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Mostrando las entradas de abril, 2015

Encuentro con el Sisimique

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Por Mauricio Valdez

Este cuento está basado en hechos reales, vivencias con mis hermanos cuando éramos adolecentes. El Sisimike o Sisimico, según creencia de la zona Caribe de Nicaragua es un "Hombre Mono", quizás una versión del famoso pie grande.
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La quebrada no quedaba muy lejos, solo había que cruzar un potrero, llegar a un cominito pedregoso y seguir caminando hasta llegar a otro potrero y a la lejanía se veía un gran árbol de genísaro bajo el cual yacía una pequeña casa con algunas tablas desencajadas y tejas que se le caían, luego estaba una bajada que daba a unas piedras entre las cuales fluía el agua sonora y limpia del riachuelo que llamábamos la quebrada. La casita estaba abandonada, nadie se atrevía a volver a habitarla, ni la remendaban, ni se llevaban nada de ahí, ella sola se iba consumiendo, iba desapareciendo con el paso del tiempo. Los que pasábamos por ahí, lo hacíamos de prisa, evitando pasar de noche por temor a que nos sucediera lo que les sucedió …

METEMPSICOSIS EN OTOÑO - Eunice Shade

"Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre",
Roque Dalton. Mis dedos están obligados a tocar claves para que Isis suene en tu cabeza. Tengo que tocar la partitura de nuestro reencuentro. El primer ensayo se escuchó así: Vengan a rescatarme, hace frío y mis labios se agrietan y balbucean unas palabras de acabo de llegar, necesito una brújula en Santiago, y ahí estaban, examinando la contextura y el barro de mis gestos. Siento hambre. Echo de menos el frijol de montaña cuando olisqueo el extraño puré de algo. Vaya, no sabía que Suramérica era tan extravagante. Y se me ocurre un verso a lo pobre y apunto: No dejes que tus labios hallen mis once letras. Me lo guardo bajo la lengua mientras contemplo con miedo las preferencias de los extranjeros a mi mundo. Después de todo qué eran once letras para Santiago... respiro profundo y asumo el absurdo libreto de mi generación. Diluyo mis ansiedades en el metro y ¡Qué panorama, guevón! ¡Lindo se mueven los chilenos por el metro! Pe…

PIEDRAS - Yahoska Tijerino

En los últimos días de abril, un poco antes de regresar a Nicaragua, recibí una tarjeta que decía: Te esperamos el 17 a las 5 de la tarde. Atentamente, Consejo de Análisis de la Poesía. —¡Qué invitación más extraña!— Pensé, mientras la colocaba con rapidez en mi archivo de correspondencia. El 10 de mayo, ya en Nicaragua recibí otra nota: Sólo queremos recordarte que te esperamos el 17 a las 5 en punto. Atentamente, Consejo de Análisis de la Poesía. Nuevamente me llamó la atención lo impreciso del mensaje, igual al primero estaba incompleto: ¿Quiénes integraban el Consejo de Análisis de la Poesía? ¿Para qué querían encontrarse conmigo? ¿Por qué me citaban sin especificar el lugar de encuentro? Empecé a averiguar entre todas las agrupaciones de poetas si había alguna con aquel nombre. Mi investigación parecía en vano hasta que el sábado 16 por la noche conseguí una página en Internet y un número telefónico. La voz comercial y fría —en ese caso femenina— que caracteriza máquinas contestadoras de …

LA TAPITA DEL LAGARTO - Bertilda Páez

Este Chepito Corona era todo un aventurero. Contaba que antes, cuando los tiburones, peces sierras y sábalos llegaban casi hasta la orilla del Lago y los lagartos se asoleaban en la arena de la playa, era muy peligroso bañarse ahí por los lavanderos o debajo del muelle de palo y tablones. Pero que la necesidad de pescar para comer y vender, obligaba a los pescadores a arriesgarse y a veces se enfrentaban o se corrían de los tiburones o de los lagartos, en la arena. Era común oír la gritería o el llanto cuando aparecía un tiburcio o un trompudo, así llamaban a estos animales y peces sierra. Muchas lavanderas y niños perecieron en las fauces de los tiburcios y lagartos. En esa época, el transporte a la isla era más espaciado, llegaba lancha cada 15 días o a las tres semanas, y ese día era como una feria, ir y venir, subir y bajar. En esa laucha venían pasajeros, sacos, canastas con verduras, barriles, gaseosas, cajas de provisiones, kerosene y hasta guarón. También viajaban animales domés…

LAS VISITANTES - Mildred Largaespada

Un día tan soleado, con canto de pájaros a lo lejos y jardines adornados con flores coquetas no es el mejor escenario para un funeral, Los dolientes que aquella tarde enterraban a su ser querido habrían preferido una tarde opaca, con amenaza de lluvia y cielo encapotado para que la vida reflejara el estado de sus almas. En cambio la naturaleza parecía estar de fiesta 'y la claridad del día semejaba una burla a la despedida del muerto. El ambiente no evitó que el dolor se le calase en los huesos a Susana quien cumplió con el rito del entierro a punto del desmayo. La soledad empezaba a invadirla en la medida que las paladas de tierra caían sobre la loza que sepultaba al féretro. Los condolientes empezaron a despedirse y ella, sola corno estaba, se quedó hasta que el último grumo de cemento quedó colocado. Experimentó la sensación de abandono y desconsuelo que acompaña a los vivos que despiden a un muerto. Esa soledad sola solitaria se le pegaba al cuerpo como vestido mojado. Se acomo…

POLVO DE ÁNGEL - Cynara Michelle Medina

Para Álvaro Joaquin, parte de mis recuerdos. Él era invisible. Se llamaba Joaquín, aunque pudo llamarse de cualquier otra manera. El nombre hace a la persona. En aquel país, los Joaquines habían dado mucho de qué hablar. Estaba Joaquín el poeta, Joaquín el estratega militar, Joaquín el presidente, Joaquín el mártir. En resumen, era un buen nombre para un ciudadano. Sin embargo, Joaquín tenía alas y plumas, y era invisible. O al menos, eso parecía. La mayor parte del tiempo, Joaquín dudaba de su invisibilidad. Ella era la responsable, con esa forma extraña de mirar. Lo tenía confinado al rincón más oscuro del cuarto, deseando tener una mesa que lo ocultara mejor. Cuando ella estaba agobiada, sus ojos lo buscaban más, como queriendo preguntarle algo que él, aun deseándolo, no podía contestarle. Desde el triste episodio con la francesa quemada en la hoguera, todos los seres corno Joaquín habían decidido ser más cuidadosos. Desde que el psicoanálisis, por fin, había bautizado la psicosis y la p…