28.2.17

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19.2.17

La dramática vida de Rubén Darío

De Edelberto Torres Espinosa

Sólo un pedagogo —es decir, un maestro de formación y convicción— podía haber escrito este libro que, a pesar del paso del tiempo, continúa siendo la biografía fundamental de Rubén Darío, pero también mucho, mucho más. Porque fue gracias a su visión totalizadora, en la que se conjugan la pasión, el rigor y la sencillez, que Don Edelberto Torres Espinosa pudo producir esta obra monumental que combina el apasionante relato de la vida de Darío con la exploración de los múltiples factores humanos y literarios que confluyeron en su trabajo; obra indispensable para comprender como, en tan pocos años de vida —y a pesar del tiempo robado por un alcoholismo que, con rectitud histórica, Don Edelberto no intenta ocultar— pudo Rubén acumular esa gigantesca obra de miles y miles de páginas que apuntalaron la renovación de la lengua de Castilla y de Hispanoamérica, y le permitieron a nuestro poeta nacional consolidarse como uno de los más grandes poetas de lengua española de todos los tiempos.

14.2.17

Anastasio Somoza García: Un dictador made in USA

Síntesis

Este estudio echa una mirada escrutadora a los eventos ocurridos en torno al ascenso de Anastasio Somoza García al poder. Busca comprender la dinámica operativa de la sociedad nicaragüense que hizo posible este acontecimiento. Se enfoca en cómo Anastasio Somoza García utiliza a los Estados Unidos para conseguir sus objetivos y apoderarse del poder en vez del cómo los Estados Unidos sean quienes lo usen a él.

El estudio también examina el comportamiento de la élite política de ese período que incluía —y no se limitaba a— los usos de los vínculos familiares, el mecenazgo político y el nepotismo, y el uso del Estado como patrimonio familiar.

Los años en que Somoza sube al poder son examinados en el contexto de las políticas de esa época. Estas políticas incluyen el comportamiento de los dictadores en América Central, así como las reacciones de las naciones centroamericanas en lo referente a la toma del poder por los dictadores vecinos.

El comportamiento de los Somoza reflejaba una doble moral que jugó un papel importante en el ilegal ascenso de Somoza García al poder.

Este trabajo tiene como argumento central que Somoza manipuló a los hacedores de la política exterior de los Estados Unidos o a sus representantes en Nicaragua, hasta tal punto que antes no habría podido ser creído o reconocido.

Somoza fue extraordinario para jugar bien las cartas de los Estados Unidos. Su constante tête-à-tête con el Ministro de la legión americana dio la impresión que toda actuación suya tenía el visto bueno de los Estados Unidos. Somoza dio tal impresión de diferentes maneras, en su trato con otros políticos o en sus pronunciamientos públicos.

Cualquier negativa de la Legación Americana fue siempre blanda o escrita de tal forma que el pueblo nicaragüense nunca lo tomó en serio. Tal vez las diferencias culturales explican como el pueblo nicaragüense interpretaba cualquier expresión de la Legación Americana respecto a Somoza.

Indiscutiblemente, Somoza se aprovechó de cualquier situación ambigua presente en las políticas de los Estados Unidos. Nadie antes que Somoza García había jugado con las cartas americanas tan bien y exitosamente como él.

La manipulación tan astuta de Somoza de la Guardia Nacional es examinada en grandes detalles. El acostumbraba a ayudar de manera efectiva para organizar nacional y departamentalmente a los comités locales que apoyaban su candidatura presidencial. Los retos más serios al liderazgo de Anastasio Somoza García, también son acá examinados de manera exhaustiva.

Prólogo

Cuando terminé de leer el libro que hoy ustedes tienen en sus manos, se vinieron a mi mente muchas ideas que quiero compartir.

En primer lugar, había terminado de leer un libro que no habla solamente del poder omnímodo de un Somoza padre, que tuvo tanto impacto en la historia del siglo XX en Nicaragua: como funcionario público de tercera, jefe político, diplomático, general de división, político o Presidente de la República por 16 años. Sino también como manipulador sagaz de las incomprensiones, desatinos, e imprudencias de una política exterior norteamericana hacia Latinoamérica variopinta de monroísmo, wilsonianismo y roosvelismo.

Este es el libro de un Somoza que no sólo manipuló sino que usufructuó y manejó bien y mal los hilos del poder: con destreza para unos, y maldad para otros.

Se recoge un episodio paradigmático de la vida política de Nicaragua, como gesta, y a veces como acto circense. El poder político se vuelve número mágico, porque los que le ven, se aturden y anonadan al presenciar como el mago, hace trucos oscuros que a todos deja perplejos, mientras les roba la libertad y la dignidad.

Hay dos Anastasio Somoza García: el uno que crece en sus obsesiones por el poder, y el otro que se diluye en sus desmanes contra sus propios compatriotas nicaragüenses.
¿Es este el modelo al azar de todos los dictadores o necesitan los hacedores del mal urdir bien los tiempos para que coincidan uno a uno los zarpazos a la ley, al respeto humano y a la voluntad mayoritaria?

¿Son castas las manos de los sastres de elite que fabrican los trajes de los caudillos que se multiplican en el espejo real de nuestros tiempos?

No es sólo una obra biográfica de un poderoso que engendra una dinastía. Es también la historia de un pueblo sin poder que, a veces, alienta y consiente que los poderosos hagan sus propias dinastías. Es un tratado sobre el poder, de los muchos Somoza de tamaños distintos que ha habido en la historia de Nicaragua. Y cuyos nombres varían o se repiten, pero giran todos como en un carrusel del pasado que nos dicta y aturde con su marcación cíclica.

No es justo decir que la historia se repite. Los correcto es afirmar que la historia la repetimos.
No es una obra que verse sobre una época histórica; es más bien una época llena de obras políticas que desnudan todas las atribuciones humanas de todos los tiempos: es cuasi literatura histórica o cronología política deformada. ¿Es también una obra que recoge hechos desprendidos de un escenario teatral?

Es la tragedia de los que luchan por el poder y en la que el juego perfecto se sostiene por la traición, la vanidad y el egoísmo, como los tres pilares fundamentales de la más descarnada verdad humana y los cálculos políticos. ¿O hay otra posibilidad histórica en otros tiempos y en otros lugares?
Y aunque es una disertación histórica, tiene ribetes y esencias de tratado de temas internacionales.

Mientras Somoza se arrimaba al alero del poder, en los Estados Unidos campeaba la inseguridad social, la corrupción, y la primera gran crisis financiera moderna daba sus primeros pasos. Y los países vecinos se salpicaban de sus maniobras y sus argucias mientras veían cómo se mostraban éstas muy complacidas elites o, más bien, castas políticas de débiles principios éticos.

En esa época ya habían desfilado personajes repetibles, con nombres que nos pueden parecer controversiales, desagradables o simpáticos—como Sacasa, Chamorro, Díaz o Moncada—si los quisiéramos ver a la luz de los antagonismos y los sentimientos humanos. Es la repetición en nuestras coordenadas de personajes que alguna vez tuvieron tanto poder —o algunos sólo lo acecharon o anhelaron tanto— y de otros que lo ejercieron con sagacidad, maestría o vileza. Aquí hay un poco de los Richelieu, los Chardin, los Mazzarino, los Medici, pero con tizne de cacao y achiote, en toda la gama de cortesanos que va y viene por los pasillos de la historia con sus zapatillas afiladas y sus pequeñas almas envinagradas de envidia y falso patriotismo.

Es un libro que habla a ratos de las voces interiores de un país pequeño, y visto con paciencia y arrogancia por ojos más pálidos y fríos, pero no menos turbios que aquellos a quienes apunta, denigra o atisba de sus escritorios en el Departamento de Estado.

Es un aleccionador texto que recoge episodios de unos pocos años en los que se gestaba una república de vericuetos conservadores y liberales, unos cuantos pactos, muchas frustradas revoluciones, altisonantes golpes de estado; improvisadas y diz-que legítimas juntas de gobierno; infantes de marina de todos los estados y de todas las repúblicas vecinas que maldicen al país pero compiten en él por el oro, el poder y la gloria, como en una novela más al Sur, de Graham Greene.

Entre todos los libros de historia de la Nicaragua fogosa y salobre, esta obra se destaca porque recoge con mucha exactitud y precisión las opiniones y observaciones de tantos actores u observadores que vieron como aquí se intercalaban dramas y comedias. Todo se apuntaba en Washington, México, San José o Guatemala, en cuadernos zurcidos en sus lomos, y que con plumas de negra tinta apuntaban y guardaban nuestros azares y torpezas.

Y la figura de Anastasio Somoza García despunta desde su juventud—que sin querer se había iniciado en el baile al igual que su muerte lo encontró en este— marcado, a lo largo de toda su vida, por la suerte y la astucia. Maquiavelo hablaba de virtùy opportunità, como los dos grandes rectores de un plano cartesiano que él supo aprovechar para la política. Parece un mito que quedó plantado para repetirse: vivir entre muchos caudillos y pocos bienhechores, Robin Hoods que huyen por los países vecinos y luego intentan volver con expediciones revolucionarias, y coups-d’états que fracasan, patriotas que van a la cárcel cuando son menos afortunados; o mueren cuando más suerte tienen. Otros fruncen sus destinos al entintar sus nombres en lodos y cloacas.

Por momentos aparece la figura de Sandino, empequeñecida a veces por sus pocas destrezas sociales y su marcada ingenuidad política; engrandecido, en otras, por su valentía y dignidad para enfrentar a los soldados de ojos grises, y por su repudio a las tiranías y los regímenes que coartan la libertad.
Este libro del Doctor Ternot Mc Renato recoge con rigor científico social esas dos virtudes que Rubén Darío veía como cualidades indispensables en todo historiador de buena fibra: fidelidad y exactitud.

El profesor Mc Renato no intenta dar opiniones propias con sentimentalismo sesgado; sino hilvanar los hechos para después inferir los ritmos del pasado y poder comprender mejor las vivencias del presente, y atreverse luego —cada quien— a prever las eventualidades del futuro. Es un trabajo que él inicia, y que cada uno de nosotros debe completar para sí y para todos.

Todo el que se atreva a leer y saborear este libro, se dará cuenta que saltará de él con una nueva visión, una nueva perspectiva, no únicamente de los Somoza, ni de un período de la historia de Nicaragua, sino convencido que nosotros hemos sido parte de este tejido que se urde y desurde desde hace tanto tiempo y que nadie lo puede hilvanar en un gran lienzo que no se pueda deshacer jamás.

Este libro del Doctor MacRenato es una obra completa en cuanto a rigurosidad científica: precisa y aguda a la vez. Incluso, en la parte en que describe a Somoza García y a Sandino, tiene trazos novelescos, lo que le genera un aura de encanto y misterio. El relato del encuentro de Doña Salvadora con su pretendiente en el Hospital de Filadelfia, me parece magistral.

Tampoco el autor pretende prejuiciarse, ni ser sentencioso, ni moralista, sino ver los hechos tal como son: a la luz de la verdad y la pureza, en la que el cristal del tiempo no juega un papel de árbitro sino de guía. El mérito del autor es proyectar los eventos como brújulas en la historia de Nicaragua, con ética y análisis inteligente, y con un sabor humanístico, que nunca pierde rigor u objetividad.

Esa es la misión noble del historiador. Nuestro papel es ser testigo de aquellos que atestiguan, como el Heródoto que hay en cada uno de nosotros, como el cómplice, y el bienhechor, como el indiferente y el idealista que hay en cada uno de los que sabemos que el tiempo se dobla hacia todos lados.

Desde cualquier ángulo podemos ver el universo. Porque la historia es el ADN colectivo, el instante que se repite o la esperanza que se anuncia.


Orlando López-Selva (MSc)
Profesor de Política Exterior y Relaciones Internacionales
Universidad Americana (UAM)- Masaya, Nicaragua, mayo de 2012

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                                                                         Ternot McRenato
 

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2.2.17

ENTRE LAGOS Y DIOSES

Introducción

Era el año de 1982, y yo tenía entonces trece años de edad cuando regresé a Nicaragua, mi entrañable y querido país, la tierra de mi madre, y donde yo vi la luz por vez primera. Llegué desde Honduras, mi otro país, la tierra de mi padre, tierra a la que también quiero tanto. Y en mi retorno, no recorrí mucho, pues apenas crucé la frontera por Las Manos, llegué a Nueva Segovia, a la ciudad de Ocotal y de allí, enrumbé hacia la remota Jalapa, mi pueblo de origen, ubicado en un valle de tierras muy fértiles y paisajes maravillosos.

Podría decir que mi infancia entre Nicaragua y Honduras fue feliz. Fueron años memorables aquellos, en ambos países. Sin embargo, justo en la pubertad y a las puertas de la adolescencia, me encontré con la cruda realidad de un mundo cruel y absurdo. Me refiero a la guerra. Se suponía que en julio de 1979 se había abierto una nueva página en la historia de Nicaragua, donde se irían escribiendo líneas y párrafos referidos a la paz, prosperidad, fraternidad y alegría. No obstante esta expectativa, de a poco se fueron torciendo estas líneas y entonces supimos de guerras, pobrezas, contiendas y tristezas. La frontera entre los dos países hermanos nunca había sido tan infranqueable e inaccesible para la gente, excepto para aquellos que con armas en mano, las cruzaban mimetizados entre las agrestes montañas y la oscuridad de la noche, para luego entablarse interminables combates fratricidas.
Fue así como entonces comenzó en el norte de Nicaragua una guerra que demoraría más de lo que hubiéramos imaginado, casi una década completa. En fin, la historia ya todos la conocemos. En 1983, los combates en los alrededores de mi pueblo ya se habían vuelto cosa cotidiana. Las bombas estremecían el valle y las montañas llenas de pinos. El terror, el desconcierto y la incertidumbre se convirtieron así en las emociones más a flor de piel en estas tierras segovianas. Y a pesar de que yo mismo no era la excepción, mi alma adolescente buscaba caminos que la alejara de la cruda realidad del entorno. Y uno de esos caminos era escribir. Ya desde muy chico había hilvanado breves historias, así como también había trazado mis primeros dibujos de lo que se recreaba en mi particular mente infantil.

“Entre lagos y dioses” tiene sus orígenes en el relato que entonces titulé “El dios del lago”. Entre los ruidos de las bombas, con cuaderno y lápiz en mano, en los rincones de la casa, a la luz del día, y a veces a la luz de las velas por las noches, a causa de los constantes apagones, fue discurriendo mi historia que fue dejando de ser el cuento corto que al inicio yo pensaba que sería. Mi “internet” o fuente de información, fue la pequeña biblioteca del pueblo, y de “quién sabe dónde”, fueron apareciendo las piezas y un hilo conductor dentro de mi propia imaginación, para irle dando forma a un relato que a mí mismo se me antojaba muy extraño y alucinante. Sobre todo porque me fui muy lejos en el tiempo, hasta la Nicaragua del S. XVI, a la Granada colonial y un escenario ubicado entre los lagos Cocibolca y Xolotlán, territorio de raíces chorotegas, enorme influencia nahua y una obvia impronta española, que se amalgamaran para conformar al pueblo mestizo y sincrético de hoy. Una peculiar trama ficticia matizada de hechos históricos, así como de mitos y leyendas, quizás desarrollada en un “mundo paralelo” que le concediera a mi imaginación la licencia para plasmarla. Sus protagonistas son un indígena, un fraile franciscano y un Teniente de alcalde mayor de Granada al que con seguridad, a su contemporáneo original de nuestro mundo real no le hubiera gustado conocer.

Esta es una historia surgida de la mentalidad de un muchacho. Pero lo cierto es que no dista mucho de ser un reflejo de aquella sociedad arcaica e injusta, donde irónicamente no había diferencia alguna entre la cruz y la espada. Se trata de tiempos en que se comenzaran a cimentar las bases de lo que es Latinoamérica hoy, en un mundo, donde a pesar de los grandes logros y avances científicos y tecnológicos de la actualidad, siguen prevaleciendo la misma incertidumbre y desconcierto de aquellos tiempos aciagos de la época colonial, y se sigue hablando de guerras y de rumores de nuevas guerras.

Es este un mundo ambivalente, dicotómico y contradictorio, donde a la vez que se alza un rascacielos lujoso en algún lugar del planeta, en otro no muy lejano, cae una bomba y destruye un pueblo completo. No abordo este punto con afán pesimista, sino consciente de una dura y cruel realidad, fruto de nuestra naturaleza humana, que es la misma de ayer y de siempre. Y aunque parece algo utópico, urge y precisa que cambie para mejor, si es que queremos salvar nuestro mundo. Encima, a causa de nosotros mismos, la Naturaleza, “nos está pasando la cuenta”. En nuestra miopía y absurda arrogancia, tratamos a nuestro hogar, la Tierra, como si fuera un planeta descartable que un día dejaremos para mudarnos a otro habitable que está “a la vuelta de la esquina”. Vemos como fatalmente nos estamos quedando sin agua y sin oxígeno, sin flora y sin fauna. Al menos en aquellos lejanos tiempos coloniales, el cielo, los ríos, lagos y lagunas aún estaban limpios y pletóricos de vida. Esperemos que no llegue el día en que moribundos, lamentemos y lloremos sobre los sitios que estos cuerpos de agua un día ocuparon. Y si esto llegara a pasar será porque seres como el Xolotl o nikaspuanambi de mi historia, esos sí sobrevivirán.

Hoy, más de tres décadas después de haber escrito esta mi primera obra, se las presento, debidamente revisada y corregida, por supuesto. Dichas correcciones incluyen, por ejemplo, detalles sobre las costumbres y lengua de los indios chorotegas, en su rama de los dirianes, grupo étnico relacionado con mi historia en el marco de una incipiente colonización española en Nicaragua. Para ello me basé en los estudios existentes al respecto, incluyendo aquellos sobre su rico lenguaje extinto. En el caso del vocabulario, que incluye palabras del mangue[1], y algunas de origen nahua, opté por la nota al pie de página, para mayor facilidad y comprensión en la lectura. En el caso de las referencias de carácter histórico, dado que algunas son un poco extensas, decidí incluirlas como notas aclaratorias, que junto a las fuentes bibliográficas consultadas y un par de mapas, se encuentran al final de la obra. De estos últimos, uno es de la Centroamérica colonial y el otro detalla los sitios del escenario entre lagos de la trama.

Es importante señalar que en el texto original, el soporte lingüístico que me aventuré a utilizar fue una aproximación al castellano de la época, sobre todo en el trato personal y las conjugaciones verbales. En principio, contemplé descartar esto, con el fin de evitar cualquier tipo de inconsistencia sobre este tema y evitar que resultara una lectura pesada. Pensé entonces en recrear la totalidad de mi historia con nuestro moderno español. Pero al final decidí conservar la idea original, para imprimirle mayor realismo a la trama, sobre todo porque incluyo precisamente algún vocabulario indígena.

Cabe reiterar que se trata de eso, de una aproximación al castellano de la época colonial, y no de un reflejo exacto de como se hablaba realmente por entonces. Es evidente que nuestro idioma ha evolucionado mucho en su gramática, ortografía y vocabulario desde esos remotos años, y eso lo podemos notar al leer los textos de los cronistas de Indias, así como registros originales de cartas y testimonios judiciales, entre otros. Pero además, no olvidemos la particular evolución de la lengua de acuerdo a las diversas regiones geográficas de la vastísima Hispanoamérica. Así pues, en la novela estarán presentes el vos, vuestra merced y el . Para comprender los detalles de las diversas formas tratamiento utilizado, es muy importante remitirse a las aclaraciones que hago de cada situación, incluidas también entre las notas aclaratorias al final de la obra. Reitero, es fundamental no dejar de hacerlo, con el fin de evitar confusiones y comprender el por qué de cada tratamiento.

De hecho, era necesaria la pertinente y detallada revisión hecha a la obra. Pero lo importante, es que conservé intacta y sin alteración la esencia de la trama que surgiera de la cabeza de aquel adolescente de catorce años, misma que plasmara con su puño y letra en un viejo cuaderno, cuyas hojas con el paso del tiempo se tornaran amarillas, sobreviviendo mudanzas y hasta al famoso huracán Mitch, cuando vivía y trabajaba en el occidente del país. Algo escrito en tiempos idos que ni en mi más remota y atrevida imaginación, hubiera soñado que un día, con cuatros ojos, menos pelos en la cabeza y con muchos años encima, convertiría en una novela que escribiría en un dispositivo con teclado y pantalla, propio de la era del conocimiento y la informática, pero también del caos y el desconcierto global.

El autor



[1] (Vocabulario mangue extraído de dos obras: Diccionario Español–Chorotega, Chorotega–Español, de Quirós Rodríguez, Santiago, y El Modo Social de Producción en la Nicaragua Precolombina, de Ávila, Rafael) Véase Fuentes bibliográficas consultadas.


Jorge Gamero Paguaga nació en Nueva Segovia, Nicaragua, el 9 de abril de 1968. Estudió  Sociología en la Universidad Centroamericana (UCA), y cuenta con estudios de posgrado cursados en Guatemala y la Argentina sobre la especialidad en la que se interesa como profesional: la integración regional, siendo un convencido de la necesidad de la integración de América Latina, especialmente de la región centroamericana.

Ha publicado la novela “Morbum Mortalem” y la compilación de cuentos “En el puente de la mujer y otros relatos”, teniendo en su haber aún algunas obras inéditas. Esta vez nos presenta “Entre lagos y dioses”, obra cuyos orígenes se remontan al relato “El dios del lago”, surgido de la mente y pluma de quien fuera apenas un adolescente, en tiempos de guerra, entre apagones y el ruido de las bombas. Más de tres décadas después, el autor adulto de hoy, encontró aquel relato escrito en un viejo cuaderno de páginas ahora amarillentas, lo suficientemente interesante para convertirlo en novela, conservando intacta y sin alteración la esencia de la trama, fruto de la imaginación de aquel muchacho que apenas incursionaba en la escritura y en la vida.

Portada: “Nambue y el nansome” (acuarela, de Jorge Gamero Paguaga, 2017)

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