   No creo en el amor que es farsa loca,
              que corre y se desboca
con impura ansiedad y sin cautela;
no creo en el amor que no es sentido
              en ese amor fingido
de románticos héroes de novela.

   Yo detesto ese amor de formas raras,
              Cupido de cien caras
que asesta a un tiempo mismo cien saetas:
que canta el himno del placer en coro
              y motiva el desdoro:
yo detesto el amor de las coquetas.

   Yo creo que el cariño verdadero
              es ideal y sincero
(pero no ideal como en aquellos días);
que deben ser pensadas las pasiones:
              que no es con ilusiones
con lo que arde el hogar todos los días.

   El amor debe ser para las almas
              ideal: las dulces calmas
del sentimiento, el corazón exige;
mas, por su parte, la cabeza impone
              y en sus leyes dispone,
que haber sustenta y reflexión dirige.

   Pues bien: con un amor como el que digo,
              te amo, desque testigo
fui de que hay almas nobles en la tierra;
desde que en ti miré mucho del cielo
              que calma el hondo duelo
de los que vamos con el mundo en guerra.

   Luz de mi alma: el perdón ahora aguardo;
              el perdón, aunque tardo,
curará las heridas de mi pecho...
Yo, humilde, a lo que ordenes me acomodo:
              al fin, lo espero todo.
¡Lo que tú hagas, mi bien, será bien hecho!

(León, 3 de marzo, 1884)

Publicado en El Ferrocarril el 31 de marzo.